Madrid

Este verano está haciendo mucho calor en prácticamente todo el país. Desde que la primavera diera paso al periodo estival, hemos sido testigos de hasta cuatro olas de calor. Y todo apunta a que no serán las últimas. Está haciendo calor incluso en zonas donde históricamente no suelen registrar temperaturas tan elevadas como es el caso de Cerdanyola del Vallès (Barcelona), donde se llegaron a registrar hasta 51 grados de sensación térmica hace apenas unas semanas. Unas olas de calor que también están contribuyendo negativamente al recalentamiento del mar Mediterráneo, con todo lo que ello conlleva.

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Un tema sobre el que hemos hablado en el último programa del Si amanece nos vamos, donde la meteoróloga Núria Seró nos ha explicado que se están registrando temperaturas de récord en las aguas del Mediterráneo: «En la boya de Sa Dragonera, justo en el oeste de Mallorca, se superaron los 33 grados por décimas. Estamos hablando de cuatro grados por encima de lo que tocaría en estas fechas. De hecho, la temperatura del agua del mar más alta del año suele registrarse a finales de verano, por lo que podría ser incluso más alta a lo largo del mes». Y sí, es un problema.

La costa mediterránea se achicharra

En declaraciones a la Cadena SER, la meteoróloga nos recuerda que un mar caliente implica menos brisa y que las temperaturas no terminen de bajar por las noches: «La importancia del mar es muy elevada. No somos conscientes porque a veces no lo vemos o no tenemos la suerte de vivir cerca del mar, pero es muy importante en toda la configuración atmosférica y toda la energía. De hecho, un informe muy reciente del CSIC confirma que el calentamiento global y las olas de calor hacen que la brisa se vaya debilitando. Según recoge este estudio, que se apoya en datos recopilados entre 1981 y 2021, la brisa se ha debilitado un 17% desde los años 80».

Un fenómeno que afecta tanto a la costa mediterránea española como a las islas Baleares. De esta manera, cada vez que un anticiclón se posa sobre esta región, se produce como una tapa que hace que la masa de aire no se mueva y que tengamos un tiempo mucho más estable, seco y que no lleguen precipitaciones: «Cuando hay una ola de calor, esa brisa se debilita rápidamente y la temperatura no baja durante la noche. Pasa lo mismo con la entrada de aire tropical del Sahara, que es cuando hablamos de polvo sahariano. Llega esa masa de aire sahariana y hace también que la masa sea muy seca y estable, por lo que las temperaturas siguen subiendo».

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Cómo afecta a nuestra salud

Y esta pérdida de brisa tiene un impacto directo sobre nuestra salud, tal y como explica la meteoróloga: «Afecta a nuestro organismo porque, si la humedad es muy elevada, es mucho más difícil autorregularnos porque no tenemos esa temperatura del aire que va bajando. Entonces tenemos que vivir con ese bochorno y cuesta muchísimo. Por otro lado, también está el tema de los contaminantes. Como la brisa no corre, estos contaminantes no se desplazan con tanta facilidad, se quedan más entre nosotros y la calidad del aire va empeorando».

Ni la menor idea

Ni la menor idea

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Y a todo esto hay que sumarle que el agua del Mediterráneo está cada vez más caliente y que la gente que va a la playa no puede refrescarse como le gustaría: «Una temperatura de 33 grados es exageradamente alta. En julio ya estaba por encima de los 30 grados en Valencia y esto cada vez llega antes».