Eslovaquia registró el jueves su récord de temperatura: 42 grados. Europa lleva semanas así, invadida por una sequía que no cesa. Los grandes ríos como el Danubio se agostan. Sus niveles de caudal son mínimos. La alerta es general. Rumanía y Hungría ven cómo sus centrales nucleares se quedan sin agua para la refrigeración y, como consecuencia, el suministro energético está en peligro. El transporte fluvial, turístico y de mercancías, está colapsado… En ese panorama desolador, también hay quien ve una oportunidad. Buscadores de tesoros, paleontólogos e historiadores aprovechan esta crisis climática para acceder al lecho de esos ríos y recuperar tesoros ocultos durante décadas o incluso milenios: barcos de la II Guerra Mundial, motocicletas militares, cadáveres de soldados, bombas y hasta restos de un mamut lanudo.