Amancio Ortega siempre ha demostrado que se considera muy gallego. Es por eso que siempre tuvo la idea de que quería hacer historia desde esta zona del norte de nuestro país. Y es que Amancio vivió, durante su infancia, tanto en León como en el País Vasco, dos lugares que fueron forjando su personalidad. Por su parte, siempre estuvo muy influenciado por las raíces de su progenitora, quien nació en un pueblo de Valladolid, Valoria la Buena, que le dio nombre a su espectacular yate con el que surca las cosas de nuestro país.
Su madre, Josefa Gaona, nació y se crió en esta localidad vallisoletana en el seno de una familia modesta. Dedicada al trabajo doméstico y a las labores del hogar, su figura fue fundamental en la infancia del fundador de Inditex. Fue ella quien inculcó en la familia valores de esfuerzo, ahorro y superación en los difíciles años de la posguerra. La mudanza familiar a León —donde nació Amancio— y posteriormente a Galicia estuvo motivada por los traslados laborales de su marido, Antonio Ortega, que era empleado de ferrocarriles.
Así es Valoria la Buena, el pueblo de la madre de Amancio Ortega
Amancio Ortega junto a su mujer. | EP
Pese a haber desarrollado su vida e imperio empresarial en Galicia, Amancio Ortega siempre ha mantenido una fuerte conexión emocional y un continuo agradecimiento hacia el pueblo natal de su madre. A lo largo de los años, el empresario ha realizado diversas aportaciones económicas al municipio; apoyó la creación del Centro Cultural del pueblo, bautizado en honor a su madre como Centro Cultural Josefa Gaona. En agradecimiento a su constante compromiso con la localidad, el Ayuntamiento de Valoria la Buena nombró a Amancio Ortega hijo adoptivo del municipio y dedicó una calle a su nombre.
La devoción por el origen de su madre es tal que el empresario nombró a sus embarcaciones de recreo privadas con el nombre de Valoria y Valoria B. Valoria la Buena es un municipio vallisoletano situado a unos 27 kilómetros al noreste de la capital, en la comarca de la Campiña del Pisuerga y en el límite con la provincia de Palencia. Es una villa que destaca por su riqueza patrimonial, su estrecha vinculación con la cultura del vino y algunas tradiciones festivas muy singulares.
Una pequeña localidad en Valladolid con más de 700 habitantes
A pesar de ser una localidad pequeña, alberga obras arquitectónicas de gran valor histórico. La Iglesia de San Pedro Apóstol fue declarada Bien de Interés Cultural, y es su mayor joya neoclásica del siglo XVIII. Diseñada por el arquitecto Manuel Reguera, presenta una llamativa y poco habitual planta hexagonal coronada por una gran cúpula de más de 20 metros de altura. En el centro urbano —muy cerca del Ayuntamiento— se conservan palacios señoriales en piedra tallada con blasones de los antiguos Vizcondes de Valoria. Uno de ellos, levantado sobre una antigua fortaleza templaria y de Calatrava, alberga actualmente una posada y proyecto enoturístico. Ubicado en el antiguo cuartel de la Guardia Civil, el Museo del Cántaro expone una vasta colección de alfarería tradicional española dedicada a las jarras y cántaros de agua de distintas regiones.
Valoria la Buena se encuentra plenamente integrada en la Ruta del Vino de Cigales. En el barrio de Las Bodegas. situado en las afueras del casco urbano, se conserva un conjunto de bodegas tradicionales subterráneas excavadas en la tierra que atestiguan siglos de elaboración de vino y rosados característicos de la zona. Hoy en día combina bodegas centenarias con proyectos modernos de viticultura ecológica y gastronomía centrada en productos locales como el lechazo asado. De esta manera, su paisaje combina la campiña del Pisuerga con los suaves páramos calcáreos del Cerrato. Destacan sus rutas de senderismo y cicloturismo, que recorren elementos etnológicos únicos como los chozos de pastor —con construcciones circulares de piedra usadas en la trashumancia— y miradores hacia los valles del Pisuerga y Esgueva.
El Valoria, el yate del empresario. | Gtres
Además de sus fiestas patronales, el municipio es famoso por celebrar la Nochevieja en Verano el primer sábado de agosto. Esta tradición nació a raíz de un apagón eléctrico generalizado la Nochevieja del 31 de diciembre de 1995 que impidió a los vecinos comerse las uvas al ritmo de las campanadas, por lo que decidieron repetirla en pleno verano, convirtiéndose en una fiesta que atrae a miles de visitantes cada año. Hoy en día, Valoria cuenta con algo más de 700 habitantes. Como decíamos, Amancio tiene tanto cariño a esta tierra que decidió bautizar así a su espectacular yate.
El primer Valoria fue la primera gran embarcación del empresario. Con el paso de los años y el crecimiento de la familia, Amancio Ortega decidió sustituirlo por una versión de mayor eslora y tecnología adaptada a sus necesidades. Por su parte, Valoria B fue botado en 2018 por el prestigioso astillero neerlandés Feadship —uno de los más reputados del mundo en construcciones a medida—, reemplazó al modelo original manteniendo exactamente el mismo espíritu y denominación. Tiene una eslora (longitud) de 47 metros y una manga (anchura) de casi 9 metros. No entra en la categoría de los megayates de más de 100 metros —como los de otros grandes patrimonios mundiales—, lo que responde a la preferencia del empresario por mantener la discreción y poder atracar en puertos deportivos tradicionales.
La localidad de Valoria la Buena. | Red Nacional de Pueblos Acogedores
Diseñado exteriormente por el estudio De Voogt Naval Architects, presenta líneas elegantes, clásicas y un casco de acero con superestructura de aluminio teñido de color blanco pulcro. Tiene una capacidad para diez invitados, repartidos en 5 camarotes de gran confort. Además, los salones están decorados con un estilo mediterráneo neutro, maderas claras, tonos crema y grandes ventanales para aprovechar la luz natural. A diferencia de los yates de lujo que suelen verse atracados en Mónaco, Ibiza o Saint-Tropez, el Valoria B tiene su base habitual en Galicia —con amarre de referencia en el puerto de Sangenjo—.
Amancio Ortega lo utiliza principalmente durante los fines de semana de verano y vacaciones familiares para navegar por la ría de Aldán, las islas Cíes y la costa atlántica gallega, primando la tranquilidad, el descanso al aire libre y la privacidad lejos de los focos mediáticos.