El secretario de Estado Marco Rubio fijó este viernes una meta concreta para la política de presión máxima de la administración Trump contra Cuba: que al término del mandato, la isla esté en lo que él mismo describió como una «trayectoria irreversible hacia un futuro diferente».
La declaración forma parte de una entrevista exclusiva concedida a Axios en la que el funcionario reveló los detalles internos de una campaña sin precedentes contra el régimen cubano.
«Lo que intentamos enseñarles es que no hay válvulas de escape», dijo Rubio al medio estadounidense, resumiendo en una frase la lógica de toda la estrategia.
Desde enero de 2026, la administración ha ejecutado más de dos docenas de acciones separadas contra Cuba, entre ellas sanciones a 40 entidades —desde empresas extranjeras que operan en la isla hasta conglomerados estatales de combustible, banca y minería— y medidas contra al menos 38 personas, que incluyen restricciones de visas y revocaciones de residencia.
El golpe más devastador para la economía cubana, según Rubio, fue la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, que cortó el suministro venezolano de hasta 100,000 barriles de petróleo diarios que Cuba recibía sin costo.
«Por primera vez en la historia de Cuba, Cuba carece de dos cosas en las que siempre ha confiado: un patrocinador externo y la falta de atención de EE.UU. como prioridad máxima», afirmó el secretario de Estado.
La pérdida de ese flujo energético ha agravado los apagones crónicos en la isla. Como contraparte, las exportaciones de combustible estadounidense a Cuba alcanzaron casi 96 millones de dólares en el primer semestre del año, con casi la mitad concentrada solo en junio.
John Kavulich, presidente del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, fue categórico al valorar la campaña: «Trump y Rubio han iniciado el programa de sanciones más efectivo contra un país objetivo que cualquiera de sus predecesores. Llevamos desde 1994 y nunca habíamos visto algo así».
El primer ministro Manuel Marrero anunció recientemente reformas históricas de apertura al sector privado —las mayores desde la Revolución de 1959—, pero Rubio las descartó como maniobras para ganar tiempo.
«Cada vez que crean un nuevo mecanismo para salir del nudo, nosotros lo cerramos. Ciertamente no pueden esperarnos. Esto no va a desaparecer en los próximos 2,5 años», advirtió.
Axios reveló además que Rubio mantiene conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del exlíder Raúl Castro, para explorar escenarios de transición política.
Sin embargo, un funcionario estadounidense anónimo citado por el medio reconoció la incertidumbre sobre el peso real de ese interlocutor: «Cuando Raúl ya no esté, ¿cuál es su estatus? ¿Quién lo protege?».
Rubio, sin embargo, no mostró señales de moderación y subrayó que la administración actúa con una perspectiva de largo aliento: «Una de las cosas que hemos perdido en la política exterior estadounidense es el concepto de paciencia y persistencia». Su objetivo declarado es que, cuando la era Trump concluya, Cuba haya cruzado un umbral del que no pueda volver atrás.
La víspera de la publicación de la entrevista, EE.UU. impuso una nueva ronda de sanciones contra cinco entidades militares cubanas y ocho funcionarios, incluido el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Álvaro López Miera, por vínculos con compras de armas a Rusia y China.
A diferencia de rondas anteriores, estas sanciones se centraron específicamente en la red que permite al MINFAR adquirir armamento, equipos y tecnología militar en mercados internacionales, un aspecto que hasta ahora no había sido atacado de manera tan directa por Washington.