Viste una camiseta de David Bowie y entre sorbo y sorbo del descafeinado doble reconoce estar sobrepasado por una mudanza que le hará regresar a … su barrio de toda la vida, a sus orígenes. El fotógrafo y artista visual Pepe Gómez, conocido como ‘Lazarus’, volverá a encender de vida y recuerdos la casa donde se apagó la luz tras fallecer su madre. Veinte años después vuelve a La Paz.
–Su primer libro de fotografías se llama ‘Cinco lobitos’. ¿Recuerda haberle cantado la canción a su hija?
–Esa es buena. Creo que no. Se lo cantaba mi suegro, pero en inglés, porque era danés, y sí le cantaba ‘Five Little Fingers’; de eso sí me acuerdo.
–¿De dónde viene el nombre del libro?
–Creo que hay que tratar al espectador como un adulto. No se me ocurrió bajo ningún concepto ponerle ‘La Semana Santa de Málaga a través de las manos, en fotografías en blanco y negro’. Me apetecía mucho que cuando la gente se enfrentara a la portada dijera: «¿esto de ‘Cinco Lobitos’ qué es?».
–Ha dicho varias veces que no le gusta que le cataloguen como fotógrafo cofrade. ¿Cómo se definiría?
–Pues como alguien que intenta divertirse haciendo lo que hace. Es que yo ni me catalogo como artista, ni, no sé, fotógrafo. Se puede ser fotógrafo de muchas cosas, pero fotógrafo cofrade a mí me pega más en gente que hace fotografías de culto, de estampitas y esas cosas. Yo en Semana Santa salgo a la calle, como puedo salir en verano o invierno, a hacer fotos de lo que hay, de lo que pasa.
–¿Cree en Dios?
–Creo en mi forma, no soy muy creyente, o sea, ser creyente o no ser creyente es una estupidez. Creo a mi forma, creo que algo debe de haber, lo que pasa es que hay cosas de la Iglesia que en el siglo XXI no me convencen.
–¿Reza o pide?
–Llevo un año y pico pidiéndole a mi madre, sobre todo. Desde que falleció estoy en constante conversación con ella. Es algo que me ha pasado con la edad y que no me hubiera esperado en la vida. Lo escuchaba de otros y no lo tomaba en serio. No puedo evitar decirle: «Mami, hay que ver que esto, que lo otro…» Y así estoy todo el día.
–¿Fe o tradición?
–Tradición. El libro y toda mi obra trata de enseñar cómo la sociedad malagueña, en este caso, se relaciona con una tradición centenaria, por decirlo de alguna forma, pero a su modo. Cómo nos relacionamos en el sur de Europa con las cosas, saliendo a la calle, con los amigos…
–¿Qué opina de la gente que copia su estilo?
–Bueno, al principio me lo tomaba regular, pero luego aprendí que si lo que hago ha servido para que otros, de alguna forma, pierdan el miedo a publicar lo que llevan dentro, me parece bien.
–Inteligencia artificial en la fotografía: ¿sí o no?
–Esa es una pregunta que… A ver, el Photoshop lleva años funcionando. No es inteligencia artificial, pero de alguna manera es un intermediario entre el artista y la obra, que algunas veces funciona de manera independiente. Entonces eso, digamos, lo hemos permitido, porque al otro lado de la cadena estaba el artista, pero es que ahora estamos dejando que la inteligencia artificial haga cosas sola. Es verdad que también está el prompt, que es un poco la guía que le tiene que dar el artista, pero ¿estamos decididos a que el arte sea a partir de ahora el prompt de un artista? ¿Sin que se haga nada?
«Ideológicamente nunca le haría una foto a Donald Trump»
–A la hora de tomar fotos en la calle, ¿es mejor pedir perdón o permiso?
–Perdón. Cuando pides permiso ya no tienes la foto. Permiso a posteriori, mejor. O sea, tú haces la foto y si ves que se han dado cuenta le dices para qué la hiciste. Pero como les digas «¿oye te puedo hacer una foto?», ya no la tienes.
–¿Sigue trabajando y editando con música?
–Sí. Tengo altavoz en la terraza, en el salón… y para mí es indispensable. Apago la tele, pongo música en toda la casa y estoy trabajando, editando. Para mí es maravilloso.
–¿Qué canción está escuchando últimamente?
–Últimamente estoy escuchando mucho la Electric Light Orchestra, un grupo de los 70 que hacía como rock sinfónico que está muy guay.
–¿Hay alguna canción que le recuerde al verano?
–Sí, hay canciones que me recuerden al verano y a las ferias… sobre todo ‘El tiburón’ jajaja.
–¿Se considera feriante?
–No, no mucho. Cada época tiene su cosa y cada cosa tiene su edad. He sido feriante cuando había que ser feriante, cuando había que buscarse la vida para ligar.
–¿A quién le gustaría fotografiar?
–Los que me gustaría están todos muertos pero a Bowie me hubiera encantado. Me hubiera puesto en su portal a esperarlo horas y horas para pillarlo, para tener una foto mía de él.
–¿Y a quién no le haría una foto nunca?
–A Donald Trump.
–¿Y si le ofrecen un millón de euros?
–Jajaja, a nivel ideológico nunca se la haría pero si alguien me dice: «Necesito una foto tuya del flequillo de Donald Trump por un millón de euros y te vamos a llevar allí, le haces la foto y te vienes»… se la haría porque hay que pagar las facturas.
–Todos los fotógrafos hemos visto una escena que nos hubiera encantado retratar pero no teníamos la cámara encima, ¿le ha pasado?
–Todos los días veo fotos que digo: «Te pasa porque no vas con la cámara, gilipollas». Hoy mismo, cuando te estaba esperando al lado del Druni digo: «Está para quedarse aquí y hacerle una foto a todo lo que pase porque está el sol propio».
–¿Siempre lleva la cámara, incluso en vacaciones?
–Sí, me gusta llevarme la cámara.
–¿Cómo resumiría el verano de su infancia en una foto?
–La foto del verano de mi infancia es jugando en la plaza de La Paz al fútbol con mis amigos. Antes no había árboles y mi madre podía verme desde la ventana y llamarme para comer, cenar…
«Ser creyente o no serlo es una estupidez… Yo creo a mi forma»
–¿Campero o espetos?
–Campero con sustancia, con chorreo.
–¿Cuál es su helado favorito?
–El de turrón.
–Si Pepe Gómez pudiese volver a un verano, ¿cuál sería?
–Pues creo que a cualquiera desde que nací hasta los 27 u 28 años que ya te haces mayor, empiezas con otros proyectos de vida… esos veranos en los que solo se televisaba un partido de fútbol de La Liga en el Canal Plus, nos veíamos en casa de algún amigo y nos poníamos a comer ganchitos, nos íbamos a una hamburguesería… aquellos recuerdos los tengo muy vivos y me lo pasaba muy bien. A lo mejor dentro de 15 años el mejor verano será en el que llegué a La Paz con mi niña y que íbamos a la playa andando.
–¿Una noche de verano perfecta?
–Al fresquito, sin terral, en cualquier sitio de Málaga.
–Si solo pudiera hacer una última foto, ¿a quién o a qué se la haría?
–A mi hija.