
10/08/2026 a las 18:38h.
Convertir un infortunio en un reto mayúsculo. De eso saben, y mucho, los hermanos Aythami y Yosimar Navarro, naturales del barrio de Lanzarote, en Valleseco. Ambos recorrieron en apenas veintiuna horas los 21 municipios de la isla en bicicleta, teniendo como misión en cada uno de ellos llegar hasta las plazas e iglesias situadas en los cascos de los pueblos y ciudades grancanarias.
Esta idea comenzó cuando Aythami, tres meses antes de ir a competir junto a su consanguíneo por enésima vez al Campeonato de Europa de Duathlón en Banyoles, Girona, se lesionó del glúteo medio, lo que imposibilitó que pudieran acudir a la cita deportiva. Ahí fue cuando nació ‘Ruta 21’.
«Fue una iniciativa de mi hermano. Ya que nos habíamos perdido el campeonato pues teníamos que marcarnos un objetivo bonito para este año», explica Aythami. Salieron en la madrugada del pasado domingo desde la plaza San Vicente Ferrer de Valleseco, sobre las 04.00 de la madrugada, y regresaron al mismo punto a las 00.38 horas del lunes, después de 350 kilómetros recorridos codo con codo. En total llegaron a estar unas 16 horas encima de la bicicleta.
Tras haber comenzado la travesía en su municipio natal, ambos se dirigieron hacia Artenara, para posteriormente ir dirección Tejeda. Desde el municipio cumbrero bajaron hacia San Mateo y Santa Brígida, recalando en Las Palmas de Gran Canaria. Después de haber visitado la catedral de Santa Ana continuaron con su ruta hacia la ciudad de Telde, y de ahí hacia Valsequillo, donde tras llegar a la plaza de San Miguel tuvieron que dar la vuelta, ya que «solo teníamos salida hacia San Mateo y ya habíamos pasado».
La siguiente parada fue el municipio de Agüimes, y de ahí continuaron su camino hacia Santa Lucía de Tirajana para llegar después hasta la parroquia de Santiago de Tunte, en San Bartolomé de Tirajana. En este punto también se encontraron con el contratiempo de que la carretera de la presa de Las Niñas se encuentra cerrada por obras, por lo que se vieron obligados a bajar hasta Maspalomas.
Desde la localidad sureña partieron hacia Mogán, siguiendo dirección La Aldea de San Nicolás. Fue en el municipio del oeste de la isla cuando comenzaba la segunda parte de la ruta, ya con bastantes kilómetros en las piernas y un nivel de cansancio notable. La villa marinera de Agaete, Gáldar, Santa María de Guía y Moya albergaban las siguientes plazas e iglesias que visitarían los hermanos Navarro. Los últimos pagos de su odisea fueron Arucas, Firgas y Teror, para posteriormente poner rumbo de nuevo hacia Valleseco.
En el ejercicio de resistencia hubo «momentos impresionantes y otros no tan bonitos». Los hermanos cuentan que donde peor lo pasaron fue en la zona de Barranquillo Andrés, en el municipio de Mogán, debido a que la carretera no se encuentra en las mejores condiciones. «La bici se nos trancaba cada dos por tres y nos vimos bastante apurados ahí», explican.
En esos instantes donde las fuerzas fallaban, con más de una docena de municipios dejados atrás, era el momento de alentarse entre ellos para no decaer en el intento de concluir la ‘Ruta 21’. «Quien tuvo más bajones fui yo, ya que venía de la lesión y apenas había entrenado. Mi hermano se ponía delante de mí y era quien me empujaba a seguir. Está en una forma increíble encima de la bici», rememora Aythami.
Al llegar delante de cada una de las 21 iglesias quisieron inmortalizar cada momento con una instantánea, consiguiendo un total de veintidós fotos -contando con las imágenes tanto de la salida como de la llegada a la plaza de San Vicente Ferrer- que en un futuro les hará recordar todas las aventuras, anécdotas y la satisfacción de haber superado un reto mayúsculo, con el valor añadido de haberlo podido hacer con «mi otra mitad», como describe Aythami a su hermano Yosimar.
Al final, la tristeza y decepción por no haber podido acudir como habitualmente venían haciendo al Campeonato Europeo de Duathlon en Girona se convirtieron en lágrimas de alegría y emoción al haber logrado concluir la ‘Ruta 21’. «Sentimos que nuestra familia y los vecinos de Valleseco nos llevaron en volandas en todo momento», señalan ambos.
Ni el apabullante calor, ni los fantasmas de haber tenido una lesión muscular, ni los contratiempos ocurridos durante la travesía impidió que los hermanos Navarro llegasen con una sonrisa de oreja a oreja al punto en el que partieron.