La enfermedad renal crónica sigue ganando peso en Extremadura y mantiene ya a casi 1.500 personas en diálisis o con un trasplante para poder seguir viviendo. La comunidad se mantiene entre las regiones con menor incidencia y prevalencia del país en tratamiento renal sustitutivo, pero los datos confirman que el número total de pacientes continúa creciendo y que la presión asistencial de esta patología no deja de aumentar.

Según las cifras del Registro Español de Diálisis y Trasplante, Extremadura registra una incidencia de 110 personas por millón de población, por debajo de la media nacional, situada en 150. Ese dato la coloca como la segunda comunidad por la cola. En prevalencia, que mide el número total de pacientes en diálisis o trasplante, alcanza los 1.389 por millón, también por debajo del promedio estatal (1.407), aunque por encima del dato regional del año anterior.

Ese contraste resume bien la situación extremeña: la región presenta mejores indicadores que la media española, pero al mismo tiempo sigue sumando pacientes. En términos absolutos, se traduce en casi 1.500 extremeños que necesitan diálisis o trasplante para sustituir la función de sus riñones, una cifra que refleja el alcance real de una enfermedad sigilosa, de evolución lenta en muchos casos y con un fuerte impacto en la calidad de vida.

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Una patología silenciosa que suele detectarse tarde

Uno de los principales problemas de la enfermedad renal crónica es que avanza durante años sin dar señales claras. Cuando aparecen síntomas evidentes, el daño suele estar ya muy avanzado. Por eso, los especialistas insisten en que el gran reto no está solo en tratar mejor, sino en diagnosticar antes.

El presidente de la Sociedad Española de Nefrología, Emilio Sánchez, lo resume de forma clara: «En los últimos años ha crecido el arsenal terapéutico que puede enlentecer la progresión de la ERC, pero debemos diagnosticarla en sus estadios precoces». En esa misma línea, añade que con esta detección precoz y tratamiento temprano, «se puede retrasar hasta en más de 20 años el ingreso en diálisis o trasplante».

La enfermedad renal crónica afecta ya al 15% de la población en España, incluidos muchos casos aún no diagnosticados. Además, está muy vinculada a factores de riesgo cada vez más extendidos, como la diabetes, la hipertensión, la obesidad, el tabaquismo y la enfermedad cardiovascular. Solo la diabetes y la patología cardiovascular están detrás de alrededor del 40% de los casos, según recuerdan las entidades sanitarias y de pacientes.

Por tanto, aunque la comunidad sigue en una posición comparativamente mejor que otras autonomías, la evolución no invita al conformismo: la prevalencia sube respecto al año anterior y confirma que cada vez hay más personas que dependen de una máquina de diálisis o de un riñón trasplantado para seguir adelante.

Ese avance explica la llamada de atención lanzada por los profesionales sanitarios y por las asociaciones de pacientes. La idea que trasladan es que la enfermedad renal no puede seguir ocupando un papel secundario en la agenda sanitaria, precisamente porque una parte importante de su progresión puede frenarse si se actúa a tiempo desde Atención Primaria y desde el seguimiento de los grupos de riesgo.

Prevenir más y detectar antes

Los expertos subrayan que la detección precoz puede hacerse con pruebas sencillas, asequibles y ya conocidas en el sistema sanitario, como los análisis de sangre y orina para medir creatinina, calcular el filtrado glomerular y detectar albúmina en orina. El objetivo es localizar la enfermedad antes de que llegue a fases avanzadas.

Sánchez insiste en ese punto al señalar que «debemos actuar sobre los grupos de riesgo de la ERC, mediante la detección precoz y su tratamiento en los primeros estadios de la enfermedad como estrategia para disminuir su progresión». Junto a ello, los nefrólogos defienden también una prevención primaria basada en hábitos saludables, ejercicio físico, control del peso, abandono del tabaco y vigilancia del azúcar y la tensión arterial.

Junto al enfoque clínico, las asociaciones de pacientes ponen el acento en la carga personal y social de la enfermedad. La diálisis condiciona tiempos, movilidad, trabajo y vida familiar. El trasplante mejora la situación, pero no elimina la necesidad de seguimiento continuo. De ahí que el mensaje no se limite a pedir más recursos para tratar, sino también más esfuerzo para evitar que la enfermedad llegue tarde a la consulta.

El presidente de la Federación Nacional ALCER, Daniel Gallego, reclama elevar la prioridad pública de esta patología y advierte de que «no podemos esperar a que la Enfermedad Renal Crónica se convierta en la quinta causa de muerte en nuestro país para actuar». En su opinión, «es el momento de invertir en prevención, detección precoz y en educación sanitaria, para mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad renal».

Más trasplantes y más terapias en casa

Entre las medidas que plantean profesionales y pacientes figura también el refuerzo del trasplante renal, especialmente de donante vivo, y una apuesta mucho mayor por las terapias domiciliarias, como la diálisis peritoneal o la hemodiálisis en casa. Estas modalidades, sostienen, permiten una atención más flexible, mejoran la autonomía del paciente y facilitan la conciliación laboral y familiar.

En una comunidad como Extremadura, con dispersión geográfica y población envejecida en buena parte del territorio, la enfermedad cobra además una dimensión evidente: no se trata solo de cuántos pacientes hay, sino de cómo viven, cómo se desplazan y qué margen existe para ofrecer tratamientos más adaptados a su día a día.