Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que Pedro Sánchez disfrutaba en Bruselas de una sobredosis de aura. Vamos, que estaba en su ‘prime’. … Términos muy del gusto de ese ‘nuevo’ presidente que busca conectar con los jóvenes a base de ‘reels’ y playlists publicadas en momentos, digamos, no muy oportunos. Hubo un tiempo no tan lejano, pongamos que hablamos del segundo semestre de 2022, en el que Sánchez protagonizaba las principales quinielas para ocupar los grandes cargos del sanedrín de la Unión Europea. Han leído bien. Sí, hubo, conjugado en pasado. Ese tiempo terminó, como coinciden en remarcar fuentes comunitarias. Dicho de otro modo. ¿Sánchez, en el próximo baile de sillas comunitario, podría optar a ocupar la presidencia de la Comisión Europa, ahora en manos de la conservadora alemana Ursula von der Leyen, o del Consejo Europeo, liderado por el socialdemócrata portugués António Costa? «Salvo un milagro, no, pero Bruselas es Bruselas… Y Sánchez es Sánchez», ironiza una alta fuente comunitaria.
Vayamos por partes. Bruselas, el kilómetro cero de España –conviene no olvidar que aún debemos más de 27.000 millones de aquel rescate financiero que estigmatizó al país–, ha conocido a varios Pedros. El primero, allá por 2017, como jefe de la oposición, con sólidas trazas de hombre de Estado como demostró cerrando filas con el Gobierno de España durante el órdago catalán. El segundo, en 2018, ya como presidente del Gobierno tras ganar la moción de censura a Rajoy. No logró aprobar su primer presupuesto y tuvo que convocar elecciones –¡Qué cosas! ¿Recuerdan cuando los gobiernos presentaban un proyecto de Cuentas y si el Congreso no lo apoyaban el presidente de turno llamaba a las urnas?–.
Sigamos. Luego llegó el Sánchez que ganó sus únicas elecciones (noviembre de 2019) y decidió pactar con la extrema izquierda encarnada en Podemos para conformar el primer Gobierno de coalición que conocía la democracia española. Con los fantasmas del rescate griego dominándolo todo, este movimiento desató la histeria de Bruselas, que quedó sofocada con el nombramiento de Nadia Calviño, quizá la española que goza de más prestigio en el ecosistema comunitario.
Aquella España era sinónimo de déficit (gastaba mucho más de lo que lograba ingresar) y la de ahora, cinco años después, pandemia mediante, brilla por ser la gran locomotora de la economía europea por mucho que el PP se empeñe siempre en ver el vaso medio vacío. El tándem Sánchez-Calviño no solo logró disipar las dudas de Bruselas, sino que el presidente español se convirtió en el gran referente de la socialdemocracia europea allá por 2022. ¡Y además hablaba inglés! Algo inédito en la trayectoria de los inquilinos de La Moncloa.
Por aquel entonces, toda la buena imagen que tenía en la UE chocaba de plano con la policrisis que atenazaba el día a día de su política doméstica. Tal es así que sonó, y con muchísima fuerza, para aterrizar en Bruselas de cara a la gran negociación que fructificó en 2024 tras las elecciones comunitarias. Finalmente, se decantó por seguir en España y jugársela en los comicios de 2023. Perdió, pero ganó. Logró seguir en La Moncloa, sí, aunque pagando el elevadísimo precio de pactar con quien dijo que jamás pactaría: Carles Puigdemont. Ahí comenzó una travesía por el desierto que se ha traducido en que no ha sido capaz de aprobar un Presupuesto en estos tres años Gobierno. De hecho, es que ni siquiera los ha presentado.
Las elecciones se celebrarán, sí o sí, en 2027, pero todas las encuestas (menos el CIS, claro) aseguran que perderá el Gobierno. Bueno, también lo decían en 2023 y ahí sigue. Así que quien dude de que ya no hay partido se equivoca de plano. Pero hagamos caso a las encuestas y pongámonos en la tesitura de que pierde La Moncloa. ¿Podríamos ver a un Sánchez liderando una gran institución europea? «Muy difícil», como corroboran las fuentes consultadas. Su imagen en Bruselas se ha deteriorado de forma notable fruto de la derechización del club y por «cierto afán de protagonismo» que ha decidido tener en batallas geopolíticas críticas como la relación con Donald Trump o Israel.
El primer gran cargo que supuestamente queda libre es la presidencia del Consejo Europeo, liderada por el socialista portugués António Costa. Llegó al cargo el 1 de diciembre de 2024 y su mandato dura dos años y medio. Es decir, el 1 de junio de 2027. El mandato solo es prorrogable una vez, pero esta prórroga no es ni mucho menos automática. Además, la designación de este puesto es fruto de una negociación al más alto nivel político entre los Estados miembros y las dos grandes familias políticas europeas: populares y socialdemócratas.
El problema para Pedro Sánchez es que en el hipotético caso de que los socialistas europeos decidiesen que él es su candidato, el escenario más factible es que los conservadores le vetasen. Este fenómeno, el de los vetos cruzados, también está a la orden del día.
Caso diferente es el de la Comisión Europea. El cargo no se renovará hasta después de las elecciones comunitarias de 2029. En estos comicios rige el sistema del ‘spitzenkandidat’, es decir, que los grandes partidos europeos deben presentar a sus candidatos y hacer una campaña al uso por todos los Estados miembros. Luego es el Parlamento el que decide. Es decir, como sucede en España pero a nivel comunitario.
La institución, desde hace ya muchos años, es coto de la derecha. La alemana Ursula von der Leyen está inmersa en su segundo mandato, pero a buen seguro no repetirá. ¿Qué opciones tiene la socialdemocracia europea de recuperar la presidencia del Ejecutivo comunitario? A día de hoy, ninguna. Todo apunta a que el auge de la derecha y la extrema derecha (atentos a Francia) ha dejado de ser coyuntural para convertirse en estructural por fenómenos como el migratorio. Casualmente, el tema que ha provocado una de las crisis más graves que ha sufrido España en los últimos tiempos con epicentro en Ceuta aunque lograse sobre la bocina evitar quedar señalada por sus socios europeos.
Sánchez atraviesa, quizá, su peor momento en el ecosistema bruselense desde que llegó a Moncloa hace ya ocho largos años. De hecho, es el más ‘veterano’ del Consejo Europeo solo por detrás del francés Emmanuel Macron (2017), que el año que viene dejará el Elíseo. A diferencia de Sánchez, él no puede presentarse a las elecciones. El español, o eso ha dicho, sí se presentará. Quiere seguir en Moncloa. Si no lo logra, ¿acabará en Bruselas? Difícil, muy difícil, pero si hay un político que no conoce el significado de la palabra imposible ese es Pedro Sánchez.