El Unicaja está a punto de echar el cierre a su particular mercado de fichajes. A falta de la confirmación de la cesión de Simonas … Lukosius y la llegada de un pívot, el club contará con una plantilla de 15 efectivos con la que afrontar con plenas garantías una temporada muy importante tanto a nivel deportivo como institucional.
Cuando acabó la pasada campaña, muchos apostaban e incluso deseaban una renovación casi total de la plantilla tras unos meses decepcionates, especialmente en la segunda parte de la temporada, de enero a mayo. Sin embargo, esa revolución se ha quedado a medias, por dos motivos lógicos. El primero económico, pues el club tenía a buena parte del equipo con contrato en vigor para la temporada 2026-2027 y eso tiene un coste. Y segundo, porque haber hecho más cambios habría sido contraproducente al romper del todo una línea de continuidad deportiva que ha sido un éxito. A la vista están los resultados.
Se tomaron algunas decisiones claras por cuestiones de maniobrabilidad en el mercado, como la de James Webb, para tener una plaza de extracomunitario, y otras de carácter económico claras como las de liberar los salarios de Balcerowski y Chris Duarte. Lo de Sulejmanovic fue por una cuestión deportiva, pues ya lo conocía Txus Vidorreta de su etapa en Tenerife.
Pero ese borrón y cuenta nueva se ha producido. Así que, salvo alguna sorpresa de última hora como podría suceder en el caso de Tyson Pérez, el Unicaja comenzará la temporada con una base de siete jugadores que llevan ya varios años en el equipo: Díaz, Perry, Kalinoski, Djedovic, Barreiro, Kravish y el mencionado Pérez. La ‘vieja guardia’ del Unicaja será fundamental para facilitar la reorganización del equipo y la adaptación de los nuevas piezas. Si algo ha caracterizado el vestuario cajista en las últimas campañas ha sido precisamente por su capacidad para integrar a los pocos jugadores que iban llegando.
Esta función será más importante en estos meses, pues hay elementos como Brazdeikis, Lukosius y el pívot que falta por fichar que vivirán su primera experiencia en el baloncesto español, el más exigente de Europa a nivel de ligas nacionales. Es frecuente que jugadores con buenos números en sus países acusen la dureza de la Liga ACB, en la que se puede perder incluso en la pista del equipo más modesto. Ese es un proceso que ya tienen superado hombres como Pantzar, Noua, Hernangómez o el propio Nzosa, que completó la temporada completa en el Burgos sin problemas físicos.

