George Washington y Luis CaputoAlfredo Sábat
No es tiempo de valientes. Si el Gobierno tiene en claro algo es que, con la conversación electoral de fondo, a partir de ahora el conservadurismo será la norma. Esto rige en todos los órdenes de la economía. Las señales son claras, y ya no solo en lo fiscal, donde las cuentas se mantienen a raya con celo desde el día uno de la gestión libertaria. El objetivo ahora es que el dólar se mueva solo en cámara lenta y que las tasas de interés, en lo posible, se mantengan estables. Nada de olas, nada de ruido, no importa qué.
La semana pasada, una primera señal vino por el mercado cambiario. Con una participación del Tesoro poco habitual de US$145 millones -porque si bien viene interviniendo a diario, en el neto pocas veces termina con un saldo negativo de dólares-, el Gobierno dio un mensaje al mundo inversor: la barrera (por ahora) estará en los $1500 por dólar. Si bien el tipo de cambio cotiza muy lejos del techo de la banda que se fijó a comienzos de año -hoy de $1845-, y apenas acumula un aumento del 2,9% en lo que va de 2026, en Economía enviaron el mensaje de que no quieren que el dólar mayorista, el que luego marca la tendencia para el resto de las cotizaciones, se vaya más allá de los $1500.