Nos guste o no, la música hoy entra por los ojos o no entra. Hay una nueva luz en el pop vasco y se proyecta … desde Errenteria. Quienes llenan estadios, saltan en los festivales o reproducen en bucle los últimos éxitos de ZETAK o ETS (En Tol Sarmiento) probablemente no conozcan sus caras, pero llevan tres años mirando el mundo a través de sus ojos. Detrás de algunas de las imágenes más reconocibles de la música vasca reciente están Aitor Aranguren (Errenteria, 1997) y Erik Suso (Oiartzun, 1994), fundadores de MUGA, una productora audiovisual que, en apenas tres años, ha pasado de ser el proyecto de dos amigos a convertirse en una de las firmas creativas más influyentes del panorama cultural.

El nombre no es casual. Muga significa frontera en euskera, aunque lo cierto es que su trayectoria ha consistido precisamente en derribarlas. Las geográficas, al crear en Euskal Herria una manera de hacer que ambos echaban de menos tras observar las tendencias del sector audiovisual en Madrid; y las creativas, al mezclar referentes cinematográficos, publicidad, videoclips y cultura digital en un lenguaje propio. Cuando comenzaron a trabajar juntos, ni siquiera tenían nombre. Solo una intuición que compartían: que había espacio para una productora con una estética más atrevida, más contemporánea y más consciente del poder de la imagen en la era de las pantallas.

Todo comenzó en octubre de 2023. Tres años que en el vertiginoso mundo digital equivalen a una era geológica. Por aquel entonces, Muga era solo el proyecto de dos amigos con una cámara y muchas ideas flotando en la cabeza. Suso llegaba desde la fotografía de conciertos. Aranguren, desde la comunicación audiovisual y una etapa formativa en Madrid de cinco años especializada en documental. Se conocieron por amigos comunes, empezaron colaborando en pequeños proyectos y descubrieron que funcionaban. Uno aporta la mirada artística, mientras que el otro, la capacidad de convertir las ideas en realidad. «Aitor quiere volar mucho y yo estoy con las tijeras cortándole las alas cuando el presupuesto no da para más», bromea Suso. La fórmula, sin embargo, funciona. Quizás porque ambos ocupan posiciones opuestas dentro de un mismo impulso creativo.

Su sede se encuentra en el coworking Agustinak Zentroa de Errenteria. El primer trabajo conjunto lo realizaron con Euskoprincess y de ahí han trabajado con numerosos artistas. Pero el punto de inflexión llegó sin aviso. Una productora que trabajaba con Pello Reparaz les derivó un encargo para el que apenas había margen. Se trataba de dar forma visual a ‘Aaztiyen’, el tercer disco de ZETAK, lo que ya se recuerda como una de las propuestas audiovisuales más influyentes de la música vasca reciente sobre un disco que ya es parte de la historia musical. «Lo hicimos con dos semanas de antelación. Grabamos doce videoclips en dos días y en plano secuencia», recuerda Aranguren.

FUNDADORES

Aitor Aranguren (Errenteria, 1997) Erik Suso (Oiartzun, 1994)

FUNDADORES

Aitor Aranguren (Errenteria, 1997) Erik Suso (Oiartzun, 1994)

FUNDADORES

Aitor Aranguren (Errenteria, 1997) Erik Suso (Oiartzun, 1994)

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Aitor Aranguren (Errenteria, 1997) Erik Suso (Oiartzun, 1994)

El rodaje tuvo lugar en una nave industrial de Aizarnazabal, y entonces ZETAK todavía estaba lejos del fenómeno multitudinario que es hoy. «Para nosotros seguía siendo el ex de Vendetta. Estábamos nerviosísimos porque había muchísimo trabajo, muy poco tiempo y poco presupuesto. Pero íbamos con una ilusión que nos empujaba a todo. La gente no es consciente de todo el trabajo que hay detrás. Fue una locura y fue muy duro, pero es verdad que nos ha dado mucho; es un ámbito muy creativo donde te puedes lucir, puedes darle muchísimas vueltas a las cosas. Estamos muy contentos con el resultado, ver cómo lo sacamos adelante con lo poco que teníamos realmente», señala el director Aitor Aranguren.Aquella maratón creativa terminó convirtiéndose en su auténtica carta de presentación. No solo por el alcance que adquirió el disco y la banda, sino porque allí apareció una identidad visual hipermoderna, pulida y magnética que después seguiría evolucionando. ‘Aaztiyen’ les permitió dejar reflejada su estética y personalidad: planos secuencia, el formato casi cuadrado, los colores extremadamente saturados, la oscuridad convertida en elemento narrativo y una manera muy concreta de colocar y mover la cámara empezaron a repetirse hasta formar un sello reconocible. «Pello ya había hecho planos secuencia antes, pero cuando planteas un disco entero así, con un formato y unos colores muy marcados, acabas construyendo una estética», explica Aranguren. «No fue algo calculado. Era simplemente la manera en que queríamos contarlo todo».

Y «una cosa llevó a la otra», y desde entonces, ambos proyectos han crecido casi en paralelo. Los videoclips dieron paso a campañas, anuncios, spots para conciertos y proyectos cada vez más ambiciosos. También a una relación basada en la confianza. En muchos de los trabajos recientes, Reparaz apenas les marca una dirección general y les deja construir el resto. Esa libertad ha permitido que algunas de sus imágenes más reconocibles nazcan de la improvisación. Como el último videoclip de Korrika (‘Xiberutikan Mendebaldera’, 2025); varias de las escenas más recordadas surgieron sobre la marcha. «Fuimos un día antes a plantearlo y ensayarlo. Luego apareció una luz inesperada y lo cambiamos todo. Parece que hay una preparación enorme detrás, y la hay, pero muchas veces la magia surge en el momento».

Porque si algo reivindican ambos es el valor de la intuición. Aranguren dirige y monta sus propias piezas, una combinación poco habitual en este mundillo que explica buena parte de su personalidad. «Hay gente que reconoce un vídeo nuestro en los primeros segundos solo por la forma de montar», cuenta Suso. «Cuando alguien nos dijo eso por primera vez pensamos: vale, entonces sí tenemos una identidad», añaden.

El plató no sale de ‘casa’

La otra gran demostración de su capacidad llegó con ETS. Si ZETAK les había permitido explorar territorios oscuros, electrónicos y casi futuristas, este otro universo exigía otra cosa para otro disco entero. Para ‘Konkista’ propusieron la ambiciosa idea de convertir los doce videoclips del álbum en una única historia continua, una película fragmentada que pudiera verse de principio a fin. «Muchas veces nos ponemos piedras nosotros mismos», admite Suso, «nos encanta complicarnos la vida». Esa tendencia a buscar siempre una capa extra de significado es, probablemente, una de las razones por las que su trabajo destaca en un ecosistema tan saturado de imágenes.

También explica por qué gran parte de sus producciones terminan rodándose en casa. La mayoría de los proyectos que acumulan millones de visualizaciones en redes y en YouTube se filman entre Errenteria y Oiartzun. Han convertido polígonos industriales, naves olvidadas y paisajes cotidianos en escenarios que parecen extraídos de una gran producción internacional. «Todo lo hemos rodado aquí, salvo el videoclip de Korrika», subraya Aranguren.

La mirada en la ficción

Su forma de trabajar bebe tanto del cine como de internet. Han crecido consumiendo películas, videoclips, redes sociales y publicidad al mismo tiempo y hablan con la misma naturalidad de Vimeo que de una conversación escuchada en la calle. Aranguren guarda localizaciones en carpetas del móvil, fotografía rincones que podrían servir para un rodaje futuro y acumula referencias constantemente. «Tienes que ser un apasionado. No todo está detrás de una pantalla. A veces una idea te surge en una conversación o viendo una obra de teatro».

Ese apetito visual conecta con una convicción compartida: hoy la música también se consume con los ojos. «Se hace tanta música y hay tantos artistas que si no tienes una identidad visual fuerte es muy difícil destacar», reflexiona Aranguren. «Todos los artistas grandes están construyendo mundos. No solo canciones».

En la actualidad, la empresa está enfocada en el área de la publicidad con la grabación de spots, la rama documental (‘300 Haritz), videoclips, así como películas (Playback de Gavin Zhan), y de cara a futuro quieren tirar por la ficción y el mundo del cine.

MUGA también construye sus imaginarios, traduce sonidos en imágenes y ayuda a convertir canciones en relatos reconocibles. Aunque ellos mismos matizan que no diseñan la identidad de los artistas, sino que trabajan sobre ella, lo cierto es que buena parte del aspecto que hoy asociamos al nuevo pop vasco ha pasado antes por sus cámaras.

Mientras tanto, siguen mirando más allá de la música. Han producido una película, ruedan documentales, preparan campañas publicitarias y sueñan con dar el salto definitivo a la ficción. Ese era, en realidad, el objetivo desde el principio. Lo dicen desde la misma tranquilidad con la que empezaron y un equipo técnico que ya engloba casi a una veintena de jóvenes.