En ‘El eclipse’ de Antonioni no sale ningún eclipse. Pero Alain Delon y Monica Vitti también son fenómenos. En ‘El rayo verde’ de Rohmer sí sale el rayo verde. Con Marie Rivière no habría tenido bastante. Ahora que he vuelto a ver la … película no me cabe en la cabeza que fuéramos a cada estreno de Eric Rohmer con devoción. Porque a ver qué me importa a mí esta señora a la que se le han fastidiado las vacaciones en Grecia y deambula hasta que decide irse sola a Biarritz. Tampoco le convence. Conoce a un chico en la estación (yo solo quiero gente conociéndose en la de ‘Breve encuentro’), se va con el chico a San Juan de Luz y allí consigue ver el rayo verde del que había escuchado hablar a unas personas en la calle. Y tiene una revelación. Porque, citando a Julio Verne, al ver el rayo verde se es capaz de leer nuestros propios sentimientos y los de los demás. Anda, tira para la casa.

Rohmer es un director de verano, cuando la realidad se suspende y ocurren cosas extraordinarias. Ahora tiro yo para la casa. Rohmer es hasta un involuntario promotor turístico francés, pese a su rechazo por los paisajes bonitos, como contó Néstor Almendros. En ‘Cuento de verano’ (1996), la costa bretona. En ‘La rodilla de Clara’ (1970), el lago de Annecy. En ‘Pauline en la playa’ (1983), Jullouville, a diez kilómetros de Granville (y el Mont-Saint-Michel). En ‘La coleccionista’ (1967), una villa en la Provenza. ‘El rayo verde’ sigue a Delphine de París a Cherburgo, La Plagne, Biarritz y San Juan de Luz. Con un equipo reducido y mucha improvisación. Solo hay que ver la escena donde Delphine trata de justificar por qué no come carne. Y los otros comensales, arengados por Rohmer, le discuten.

En Rohmer y su necesidad de representar la naturaleza (incluido el amor) también estaba la obsesión por el rayo verde. Lo buscaron siete meses. Philipe Demard, el cámara que lo filmó, viajó a Gran Canaria con su asistente Florent Moncouquiol y una Caméflex de 16 mm. Lo consiguieron el primer día, entre Puerto Rico y Mogán, en la costa suroeste. Rohmer les pidió que se quedaran 15 días más por si lo pillaban otra vez. Al final, se reforzó el verde y se ralentizó la imagen. Es todo el truco. En los créditos Philipe Demard aparece como el autor de «le coucher de soleil».

Dostoyevski tiene ‘Noches blancas’, otro fenómeno natural. Durante el solsticio de verano en latitud alta, como San Petersburgo, las puestas de sol son tardías y los amaneceres tempranos, con lo que no hay oscuridad completa. El rayo verde que noveló Julio Verne es un fenómeno óptico atmosférico que ocurre poco después de la puesta del sol (o poco antes de la salida) en el que se puede ver un punto o raya verde sobre el sol.

A Franco también le obsesionaba el rayo verde. Lo cuenta su nieto Francis en ‘La naturaleza de Franco’. Lo veía desde el Azor. Me estoy imaginando a Marie Rivière junto a Franco en la popa del Azor observando el horizonte.