La inesperada situación de fragilidad en la que ha quedado el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, tras el rechazo mayoritario que recibió su plan de vender a inversores privados parte de los derechos comerciales de los Mundiales masculinos y femeninos, llevó este miércoles al dirigente suizo a celebrar un gabinete de crisis con altos cargos del organismo en las afueras de Rabat, la capital de Marruecos, para tratar de fortalecer su posición y buscar una salida al torbellino de críticas que desató la propuesta. La organización que rige el fútbol mundial no emitió ningún comunicado para informar del contenido de la primera reunión relevante convocada por el noveno presidente de la historia de la FIFA después de que las negativas de la UEFA, la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) lo obligaran a retirar la semana pasada su proyecto de constituir una sociedad llamada FIFA Forward Enterprise (FFE) para explotar comercialmente las Copas del Mundo. La oposición al plan se centró en que la filial, valorada en unos 20.000 millones de dólares, cedería el 20% de su capital a fondos de inversión privados a cambio de unos 4.200 millones y a que entre los inversores potenciales figuraba Thrive Capital, fundada por Josh Kushner, cuyo hermano Jared es el yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Infantino ha comenzado a maniobrar para mejorar su imagen y recabar los apoyos necesarios para una última reelección que hasta hace poco tenía más que asegurada tras el mayor Mundial de la historia, celebrado en EE UU, México y Canadá entre el 11 de junio y el 19 de julio. El dirigente nacido en 1970 en la localidad suiza de Brig-Glis cuenta con presentarse el próximo 18 de marzo en Rabat al 77º Congreso de la FIFA, lo que extendería su mandato desde 2016 —cuando accedió al cargo tras la tormenta por una supuesta corrupción nunca demostrada en los tribunales que terminó con Joseph Blatter— hasta 2031. EL PAÍS ha preguntado a la FIFA sobre el transcurso de la reunión de este miércoles a las afueras de Rabat, pero el organismo no ha dado más detalles.

La elección de Marruecos, uno de los coorganizadores del Mundial 2030 junto con España y Portugal, para celebrar el gabinete de crisis después de la indisimulada cercanía entre Infantino y el rey Mohamed VI en plenas discusiones sobre la sede de la final de la próxima Copa del Mundo no ha hecho otra cosa más que ahondar en la posición de cautela que mantiene la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) sobre la situación del mandamás del fútbol. Al contrario que Inglaterra, Finlandia, Suecia o Serbia, que han mostrado su oposición a la continuidad del suizo, la institución dirigida por Rafael Louzán ha evitado de momento pronunciarse.

Algunos altos cargos de la RFEF no veían con malos ojos estudiar la propuesta de Infantino, pero la oposición mayoritaria de las 55 federaciones europeas y la lucha de poder entre el suizo y el máximo dirigente continental, Aleksander Ceferin, llevaron a la UEFA a finales de julio a anunciar un boicot a la FIFA al decidir que sus equipos y selecciones no participarían en las competiciones de esta si no se retiraba el proyecto.

El choque entre las dos federaciones dejó a la RFEF en una coyuntura incómoda. La institución que ahora mismo ostenta los títulos de campeones y campeonas del mundo —coronados ellos el pasado julio en Nueva York y ellas en agosto de 2023 en Sídney— es una de las que no ha dicho una sola palabra pública sobre Infantino. La mayor incógnita sobre el Mundial 2030 es dónde se celebrará la final. The Times, el medio inglés que hace una semana desveló el plan de ceder participaciones privadas en las Copas del Mundo a cambio de multiplicar los beneficios para las 211 federaciones miembro, publicó hoy que el dirigente suizo ha ofrecido a Marruecos y a la Confederación Africana de Fútbol (CAF) que la final se celebre en Rabat a cambio del apoyo de las 54 federaciones del continente, pero fuentes de la FIFA han negado de forma rotunda a EL PAÍS que esto haya ocurrido. La CAF, de hecho, es una de las confederaciones que ya apoyan al suizo. Más tarde, un portavoz del organismo incluso ha emitido un comunicado: “Es falso y engañoso afirmar que el presidente de la FIFA ha hecho alguna promesa en relación con la organización de la final de la Copa Mundial 2030. La FIFA tomará una decisión a su debido tiempo”.

El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, aseguró el pasado enero que la final del Mundial 2030 se disputará en España y que el Santiago Bernabéu es la opción favorita, aunque el organismo que rige el fútbol mundial no lo ha confirmado. El dirigente gallego, en cambio, está viendo cómo Marruecos trata de acercarse a Infantino mientras el país magrebí impulsa el proyecto de reforma del estadio Hassan II de Casablanca, con capacidad para 115.000 espectadores, de la mano del estudio que también realizó la última renovación de Wembley.

Además de la final, la FIFA todavía tiene que decidir si otorga 11 sedes a España, seis a Marruecos y tres a Portugal, tal y como propuso la candidatura conjunta, o realiza algún cambio en el reparto.

Los detractores de Infantino, además de proponer un candidato opositor para el congreso de marzo, pueden forzar una cita extraordinaria si logran el apoyo de al menos 43 federaciones de las 211 adscritas a la FIFA. Solo las vinculadas a la UEFA (55) son suficientes para hacerlo mientras surgen nombres como el del canadiense Victor Montagliani, el primer presidente no caribeño de la Concacaf, o el de Lise Klaveness, la presidenta de la federación noruega, como alternativas. Además de la española, en la UEFA había otras federaciones, como la italiana o la francesa, en donde había altos cargos dispuestos a estudiar el plan de Infantino.

La otra opción para celebrar un congreso extraordinario en el que tumbar al suizo pasa porque lo soliciten la mitad de los 37 integrantes del Consejo de la FIFA integrado por el propio presidente, sus ocho vicepresidentes y 28 representantes de las seis confederaciones. La oposición a Infantino toma brío —las cinco grandes ligas europeas emitieron hoy un comunicado para rechazar la propuesta de ampliar el Mundial a 64 equipos— mientras el suizo, que salió esta tarde sin hacer declaraciones de la reunión en Rabat, ultima su estrategia para mantenerse en el cargo un último mandato tras las críticas internas que también sufrió estos últimos días.