Elena Ochoa, más conocida como lady Foster, se ha convertido en uno de los rostros más más influyentes en el panorama internacional del arte contemporáneo, la arquitectura y la edición, tiene unos orígenes profesionales y personales fascinantes marcados por una brillante carrera académica antes de convertirse en la personalidad multicultural que es hoy. En la actualidad, Ochoa comparte su vida con el arquitecto Norman Foster, lo que hace que su implicación social esté más ligada al mundo del arte.

Elena Ochoa nació en Orense (Galicia) en 1958. Aunque su proyección posterior se consolidó en grandes metrópolis globales como Madrid, Londres o Nueva York, sus raíces gallegas le imprimieron un carácter observador, tenaz y con una gran determinación intelectual. Antes de ser conocida en el mundo del arte y los medios de comunicación, Elena Ochoa construyó una sólida y prestigiosa carrera como científica y académica. Se licenció y doctoró en Psicología con un expediente brillante en la Universidad Complutense de Madrid.

Las raíces de Elena Ochoa

Norman Foster y Elena Ochoa, por las calles de Madrid en febrero de 2019. | Gtres

Llegó a ser catedrática de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid a una edad muy temprana y ejerció como investigadora y profesora en instituciones de élite internacional, como el King’s College de Londres, la Universidad de Chicago y la Universidad de California (UCLA). Además, también desarrolló una intensa labor como terapeuta y especialista en temas de patología cerebral, adicciones y sexología. A principios de los noventa, la vida de la Dra. Elena Ochoa dio un giro radical de popularidad cuando Televisión Española (TVE) le propuso dirigir y presentar el programa Hablemos de sexo —creado por el cineasta Chicho Ibáñez Serrador—.

Fue la primera vez que se abordaba la educación sexual en la televisión española de forma científica, rigurosa, clara y sin tabúes. Ochoa se convirtió en un rostro enormemente popular y respetado en toda España, rompiendo moldes en un país que aún estaba superando prejuicios sociales de la época tras la transición. A finales de los noventa, tras completar su etapa televisiva y mediática, Elena Ochoa decidió reorientar su carrera hacia una de sus verdaderas pasiones; el arte contemporáneo, la arquitectura y el comisariado. Creó la célebre editorial y galería Ivorypress, una de las plataformas más exclusivas e innovadoras del mundo en la producción de libros de artista. Ha colaborado estrechamente con figuras trascendentales de la creación contemporánea como Francis Bacon, Richard Long, Eduardo Chillida, Ai Weiwei o Maya Lin.

«Ser gallega me ha marcado y me ha servido para moverme por el mundo»

Así, Ivorypress se expandió como espacio expositivo, librería especializada y proyecto de mecenazgo educativo en el ámbito del diseño y la arquitectura. Ella misma ha contado que ser gallega y de Orense le ha marcado «profundamente». Y no solamente eso. También, le ha dado las herramientas para «moverse por el mundo». Conocer a Norman Foster supuso para Elena Ochoa un verdadero giro de 180 grados, tanto en el plano vital como en el profesional, transformando a la popular psicóloga y académica española en una de las personalidades más influyentes y respetadas del mecenazgo, el arte y la arquitectura a nivel internacional.

Las raíces gallegas de Elena Ochoa son el cimiento de su personalidad, una impronta que la ha acompañado siempre,desde sus años de catedrática e investigadora en Madrid hasta las esferas más exclusivas del arte mundial en Londres o Nueva York. Nacida en Orense en 1958, creció en el seno de una familia de fuerte arraigo local. Su infancia en la Galicia interior de mediados del siglo XX estuvo marcada por un ambiente en el que la disciplina intelectual, la curiosidad y la lectura eran pilares fundamentales. Orense no solo fue el escenario de sus primeros años escolares, sino el lugar donde moldeó su carácter: una sobriedad típica del interior gallego que más tarde la ayudaría a mantener los pies en la tierra en medio de la vorágine mediática de los noventa y del glamour internacional posterior.

Su historia de amor con el arquitecto británico comenzó en octubre de 1994 en una cena multitudinaria celebrada en un castillo de Toledo. Curiosamente, la doctora estuvo a punto de declinar la invitación porque llegaba agotada de un viaje, pero decidió acudir a última hora. Ella misma ha recordado en entrevistas cómo sucedió todo; en una sala con más de 200 invitados vestidos rigurosamente de negro y oscuro, vio al fondo a un único hombre llamativo vestido de pana beige. Era el célebre arquitecto lord Norman Foster. A pesar de los 23 años de diferencia de edad que existían entre ambos, el magnetismo, la afinidad intelectual y la pasión compartida por el arte surgieron de forma inmediata.

Elena Ochoa está muy unida a sus raíces. | Gtres

En 1996 se casaron en una ceremonia que dio la vuelta al mundo. Al unir su vida a la de Foster, Elena pasó a ser conocida como lady Foster y tomó la valiente y arriesgada decisión de dejar atrás su destacadísima carrera como catedrática y presentadora estelar en España para mudarse a Londres. Su entorno vital cambió drásticamente: pasó de la exposición mediática popular española a integrarse en la más alta élite intelectual, cultural y aristocrática de Europa. Más tarde tuvieron a sus dos hijos, Paola y Eduardo, construyendo un entorno familiar profundamente volcado en la educación artística y el pensamiento contemporáneo.

En lugar de acomodarse en el rol de esposa de un genio de la arquitectura, la llegada de Norman Foster a su vida actuó como un catalizador para canalizar su propia inquietud creativa. Apenas dos años después de conocerse, en 1996, Elena fundó Ivorypress. Esta plataforma editorial y galería se convirtió en su gran proyecto personal, especializándose en libros de artista de coleccionista y comisariado internacional de arte y arquitectura. Gracias a la sinergia con la red de creadores de Foster y a su propia capacidad de gestión, Elena trabajó codo a codo con titanes del arte como Richard Serra, Maya Lin o Ai Weiwei.

La relación no solo transformó la vida de Elena; también redefinió la de Norman Foster. Juntos crearon un auténtico imperio de mecenazgo cultural. El británico ha definido en múltiples ocasiones a Elena como una mujer de una «pasión extraordinaria y una fuerza increíble» que reinventó su forma de ver el mundo. La pareja impulsó proyectos de escala global, culminando en la creación de la Norman Foster Foundation —con sede principal en Madrid—, donde Elena ejerce un papel determinante en el patronato y la vicepresidencia para formar a jóvenes talentos de la arquitectura, el diseño y el urbanismo del futuro.