La ciencia define el estrabismo como un trastorno visual por el que los ojos no apuntan en la misma dirección a la vez. A quienes padecen ese mal se les llamaba bizcos en los tiempos de un lenguaje políticamente incorrecto que no escrutaba la literalidad absoluta de las palabras. Pues tal defecto se convierte en una virtud a la hora de reconocer la capacidad panorámica de los cazatalentos en el baloncesto moderno para detectar la calidad venga de donde sea.
El mercado de las cestas y de los puntos ya no se circunscribe a dos continentes de poderío indudable (América y Europa). Ahora abarca el universo entero, de modo que el nuevo ídolo estadounidense de cualquier afición puede acceder a su equipo desde cualquier meta volante anclada en un país exótico. Claro que las abundantes herramientas tecnológicas ayudan en la labor zahorí de hallar agua debajo de las piedras.
Ejemplos azulgranas
Bastan cuatro ejemplos ligados al Baskonia, hay muchísimos más esparcidos por todos los clubes, para ilustrar la apertura total del abanico terráqueo. Tres vistieron la camiseta azulgrana la campaña anterior y uno de ellos continúa, el otro acaba de asomarse a los humedales de Salburua. Son trotamundos que compiten en torneos nacionales cortos para reengnacharse en otros alejados de los potentes focos mediáticos.
Invirtiendo el orden cronológico, empecemos por el final. La entidad que preside Josean Querejeta ha completado su nómina de bases tras la marcha a Estambul de Trent Forrest con el fichaje de Damion Baugh. Un director de juego moderno que acude a la llamada de Betoño tras pasar por el Al Ahly Ly de Libia, donde disputó la Liga África, torneo vigilado de cerca por la NBA. Como tantos otros jugadores nacidos en Estados Unidos, el hombre que compartirá el timón vitoriano junto a Kobi Simmons ha tratado varias veces de asentarse sin éxito en el campeonato que aúna la mayor cantidad de nivel. De hecho, su currículum allí se reduce a una quincena de partidos con los Charlotte Hornets.
Su compañero de puesto, que ha convencido a la directiva alavesa tras la contratación sobrevenida el curso pasado, llegó a Zurbano desde los Gigantes de Carolina de Puerto Rico tras un breve paso por el torneo chino. Nombre de ciudad asiática (Zhejiang) y apellidos inequívocamente americanos (Golden Bulls). Y puestos a escribir sobre el gigante asiático, Hamidou Diallo abandonó ese país para firmar con el Baskonia y, tras unos meses, retornó a una Liga de exigencia moderada y sueldos altos. Con el ánimo de sustituirle, la gerencia azulgrana trajo a Gytis Radzevicius, de vuelta otra vez a Lituania.
Parecía que Baugh colmaba el exotismo al llegar desde Libia, pero tampoco conviene desdeñar la procedencia de Eugene Omoruyi, nigeriano de pasaporte canadiense adoptado por la hinchada del Buesa Arena como un vitoriano más. El inteligente ‘cuatro’ que se cargó aquí el prejuicio de las apariencias, aceptó la oferta alavesa cuando militaba en el Al Nasr de Dubái. Ya ponderó el sagaz Quevedo el poder del dinero. Ahora, uno de los héroes del último título copero prosigue su carrera en el Besiktas turco, nuevo participante de la Euroliga.
Muchos focos
Atrás quedó la época del pionero Alfredo Salazar, desbrozando las selvas casi vírgenes de Argentina y Brasil a finales de los ochenta y principios de los noventa. Caladeros que luego batieron otros. Ahora hay que tener los brazos de un pulpo y la visión panorámica de un robot para atender la Eurocup -un mercado de buenos réditos para el Baskonia y del que ahora llega DJ Stewart-, la NCAA, la Liga de Desarrollo y otras emergentes en países de los que nada se sabía hace bien poco.