Hablar de Sorolla es hablar del Mediterráneo, y más concretamente del Cabanyal. Es en esta playa del ‘Cap i casal’ donde el pintor valenciano encontró su gran musa visual, convirtiéndose en uno de los espacios más reconocibles de su obra que le valieron para alcanzar la fama mundial. Por eso no es de extrañar que una década después de su fallecimiento, el Ayuntamiento de València decidiera rendir homenaje a su artista más universal instalando un monumento en su memoria, y hacerlo, además, en ese mágico escenario que inspiró algunos de los lienzos más destacados de su colección.

Así lo había expresado el propio artista años antes de morir. Su voluntar era descansar para siempre en su València natal y que, frente al mar que inmortalizó en decenas de cuadros, se levantara un monumento coronado por el busto que su amigo, el escultor Mariano Benlliure, había esculpido de él. Un deseo que acabó cumpliéndose una década después de su muerte, cuando el memorial quedó instalado «ante ese sol y esas olas levantinas que supo pintar como nadie». Durante más de dos décadas presidió el frente marítimo del Cabanyal, hasta que la riada de 1957 lo dejó gravemente dañado y obligó a desmontarlo. Hoy, casi setenta años después, la ciudad trabaja para devolver a Sorolla al paisaje que convirtió en uno de los grandes iconos de su pintura.

La historia del monumento

La historia del monumento comenzó a escribirse tras el fallecimiento del pintor, el 10 de agosto de 1923. La cesión al Ayuntamiento del busto de mármol realizado por Benlliure, del que posteriormente se fundió una copia en bronce, sirvió para poner en marcha un proyecto que tardó años en tomar forma entre debates sobre su diseño y su ubicación. El arquitecto municipal Francisco Mora recibió el encargo de redactarlo en 1925, aunque no sería hasta 1932 cuando el consistorio aprobó levantarlo en la playa del Cabanyal, «en el punto donde el insigne pintor ejecutó su lienzo Triste herencia». el 7 de marzo del citado año se colocó la primera piedra del monumento en la playa del Cabanyal, entre las antiguas Termas Victoria y el Asilo de Nuestra Señora del Carmen.

Más allá del homenaje al artista, el monumento era una pieza de gran valor arquitectónico. Mora aprovechó elementos procedentes de la antigua Real Fábrica y Escuela de Platería Martínez de Madrid, entre ellos la columnata dórica, las pilastras, los entablamentos, los machones y los pedestales de granito gris de la Sierra de Guadarrama, además de basas y capiteles de piedra caliza de Colmenar. El resto del conjunto -la escalinata, el basamento, el pedestal y el pavimento- se ejecutó con materiales valencianos, como piedra caliza, rodeno y cantos rodados. La combinación de ambos confería al monumento una personalidad única, mezclando restos arquitectónicos históricos con materiales propios del entorno mediterráneo.

Foto histórica del antiguo monumento de Sorolla en el Cabanyal.

Foto histórica del antiguo monumento de Sorolla en el Cabanyal. / R.L.V.

Las obras finalizaron a finales de 1933 y la inauguración congregó a autoridades, representantes del Gobierno de la República y del mundo de la cultura y a una multitud de valencianos. Entre los asistentes se encontraba también Benlliure, que hizo una excepción para acompañar el homenaje a su amigo. «Yo jamás he asistido a la inauguración de ninguna obra mía, pero esta vez, por excepción, he interrumpido este propósito por la devoción que siempre sentí por Sorolla», llegó a confesar el escultor.

Arrasado por la riada del 57

Sin embargo, aquel homenaje tuvo una vida mucho más corta de lo previsto. A principios de 1957 el monumento ya presentaba síntomas de deterioro y la riada de octubre terminó por arrasar la columnata y buena parte de la estructura. Solo pudieron salvarse el busto de bronce, el pedestal, las basas de las columnas y parte de la plataforma empedrada. Cinco años después el Ayuntamiento trasladó esos restos a la actual plaza de la Semana Santa Marinera, donde quedaron completamente descontextualizados, y en la década de los setenta incorporó al conjunto la portada del antiguo Banco Hispano Americano.

Ahora, el Ayuntamiento quiere revertir aquella pérdida para poner en valor su patrimonio y negocia con Costas la recuperación de su emplazamiento original frente al mar. El consistorio conserva 119 piezas originales identificadas y ha recuperado el 60 por ciento de los restos originales del desaparecido monumento, algunos de ellos almacenados a la espera de la intervención en el depósito de San Isidro o el matadero municipal de Borbotó.

La intención es reconstruir el monumento mediante una anastilosis, una técnica que consiste en recomponer un conjunto histórico con sus elementos originales y reproducir únicamente las piezas desaparecidas con materiales diferenciados. Esta técnica se ha empleado para restaurar monumentos históricos como el Partenón de Atenas. A la espera de que se resuelva el conflicto, si el proyecto sale adelante Sorolla volverá a contemplar el mismo punto del litoral que convirtió en el protagonista de algunas de las obras más universales de la pintura española.