La calidad de vida de las personas mayores que viven en residencias se ve afectada por factores como la edad, la fragilidad y las enfermedades crónicas. Así lo pone de manifiesto un estudio realizado por el equipo de investigadores de la Universidad de Extremadura (UEx), el Instituto Universitario de Investigación Biosanitaria de Extremadura (Inube) y el Servicio Extremeño de Salud (SES), cuyos resultados ayudarán a identificar antes a las personas más vulnerables y diseñar cuidados más específicos y personalizados.

Tras el análisis de 72 personas institucionalizadas en centros residenciales españoles, los investigadores observaron que la dimensión física de la calidad de vida fue la más afectada por variables geriátricas como la edad, la fragilidad y el número de enfermedades crónicas. En concreto, los mayores de 84 años, aquellos considerados frágiles y con más de tres enfermedades crónicas presentaban los niveles más bajos de calidad de vida física.

«La fragilidad es un síndrome asociado al envejecimiento que implica una disminución de las reservas físicas del organismo. Esto hace que la persona tenga más dificultades para recuperarse de enfermedades, caídas o situaciones de estrés. Puede identificarse a través de indicadores como la pérdida involuntaria de peso, la debilidad muscular, el cansancio, la lentitud al caminar o la reducción de la actividad física», afirman los investigadores en un artículo.

Tras una valoración geriátrica integral, el equipo investigador llegó a la conclusión de que la combinación de factores como la edad, junto a la fragilidad y la multimorbilidad – la coexistencia de varias enfermedades crónicas en una misma persona- genera distintos patrones de vulnerabilidad. «Por ejemplo, las personas más mayores y frágiles presentaron peores resultados, mientras que en los grupos de menos edad, la acumulación de enfermedades crónicas parecía desempeñar un papel más importante», explican.

Durante todo el proceso, estos investigadores han evaluado aspectos como el estado nutricional, el riesgo de caídas y la capacidad para realizar actividades cotidianas, entre otros.

Mantener la autonomía y el bienestar

Los resultados plantean mejoras directas en la atención, el cuidado y el bienestar en los centros residenciales. «Incorporar la evaluación sistemática de la fragilidad y de la multimorbilidad en las revisiones de salud permitiría detectar antes a las personas con mayor riesgo de deterioro y orientar intervenciones dirigidas a mantener su autonomía y bienestar. Entre estas intervenciones podrían incluirse programas de ejercicio físico adaptado, prevención de caídas, apoyo nutricional y seguimiento más estrecho de las enfermedades crónicas», concluyen.