Reza el viejo refrán que de casta le viene al galgo, aunque el arte acostumbra a desmentir que el talento se transmita como si fuese un título hereditario. La genética es, si acaso, una oportunidad, y el apellido despierta expectación. Poco más. Solo el trabajo disipa la sospecha de privilegio. Es el camino que ha elegido Nicolás Martos, el nieto mayor de Raphael y Natalia Figueroa, que este verano comienza a conquistar ese lugar propio dentro de una de las grandes dinastías culturales españolas que le hará merecedor del legado recibido. Nicolás ni siquiera ha escogido el escenario que convirtió a su abuelo en leyenda ni la primera línea de las cámaras donde brilla su madre, Toni Acosta. Se ha situado detrás del objetivo –sin duda una apuesta más paciente– como parte del equipo de «Chiquito el Grande», la miniserie de RTVE dedicada a la vida de Chiquito de la Calzada. Con este proyecto simboliza el relevo generacional en una de las sagas artísticas más queridas del país.
RTVE prepara ‘Chiquito el Grande’, la miniserie sobre la vida de Chiquito de la Calzada RTVE
La imagen junto a su padre, Jacobo Martos, director de la serie, condensa medio siglo de historia del espectáculo español. El hijo del cantante que revolucionó la canción melódica dirige una ficción sobre el humorista que transformó el lenguaje popular, mientras el nieto comienza a curtirse en el oficio desde la posición más discreta, integrándose en el equipo de realización. Es la diferencia entre Nicolás y buena parte de los llamados nepobabies que usan el apellido como plataforma de lanzamiento. Él lo toma como un patrimonio que exige prudencia. Su formación en Cinematografía y Producción en la ESCAC, una de las escuelas audiovisuales de mayor prestigio de España, apunta a una vocación trabajada lejos de la fama. Antes de este salto profesional ya había dirigido un cortometraje. Exploró también la pintura, cultivó la escritura e incluso impartió clases de filosofía a estudiantes de Bachillerato. Un itinerario creativo poco frecuente para sus veintidós años.
Tampoco lo es su árbol genealógico. Raphael aporta la manera artesanal de entender el oficio; Natalia, la mirada periodística, la elegancia intelectual y una presencia siempre medida. Jacobo ha desarrollado una sólida carrera en la dirección y la producción televisiva y Toni puede presumir de una de las trayectorias interpretativas más versátiles de su generación. La creación es para Nicolás su forma natural de vivir. Y mientras él participa en la producción de «Chiquito el Grande», su padre también trabaja en «Aquel», la ambiciosa serie de Netflix dedicada a la vida de Raphael. Son dos producciones distintas que confluyen en un mismo hilo familiar. Es pronto para saber hasta dónde llegará su carrera, pero las mimbres están, sobre todo si recoge el respeto por el oficio y la cultura del trabajo del abuelo. Será interesante comprobar en qué dirección decide caminar ahora que las luces empiezan a apuntar también hacia él.