Tras más de cuatro años de lucha contra la invasión rusa, Ucrania se está quedando sin defensas. Las noches se han convertido en una lotería que reparte terror y muerte. El sábado, las baterías antiaéreas sólo neutralizaron dos de los 35 misiles lanzados por el Kremlin. El miércoles, ni eso: no lograron interceptar ninguno de los 28 proyectiles. Más de 25 personas murieron en esos dos ataques y ocho más este jueves en la última ofensiva. La situación es crítica cuando, además, el calendario se encamina hacia otro duro invierno. Por eso, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reclama a sus aliados occidentales que le suministren más baterías antimisiles Patriot. La OTAN trabaja ya para reforzar el casi vacío arsenal de Kiev, que necesita esas defensas «con urgencia», según alertó el secretario general de la Alianza, Mark Rutte. Pero su mensaje no parece calar.