Hubo un tiempo en el que un Celta-Osasuna no era solamente un partido de Primera División. A comienzos de la temporada 2001-02, la visita del conjunto gallego a El Sadar estuvo marcada por un enfrentamiento que había comenzado semanas antes y que tenía como protagonista a un joven portero formado en Tajonar: Manolo Almunia.
El denominado ‘caso Almunia’ nació de una circunstancia contractual que permitió al Celta hacerse con los servicios del guardameta sin abonar una cantidad a Osasuna. El club navarro consideraba que el futbolista seguía vinculado a la entidad hasta 2005 y entendía que el conjunto vigués había aprovechado un vacío o circunstancia legal para hacerse con él.
De Oberena a Tajonar
Manuel Almunia había llegado a Osasuna en 1997 procedente de Oberena. Después de una primera temporada en el Promesas, el guardameta amplió en octubre de 1998 su vinculación con el club navarro por tres temporadas más. Su contrato pasó a extenderse hasta 2005 y su cláusula de rescisión alcanzó los 800 millones de pesetas. (Navarra.com)
El problema llegó con las cesiones. Durante la temporada 2000-01, Almunia jugó cedido en el Sabadell, en Segunda B. Para poder hacerlo, Osasuna tuvo que modificar su situación contractual: la normativa federativa de entonces no permitía que los jugadores con ficha profesional dispusieran de licencia profesional en Segunda B, por lo que el portero pasó a tener ficha de aficionado durante aquella cesión. Fue precisamente esa circunstancia la que abrió la puerta a su salida.
El Celta encuentra la vía
El Celta se interesó por Almunia y aprovechó que el guardameta se encontraba en aquella situación contractual. Según la información publicada entonces, el club vigués pudo incorporarlo sin pagar una cantidad por su salida, pese a que Osasuna entendía que el jugador tenía un compromiso vigente con la entidad navarra hasta 2005.
El Celta presentó oficialmente a Almunia en julio de 2001 como nuevo jugador para las siguientes cinco temporadas. En aquel momento, el club gallego sostenía que el portero había quedado libre el 30 de junio, mientras Osasuna defendía que conservaba derechos sobre él por un compromiso firmado anteriormente. El propio secretario técnico del Celta, Félix Carnero, manifestó entonces su intención de alcanzar un acuerdo amistoso con Osasuna para que el club navarro se sintiera compensado y mantener las buenas relaciones entre ambas entidades. El problema era que Osasuna no estaba dispuesto a aceptar la operación sin más.
Miranda exige una compensación
El presidente rojillo, Javier Miranda, convirtió el asunto en una cuestión de principios. En julio de 2001, durante una Asamblea de la Liga de Fútbol Profesional, se reunió con el presidente del Celta, Horacio Gómez, y le reclamó 200 millones de pesetas por el fichaje de Almunia. Miranda llegó a advertir de que, si el club vigués no atendía la petición, Osasuna estaba dispuesto a llevar el asunto a la justicia ordinaria.
La tensión llegó a tal punto que el presidente osasunista anunció públicamente que habría un ambiente especialmente hostil cuando el Celta visitara Pamplona. En una reconstrucción posterior del episodio, además, se recoge que Miranda llegó a reclamar unas 300 millones de pesetas, cantidad que vinculaba al valor que Osasuna atribuía al jugador y a la operación.
Un fichaje que incendió la relación entre los clubes
El conflicto no se limitó a los despachos. En agosto de 2001, con el primer Osasuna-Celta de aquella temporada a las puertas, la tensión entre las dos entidades era evidente.
Osasuna consideraba que el Celta había aprovechado la situación contractual del portero para llevárselo sin pagar traspaso, mientras el club gallego se acogía a la situación legal en la que se encontraba el jugador después de su cesión al Sabadell. El enfrentamiento llegó incluso a afectar a las relaciones institucionales. Según la información publicada antes del partido, no estaba prevista la tradicional comida entre las directivas de ambos clubes. El asunto ya había dejado de ser únicamente una disputa por un futbolista y se había convertido en un desencuentro entre las dos entidades. El propio Miranda resumió entonces el sentimiento de Osasuna con una frase que quedó asociada al episodio: quería que El Sadar fuera un “infierno” para el Celta por lo ocurrido con Almunia.
La paradoja: Almunia ni siquiera llegó a jugar con el Celta
El caso todavía tuvo una particularidad llamativa. Aunque el Celta había fichado a Almunia, el guardameta no llegó a disputar un solo minuto oficial con el conjunto vigués.
El club lo incorporó en 2001, pero posteriormente fue cedido. Primero jugó en el Eibar, después en el Recreativo de Huelva y más tarde en el Albacete. En 2004 llegó al Arsenal, donde desarrollaría la etapa más importante de su carrera. El propio Almunia explicó años después que, cuando el Celta lo fichó, contaba con Cavallero y Pinto como porteros y que, pese a pertenecer al club gallego, fue cedido apenas dos días antes de comenzar la Liga.
Su trayectoria posterior convirtió aquel episodio en una de las historias más singulares de la cantera rojilla: Osasuna perdió a un portero que tenía vinculado contractualmente hasta 2005, el Celta se hizo con él sin pagar un traspaso y, finalmente, Almunia terminó convirtiéndose en guardameta del Arsenal y disputando la final de la Champions de 2006.