«A mí no me gusta decir la palabra casualidad, prefiero coincidencia», afirma Carmelo Melero, físico, divulgador y profesor del colegio La Enseñanza, con la … cabeza inclinada hacia abajo tras ser operado de un inoportuno, siempre lo es, pero ahora más si cabe, desprendimiento de retina severo que sufrió a finales de julio y que le impediré ver directamente el eclipse del próximo 12 de agosto como «llevaba años esperando».

Ha hecho un alto en el camino mientras trabajaba en sus proyectos de divulgación porque «estamos de obras», confiesa con ironía en alusión a un percance reciente: «La vida ha sido muy caprichosa conmigo, después de tanto tiempo esperando al eclipse y tantas ilusiones puestas en ello, para que ahora no lo pueda ver directamente, porque he tenido un desprendimiento de retina severo y el 29 de julio me operaron, de modo que tengo que estar boca abajo mucho tiempo».

No se ha desalentado, porque «los eclipses se pueden disfrutar de manera indirecta, yo lo observaré por proyección, con una lupa que pueda concentrar la imagen del sol y proyectarla en un folio donde veré un gran círculo de luz que se irá tapando poco a poco. Pero lo sienten todos. Lo veas o no, nos vamos a quedar a oscuras, saldrán las estrellas y las temperaturas bajarán. Y siempre nos acordaremos de con quién vivimos este eclipse total, porque no viviremos otro, al menos en Valladolid».

Proyección del sol a través del cristal de una lupa, el método de observación indirecta que seguirá Carmelo Melero.

Proyección del sol a través del cristal de una lupa, el método de observación indirecta que seguirá Carmelo Melero.

(El Norte)

«Nosotros tenemos una coincidencia cósmica. Para que lo entienda todo el mundo: el tamaño de la luna es cuatrocientas veces menor que el tamaño del sol y la distancia de la Tierra a la luna es también cuatrocientas veces menor que la distancia de la Tierra al astro rey, lo cual hace que el tamaño aparente de la luna y el sol sea casi idéntico visto desde la Tierra, lo que nos permite que, en determinadas circunstancias, porque las órbitas no son coplanarias, la luna sea capaz de tapar el sol», explica Carmelo en referencia a un acontecimiento «único e irrepetible en Valladolid».

Describe con precisión lo que sucederá la tarde del día 12: «En un eclipse total de sol lo que realmente vemos es la luna ocultando el disco solar. Ocurre porque esta se encuentra próxima al perigeo, el punto de su órbita elíptica más cercano a la tierra, por lo que su diámetro aparente es mayor que el del sol. Si estuviese en un punto de su órbita más alejado de la Tierra, no llegaría a cubrirlo por completo y se produciría un eclipse anular, en el que el sol sobresale alrededor del perímetro de la luna y se ve una especie de ‘ojo de Sauron’, conocido técnicamente como anillo de fuego. En esta ocasión la coincidencia ha querido que tengamos un eclipse total y nos encontremos dentro de la franja en la que se podrá contemplar.

Carmelo indica que se podrán observar fenómenos como «las perlas de Baily, que las veremos todos a simple vista. Es por el relieve de la luna. Cuando está a punto de taparlo, el sol es capaz de atravesar los valles del relieve lunar pero no es capaz de atravesar los picos, con lo que da la sensación de ver puntos muy luminosos, que son como un collar de perlas. Cuando desaparecen porque la luna se mueve y tapa al sol y solo queda una perla, esa es muy brillante, y entonces queda la foto típica del eclipse solar total, que es la del anillo de diamante. Se puede ver la cromosfera, que aparece durante unos segundos con forma de una finísima capa de color rojo alrededor del borde del sol. Se pueden ver las protuberancias solares, el plasma rojizo que sobresale del limbo solar, la corona solar, que es la atmósfera externa del sol, como un halo blanco que rodea completamente a la luna».

Lo que Carmelo llama una «lotería cósmica» no es algo trivial, pues asistir al eclipse sirve además a los astrónomos de todo el mundo para realizar importantes mediciones, como las que confirmaron la teoría de la relatividad de Einstein en mayo de 1919. Lo había podido predecir porque «las trayectorias son súper estables y las órbitas también. En este momento tecnológico es fácil saberlo desde años antes de que suceda», asegura.

La importancia de un eclipse total

El encanto que rodea al eclipse lo sintetiza Carmelo al expresar la sensación de «magia que tiene saber que el próximo día 12 albergará dos amaneceres y dos atardeceres. O, técnicamente, dos salidas y dos puestas de sol».

Considera el eclipse como un evento más allá de sus consecuencias físicas, observables, mensurables. Hay un añadido intangible, puesto que «también es bonita toda la magia que envuelve a los eclipses en el sentido de todos los planes que se pueden hacer para reunirnos con la excusa del eclipse, vamos a hacer una cata, vamos a comer, vamos a brindar y luego vamos a verlo», aunque deja espacio para algunos consejos, como «no mirar directamente, no ponerse gafas de sol, que las gafas estén homologadas, que no utilices radiografías, ni ningún otro consejo de la abuela porque te puede causar una retinopatía solar y eso no duele, pero es, para que nos entendamos, como que se mueren algunos píxeles de la retina y vemos puntos negros», resume.

Carmelo revela algunos de los misterios que los físicos pudieron desentrañar gracias a un famoso eclipse de 1919: «Te permite ver cosas que el sol te impide ver. Lo interesante de la teoría de la relatividad es que predice que la luz se desvía al pasar cerca de un cuerpo muy masivo como el sol. Durante un eclipse puedes comparar la posición aparente de las estrellas cercanas al sol con la posición que ocupan cuando él no está».

«La vida ha sido muy caprichosa conmigo, tanto tiempo esperando ver el eclipse para ahora no poder verlo directamente»

Carmelo Melero

Físico y profesor de La Enseñanza

Además de ser profesor de física en La Enseñanza, Carmelo atesora ya una dilatada trayectoria como divulgador: «Me gusta mucho el mundo de la comunicación, así que tengo un podcast a base de pequeñas píldoras de cinco minutos en Spotify, que se llama ‘El Laboratorio de Hipótesis’ y se publica cada martes y jueves. Ahí explico qué son los eclipses, la fusión nuclear y otros tantos conceptos».

La relación tan bien avenida de Carmelo con la divulgación se había consagrado previamente con el formato físico de su ‘Laboratorio de Hipótesis’, donde recopilaba los trabajos de investigación de sus alumnos de bachillerato, a modo de pequeños artículos de divulgación científica que ellos mismos debían escribir sobre un tema del que debían informarse previamente, lo que supone trabajo de aprendizaje completo donde el alumno se involucra de principio a fin. El proyecto sigue la máxima del físico ganador del Nobel, Richard Feynman, quien dijo que «si no puedes explicarlo, es que no lo has entendido».

Ha estado preparando su segunda edición del ‘Quinquenario’, un recopilatorio del ‘Laboratorio de Hipótesis’, que publica cada lustro. Retomará la actividad cuando se recupere del todo de su desprendimiento de retina, la otra gran coincidencia cósmica que se ha dado en su vida este mes.