Para echar el telón al verano, un Oviedo en el que confiar. Uno con errores evitables, sí, y con todos los condicionantes a estas alturas, pero con cosas en las que creer. Por ejemplo, un equipo que se comporta con valentía a la hora de presionar y que tiene alternativas en un ataque –muchas- que promete tardes de vértigo. El último amistoso del verano, un 3-2 ante el Le Havre, de la Primera francesa y con remontada incluida, ofreció mucho de eso. Deja buenas sensaciones el equipo de Calero, que fue siempre cuerpo a cuerpo ante un rival de envergadura. Si se liman los errores y se potencian las virtudes, el equipo está preparado para el reto que le viene por delante. Con la primera parada en tan solo una semana.
Real Oviedo: Aarón, Aldasoro, Costas, Esteban, Samu; Reina, Youness; Sáenz, Villahermosa; Chris Ramos.
También jugaron: Estanis Pedrola, Isfan, Enzo, Eze, Mingo y Dieguito.
Le Havre: Mpasi, Bouneb, Mizuta, Doucoure, Mwanga, Pembele, Richardson, Samatta, Sasso, Seko, Zouaoui.
También jugaron: Diaw, Ndiey, Ebonog, Ouziad, Bentolini, Tincres, Koffi, Dongopandji.
Goles: 0-1, min. 8: Samatta. 1-1, min. 13: Youness. 1-2, min. 16: Marco Esteban (propia puerta). 2-2, min 22: Reina. 3-2, min. 92: Mingo (penalti).
Árbitro: Andrés Fuentes. Amarilla al local Ramos y a los visitantes Sasso, Ebonog y Seko.
Carlos Tartiere. 3.996 espectadores. Shamira Lucas hizo el saque de honor.
Para la prueba, Calero optó por un once que se parece bastante a lo que se puede esperar para el estreno. Eso sí, teniendo en cuenta los tocados. Sin Vidal (ni Aisar), ni Calvo, ni Carlos, los tres llamados a ser importantes, formó el Oviedo con Aarón; Aldasoro (solución improvisada para el lateral), Marco Esteban, Costas, Samu; Youness, Reina; Pablo Sáenz, Villahermosa, Jacobo; Chris Ramos.
Empezó el choque con ritmo, vaya si lo hizo, con un Le Havre de una competición en la que impera el físico y que trató bien el balón. Se pudo comprobar cuando solo se habían jugado ocho minutos y los galos acertaron con la meta de Aarón. Fue en una preciosa jugada elaborada desde atrás y en la que coleccionaron 13 pases seguidos sin que el Oviedo pudiera interrumpirles. Samatta dio el toque definitivo.
A pesar de esa presentación y de que el Le Havre parecía estar con una marcha más, el Oviedo siempre fue de cara a por el partido. Los de Calero fueron valientes en la presión y no rehuyeron ninguna disputa. Un choque de pie fuerte. Con balón, jugaron siempre rápido los azules y encontraron respiro en las bandas, especialmente en la derecha, con un Pablo Sáenz con duende.
La igualada no tardó. Chris Ramos metió la punta del pie tras centro de Samu para batir la meta gala pero el asistente levantó el banderín. El Oviedo no tocó retirada, se quedó a presionar el saque del fuera de juego y obtuvo el premio. Reina fue a morder y Youness, que acompañaba, lanzó con el interior a la barra. Los dos pivotes pisando la línea del área enemiga: un ejemplo de lo decididos que estaban los de Calero.
Con 1-1 el choque parecía pedir serenarse, pero nada de eso. El segundo visitante fue una desgracia azul. Marco Esteban cedió atrás en una posesión local con demasiado ímpetu y rompiendo la regla básica de no hacerlo entre los tres palos. La pelota se fue dentro sin que Aarón pudiera alcanzarla. Mejor que pase en pretemporada. Así lo entendió el Tartiere que premió con aplausos de cariño al canterano la siguiente vez que tocó el balón.
Tampoco ahí se deshizo el Oviedo ante un rival de más envergadura y con el marcador a su favor. La reacción se fraguó en la derecha, donde Sáenz ya se había convertido en el mejor de los de Calero. Primero puso un centro que entre Ramos y Jacobo casi llevan al premio. Después, a los 22, sí hubo más fortuna. Sáenz volvió a ganar a su par, esta vez en velocidad, y cedió atrás para que Reina, desde segunda línea, anotara el empate.
El 2-2 en el primer cuarto de choque había mostrado un ritmo trepidante, sumado de algún error de los gordos, impropio en todo caso de estas alturas de campaña. A partir de ahí sí que se relajaron algo los ánimos. También las llegadas, como era normal. Samu Rodríguez, un martillo en la izquierda, tuvo el tercero tras una dejada de Jacobo, pero el chut rozó el poste. La última fue gala, con un cabezazo al lateral de la red de Bouneb. La primera parte había mostrado alguna debilidad de los azules pero pesaban más los aciertos. Y quedaba esa sensación de que el equipo está trabajado. Al menos, todo lo que puede esperarse a estas alturas de verano.
Notó el cansancio el Oviedo en el segundo acto –eso y que estamos en los primeros pasos- pero como Le Havre tampoco se lanzó a por el choque, los azules no estaban especialmente incómodos. Fue muy diferente la segunda mitad, con más fútbol control, sobre todo de los galos, y muchas menos escenas a destacar.
Los cambios trataron de avivar la cosa. Tiró Calero de Isfan, Enzo Pérez y un Estanis Pedrola que se estrenó con la zamarra azul. Sirvió para espabilar el ataque. La defensa taponó a Reina en una buena acción de los de Calero y Seko cruzó en exceso una avanzadilla gala al final. Tincres se topó con el palo e Isfan pidió penalti en la penúltima. Tras esta, Enzo filtró un balón al espacio y Seko agarró a Mingo en la pugna. Penalti. El delantero asumió el reto y anotó con confianza. Con el 3-2 y una brillante acción de Pedrola se puso fin al amistoso.
Así se cerró la última prueba, el ensayo general si quiere verse así, en una línea similar a todo lo que ha dejado la pretemporada. Está listo el Oviedo. Lo que quiere generar Calero va por el buen camino. Pero será el Granada, sábado que viene, el que exigirá al Oviedo su mejor cara, nada de versión a medias, porque empieza lo importante.
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