Escuchar antes de construir

Durante el desarrollo del proyecto, IKEA implicó tanto a las comunidades locales como a sus propios empleados para conocer de primera mano las necesidades de los futuros residentes y diseñar una casa muy pequeña, sí, pero inclusiva y accesible. Según la compañía, este proceso puso de manifiesto, por ejemplo, la preferencia por una bañera con ducha frente a una ducha independiente, así como el deseo de contar con un espacio donde poder recibir visitas. Estas aportaciones se incorporaron al proyecto mediante muebles multifuncionales y soluciones pensadas para hacer el día a día más cómodo.

Un resultado muy especial

Lejos de la imagen habitual de las tiny houses, donde el mobiliario suele quedar integrado en la propia arquitectura para aprovechar al máximo el espacio, aquí se ha optado por piezas que los residentes pueden mover y reorganizar según sus necesidades. Las ventanas, altas y estrechas, permiten disfrutar de luz natural sin renunciar a la privacidad. La distribución prescinde de compartimentaciones innecesarias para favorecer la sensación de amplitud. La zona de estar, la cocina y el dormitorio se suceden con naturalidad, separadas por un sistema de cortinas, mientras que el baño constituye la única estancia completamente independiente. Los acabados recurren a una paleta de tonos suaves y materiales cálidos, como la madera clara, que suavizan la austeridad propia de una vivienda de pequeño formato. El resultado es un refugio sereno y flexible que demuestra que el buen diseño no depende únicamente de los metros cuadrados, sino más bien de la capacidad de un espacio para responder a las necesidades de quienes lo habitan.

La primera de muchas

Si todo avanza según lo previsto, esta tiny house recibirá pronto a sus primeros habitantes. Además del proyecto arquitectónico, IKEA ha asumido el interiorismo de tres viviendas ya existentes en Towne Twin Village. Pero esta iniciativa no será un caso aislado. La compañía ya está impulsando otros proyectos piloto similares en distintas ciudades de Estados Unidos, entre ellas Memphis (Tennessee) y Washington D. C. Como parte de este compromiso, la empresa también ha puesto en marcha programas de formación para ayudar a diseñadores y profesionales a crear entornos adaptados a las experiencias traumáticas de sus usuarios.

“Este es solo el comienzo de un largo camino para IKEA. A largo plazo, la compañía quiere reunir a organizaciones y colaboradores en todos los mercados donde opera para apoyar las iniciativas ya existentes y animar a otras empresas, con independencia de su sector, a incorporar este enfoque de diseño en sus respectivos ámbitos de actuación”, aseguran sus responsables.

Más allá de esta iniciativa solidaria, IKEA lleva décadas demostrando que el diseño puede mejorar la vida cotidiana. A través de soluciones pensadas para hogares de todos los tamaños, estilos de vida y presupuestos, la compañía busca hacer que cada espacio resulte más funcional, confortable y acogedor. Una filosofía que entiende el diseño como una herramienta capaz de contribuir, día a día, a construir un mundo más habitable y, por qué no, también más bonito.

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Artículo publicado originalmente en AD Francia