La playa de Sopela guarda secretos, y esta actividad guiada se encarga de desvelarlos, misterios como la extinción de los dinosaurios o estratos que cuentan … las edades del mundo. Va a la ‘caza’ de fósiles, respetando el entorno en el que profundiza, sin llevarse ninguno… ¡está prohibido! Empieza en la parte del Peñón y en la zona baja del arenal, dentro de Atxabiribil. «De todas las rutas que hago, la de Sopela es la que más me gusta, suele ser muy agradecida y la gente acaba muy contenta cuando se marcha. Lo primero que se encuentra es el diapiro y rocas subvolcánicas. Está compuesto por materiales bastante más antiguos que el resto del flysch, ese resto son rocas calizas y margas que se intercalan desde Getxo a Bakio. Pero Sopela contiene esa parte de piedras rojizas en material del Prías, arcillas y yesos del Triásico de unos 240 millones de años aproximadamente. El resto de la playa cuenta con materiales entre los 80 millones de años hasta los 65 millones más o menos. Mientras esas rocas ascendían, arrastraron consigo otras subvolcánicas», explica Aintzane Goffard, cicerone de la cita programada gracias a Geobizi.
No se trata de las únicas volcánicas, hay otras en la zona de Meñakoz, concretamente en la cresta que sobresale vestida por rocas negras. «Esas tienen 100 millones de años, provienen del momento en el que se estaba abriendo el Océano Atlántico. Es interesante porque en Euskadi no hay muchas. Tienen sensibilidad magnética, el imán se queda pegado, ahí aprovecho para explicar su composición es diferente y a los niños les suele gustar mucho andar con los imanes, además la arena tiene restos de la escoria de Altos Hornos, sirve para explicar algo más aparte del flysch, cómo todo lo que hacemos tiene repercusión en la geología», añade.

(Maite Aleman Alfaráz)
El paseo prosigue hacia las fallas y los pliegues que se ven en la pared. «Hoy en día vemos los sedimentos, los estratos están casi verticales, pero en su origen todo esto era horizontal, un fondo marino tropical al que iban cayendo los sedimentos del continente y donde se iban formando capas en función de la climatología de la época. Todo se ha deformado con la orogenia alpina, se hicieron pliegues y fallas. Hay una bastante llamativa que atraviesa la roca de arriba a abajo en la zona más o menos central, tiene además material rojizo intruido y es bastante bonita, visual, para explicar diferencias, que los bloques de la roca en los lados están desplazados, que los estratos no están orientados igual. Además, con marea baja puedes ir hacia el agua a verlo desde más lejos con toda la playa, es bastante bonito», asegura.
El meteorito
Justo antes se encuentra lo que comúnmente se conoce como Peñatxuri, «un trozo de roca sumergido en el agua, parte de uno de los pliegues, desde donde admirar otra perspectiva distinta, rodeada de charquitos de agua, con interés propio», afirma. Y poco después surgen los protagonistas de la historia que nos ha traído hasta el arenal, los fósiles. «Es lo que más suele gustar a las familias y, sobre todo, a los niños, y a mí personalmente porque soy muy de paleontología; hay bastantes del Cretáceo. Ves zoophycos en la pared, hay fósiles de erizos de mar, chondrites… También inocerámidos, bivalvos que pueden alcanzar hasta un metro de diámetro, bastante grandes y llamativos; algunos de ellos, como los amonites y los inocerámidos, vivieron en la misma época que los dinosaurios, extinguidos a la vez, cuando llegó el meteorito de Chicxulub», narra.

Peñatxuri.
(Alex Bastero Rivallo)
Ahí, Goffar aprovecha y especifica que amonites e inocerámidos se extinguieron, pero los zoophycos tuvieron más suerte. Y aprovecha, asimismo, para hablar de la existencia de otros fósiles más difíciles de interpretar, «alguna vez hemos encontrado diente de pez, restos de equinodermos variados, erizos de mar o escamitas no identificables o fósiles más pequeñitos, más difíciles de encontrar por su tamaño y porque la gente se los lleva, aunque está prohibido porque se trata de patrimonio natural. Algunos cuentan con marcas que permiten hacer una estimación de su edad, vemos las cámaras de los amonites… es interesante», confirma.
El grupo se mueve después hacia la zona donde se ubica el estrato con restos del impacto del meteorito hace 65 millones de años, el límite KPG con más iridio en comparación a otras rocas. «El iridio no es habitual en la Tierra y ahí hay una concentración alta, por eso se sabe lo del meteorito. Si se examinan las capas inferiores y superiores de ese estrato hay un cambio faunístico de microforaminíferos, fósiles muy chiquitines de animales que vivían en el mar en esa época, se ve esa extinción, los que aparecen a posteriori son más pequeños, menos numerosos», agrega.
Echar mano al microscopio
Si a pesar del recorrido completado aún queda tiempo, los participantes se acercan a la parte final de la playa, el lado contrario desde el que arrancaron hace ya un buen rato. «Hay unos fósiles que no se suelen enseñar nunca, de hecho, creo que yo soy la única que lo hace; un poco diferentes, con otra profundidad, de animales totalmente distintos, sobre todo huellas de artrópodos y erizos de mar en el fondo marino, indicadores también de zonas con mayor movimiento de corrientes a las que llegan diversos materiales porque la secuencia cambia un poquito, también la geología porque ha pasado la época de la extinción y las condiciones han variado, los estratos son más delgados, aparecen areniscas y hay otros fósiles que marcan mayor profundidad como el Paleodictyon, por ejemplo, bastante curioso pues tiene como un patrón hexagonal, se creía que estaba extinto, pero han descubierto que hay algún animal que hace ese mismo patrón hoy en día en el fondo marino, y alguno más de la fase Nereites», concreta.

Por supuesto, no todo son datos, hay mucha diversión. Para observar todo usan microscopios de campo con los que ver la composición de la arena. «Los granitos son de colores diferentes, aunque nosotros la veamos un tono marrón clarito, eso sorprende mucho a la gente. Contiene trozos de hierro, a veces incluso pequeñas esferas perfectas, gotitas de hierro que se formaban cuando trabajaban el mineral en Altos Hornos y restos de animales pequeñitos o incluso caparazones de foraminíferos, seres unicelulares que construyen su propio caparazón, los que vamos a encontrar son de carbonato de calcio, no es fácil, pero se puede si buscas bien».
Interesante el asunto, ¿verdad? Pues ya sabes, si eres de los que se quedan y dudas qué hacer este verano por aquí cerca, con esta excursión te convertirás en un aprendiz de paleontólogo. Premio a la originalidad.
Más información: WhatsApp 677170921 o www.geobizi.com

Otra opción: flysch de Bizkaia al microscopio
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Dónde. Playa de Gorrondatxe-Azkorri (Getxo).
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Cuándo. 13 agosto, 17:30 h.
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Precio. 15 euros.
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Sorpresa. Detalle para llevar a casa.
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Qué ofrece. Combina geología con medio ambiente y flora de la zona.
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El desarrollo. En los acantilados aprenderás qué plantas son autóctonas y cuáles no. «Hablamos sobre el plumero pampeano, aquí lo identifican y erradican rápido, no como la valeriana roja. Del tamariz que acepta sal en el agua. El brezal autóctono protegido…», asegura Aintzane. El grupo desciende hacia el arenal, donde llegan datos sobre el Clavo de Oro, distinción al estrato que mejor representa una época de la Tierra. «En Getxo define geológicamente el punto exacto a nivel planetario donde termina el piso Ypresiense y comienza el Luteciense dentro del Eoceno, hace unos 47,8 millones de años, interesante porque en Euskadi hay tres, dos en Zumaia y uno aquí. Es una de las pocas playas antropocenas que existen». Observan estratos del flysch distinto, su aspecto más «rasposo, con más arenisca». Hablan de fósiles como los Nummulites. La zona trasdunar con su propia flora. El sapito corredor, que cría de manera natural en charcas de agua. Rocas que parecen de cemento y en realidad se trata de escorias de la época de Altos Hornos, con restos de ladrillos refractarios, cristales, escorias, carbón… Y de la composición de la arena color negro, debido el hierro.
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Reservas: Geobizi. WhatsApp 677170921
www.geobizi.com
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(Joseba Gómez Tricio)
De noche… observar animales y fotos con efectos de luz
En la visita nocturna a Azkorri, La Naturgaua, disponible el 13 de agosto y el 4 de septiembre a las 22:00 horas por 15 euros, prima la aventura. «Suelo llevar un detector de murciélagos, recoge ultrasonidos y los pasa a un espectro audible para nosotros, aunque no es fácil encontrarlos», confirma la guía. También aparecen ratones de campo, ninfas de insectos… «Dependes de si los animales están por la labor de salir o no, de si ha llovido los días previos, la época del año… A veces se ven sapos corredores libres a sus anchas y se oye su canto, hay muchos caracoles. Dependiendo de cómo esté la marea, acerco al grupo al agua para buscar cangrejillos en la rasa mareal…, añade.
Niños normalmente mayores de 5 años y sus familias visten los frontales necesarios para superar la oscuridad. «Los críos lo pasan muy bien, incluso aunque solo vean un caracol, son súper agradecidos, porque con la aventura de salir de noche a ver qué encuentran ya van motivados».
Además, puntúan extra en la diversión lucecitas que cambian de color y sirven para sacar fotografías nocturnas con efectos de luz. «Queda muy bonito, las veces que no nos topamos con muchos animales les enseño cómo tomar esas imágenes con el móvil». También triunfan los microscopios de campo. «Llevo unos que son como lupitas pequeñas con luz negra y blanca, de bastantes aumentos, así que se pueden ver cosas muy chulas; y otros conectados al móvil por wifi para ver en la pantalla lo encontrado, a la gente le gusta un montón», asegura.