Pintar la Catedral ha sido un punto de inflexión en la trayectoria de Fran Herreros. El enorme esfuerzo físico y mental que le supuso dedicar año y medio a recrear in situ el templo gótico, dejó huella en el artista burgalés. «Ha sido el proyecto más importante de mi vida, pero me dejó exhausto y tuve que parar para descansar», repasa medio año después de clausurar la exposición que dio por terminado un ciclo. La intensidad de aquel trabajo le hizo, incluso, plantearse la pintura de otra manera. «Después de la Catedral se puso en contacto conmigo mucha gente y he dicho que no a muchas cosas porque fue tremendamente duro». Pero una vez recuperadas las fuerzas, su trazo vuelve a estar ahí  para dar forma a nuevos retos.

Uno de ellos tiene que ver con la intervención en el interior de un edificio de viviendas de Soria. De la mano de la constructora Grupo Herce ha puesto color al portal de tres escaleras, siguiendo la estela que hizo hace dos años con los mismos promotores. Entonces hizo algo abstracto, pero está vez el planteamiento ha sido otro: «Querían algo más especial, de Soria, y de momento he hecho tres murales que han sido una verdadera locura. He pintado la Laguna Negra, los Arcos de San Juan de Duero y El árbol de la Música. Han sido 16 días ‘conviviendo’ con los vecinos, que me acompañaban con un café o conversación, para que el trabajo fuera más liviano», repasa.

La forma de pintarlos no tiene nada que ver con el mural que realizó en 2019 en el exterior de la Catedral, durante la restauración en Pellejería del trasaltar del templo.  «Aquello lo  hice con spray y tuve ayudantes. Esto lo he hecho con pinturas acrílicas para pared, con idea de darle un toque más pictórico. Creo que, aunque sea un concepto figurativo, se nota la expresividad de mi trazo», admite recordando que son tres murales de diez metros de largo por tres de alto. 

El pintor burgalés tampoco es completamente ajeno a esto de ‘decorar’ inmuebles, ya que lleva muchos años colaborando con una cadena hotelera con pequeños cuadros que cuelgan de sus paredes. «Esto es otra cosa. Es una intervención en toda regla que creo que es algo que no se suele hacer en este tipo de edificios. A mí me parece muy bonito porque los vecinos han visto cómo se iba creando la obra y luego siguen conviviendo con ella».

El constructor Eduardo Rubio tiene muy claro que este tipo de obras dan un plus al inmueble: «La idea la tuvimos porque son zonas del edificio que quedan un poco desamparadas, de las que dices, ‘ostras, aquí falta algo’. A Fran le conocíamos por  lo que hace, porque también trabajamos en Burgos y conocemos su obra. Y nos pareció una buena idea dotar a estas viviendas de un atractivo para que el cliente, que es la persona que va a vivir ahí, sienta el espacio confortable».

«La primera vez que contamos con él, hace un par de años, era otro tipo de pintura. Pero para este edificio de 90 viviendas con tres portales o tres escaleras, al ser tan grande, hemos pensado que sería mejor algo relacionado con su entorno», añade.

El resultado está siendo altamente satisfactoria para todas las partes: «La gente está entusiasmada. De verdad; ha dejado huella», afirma Rubio. Para Herreros, además, es la prueba de que el artista ha regresado a la pintura, ha recuperado la ilusión y se siente en plena forma: «Desde hace un tiempo estoy otra vez a tope, estoy a gusto pintando».