En 1941, una joven familia formada por un médico y una profesora se instalaron en Turís, Valencia. Se habían conocido en Aielo de Malferit, cuando él fue a pasar revisión a los niños de un colegio en el que ella trabajaba. Un día todo parece que va a ser como el anterior y, de repente, un encuentro fortuito te cambia la vida. Ya casados y con dos hijas, ambos pudieron hacer coincidir sus trabajos en Turís, donde alquilaron esta casa, que comprarían más adelante. Eran los abuelos de Nilda Andreu (Valencia, 54 años), que ahora vive en ella de forma permanente.

Interior de la casa de Nilda Andreu rehabilitada en Turís.Raúl Belinchón

Al jubilarse, sus abuelos se trasladaron a Valencia, así que la vivienda quedó como casa de vacaciones y de encuentro para toda la familia. Nilda Andreu y su hermano pasaban de pequeños los veranos aquí. Ella, con el tiempo, empezó a venir también los fines de semana durante el resto del año. Su apego a la casa y a Turís siempre fue fuerte. “Por mis abuelos ha pasado todo el pueblo… Él los traía al mundo, porque era cuando aún se asistía a los partos en las casas. Y, luego, mi abuela los educaba. Aquí, todos son hijos de ellos dos”, se ríe.

Los abuelos, tras comprarla, hicieron una ampliación hacia el patio, agregando un volumen interior a la vivienda original, que era la típica casa tradicional valenciana, con su gran portón y distribución a dos manos más un patio al fondo. En esta parte más antigua de la vivienda con fachada a la calle, el médico instaló su consulta, en la que el paso central, con su característico arrimadero revestido de cerámica, hacía de sala de espera.

La puerta de acceso al patio es la original de la vivienda. Raúl Belinchón

La planta superior funcionaba como cambra para almacenar la cosecha, el aceite o los productos de matanza. La ampliación interior era donde hacía vida la familia. Su diseño no tenía mucho que ver con la vivienda original y, si bien había cumplido con las necesidades de los abuelos, con el tiempo se había quedado obsoleto y acusaba el deterioro de una mala construcción con mucha necesidad de mantenimiento.

Entrada con esculturas y cerámicas originales. Raúl Belinchón

“La casa ya no estaba habitable”, reconoce Nilda. “Cada vez que veníamos en vacaciones teníamos que arreglar cosas. No se le había hecho nada en mucho tiempo. Era venir y ponerte a hacer obras. Así que llegó un momento en el que nos planteamos hacer una reforma completa”. De este modo, no solo frenarían su deterioro, sino que también podían aprovechar para adecuarla como lugar de encuentro para toda la familia, adaptándola a sus necesidades actuales. De no haberlo hecho, quizá hubieran terminado vendiéndola, a pesar de su valor sentimental. Y eso era una pérdida por la que Nilda no estaba dispuesta a pasar no solo por mantener el legado y la cohesión de la familia, que viven en distintos lugares, sino también porque su propia historia empezaría a ­desvanecerse.

El proyecto ideado por el arquitecto Jose Costa (Alzira, 48 años) planteaba, en primer lugar, dar un sentido a todo aquello, porque la casa había terminado por convertirse en una extraña amalgama de funciones y añadidos desvinculados. En segundo lugar, había que adaptarla a la configuración actual de la familia y cómo la usarían desde un punto de vista realista, proyectándola con una cierta flexibilidad para que se pudiera adecuar a otras funciones o cambios futuros. “El reto estaba en conseguir que una casa de casi 300 metros cuadrados se encogiera durante buena parte del año, porque ahí solo iba a vivir de manera permanente una persona”, apunta Jose Costa.

Nilda Andreu, en la escalera diseñada por Jose Costa.Raúl Belinchón

Así, el volumen de la vivienda tradicional fue transformado en las habitaciones de todos aquellos que solo van a Turís en vacaciones, a temporadas o de visita. Las antiguas estancias de la consulta del médico en la planta baja pasaron a ser las de los más mayores: la tía y los padres de Nilda. La cambra de la planta superior se convirtió en las habitaciones del hermano de Nilda y sus hijos.

Si bien el área de la vivienda tradicional fue, sobre todo, redistribuida, lo que sufrió una mayor transformación fue el volumen interior que habían añadido los abuelos, cuya construcción, quizá por la época, no era de buena calidad. Fue demolido y se volvió a construir respetando la planta baja como zona social, pero destinando su área superior a la habitación de Nilda. Una nueva escalera curva mejoraría la espacialidad y la circulación de toda la planta de arriba, aterrizando hacia el dormitorio de Nilda en un distribuidor que funciona como una zona de descanso con un office, y que hace de enlace hacia las habitaciones del hermano y sus hijos. “Antes la escalera era solo un tramo y te dejaba mirando a la cambra”, explica Jose Costa.

El patio cuenta ahora con una piscina estilo alberca.Raúl Belinchón

Al demoler y rehacer el añadido interior, Jose Costa aprovechó para mejorar su diseño y abrir la vivienda más al patio. Por un lado, incluyó un lucernario, que dota a la cocina de la planta baja de luz natural. Configuró su zona social con una mayor conexión con el exterior, incluyendo nuevos vanos. En el nivel superior diseñó una suite para Nilda, con una terraza y vistas al patio.

Al tiempo que la casa iba tomando mucho más sentido espacialmente, de distribución y diseño, ella hizo de guardiana de la memoria salvando de la demolición diferentes elementos e incluyendo detalles que evocaran la casa de los abuelos: recuperó puertas y tiradores, que reutilizó en las nuevas habitaciones de otro modo; restauró mobiliario, incluso el de la sala de espera, con acabados más contemporáneos; rescató azulejos, algunos de los cuales podrían datar del Barroco, usándolos a modo de tapices, alfombras o paños; no dejó que el color verde menta de las paredes de la casa de sus abuelos se perdiera, utilizándolo en zonas puntuales como acento.

Detalle de una librería que recorre las dos plantas.Raúl Belinchón

Esta complicidad para desarrollar el proyecto entre ambos, con la sensibilidad que Nilda precisaba, nace de la evolución personal y como arquitecto que Jose Costa experimentó durante los años que vivió en Brasil, antes de establecerse en Valencia en 2014. “En Brasil pasé por un proceso de deconstruirme, abordando otras cosas que me interesan y que tienen más que ver con el ser humano, con la emoción, con la sensibilidad… y no tanto con geometrías abstractas desde las que componer una arquitectura, como si fuera un objeto de diseño alejado de la percepción humana o el paisaje”, afirma. “Mi arquitectura tiene mucho que ver con el contexto, es lo que te va guiando. Si hay una preexistencia, como pasa en esta casa, hay que construir el proyecto desde esa historia”.

Fachada de la casa rehabilitada en Turís.Raúl BelinchónLa escalera curva diseñada por Jose Costa mejora la circulación entre la vivienda antigua y la nueva intervencióN.Raúl BelinchónLos azulejos en uno de los baños podrían datar del Barroco. Raúl BelinchónReja y tirador original.Raúl BelinchónLa casa cuenta con elementos evocadores de la historia de la familia. Raúl BelinchónTiradores originales. Raúl BelinchónNilda Andreu ha conservador el tono verde presente en el diseño original de la casa.Raúl Belinchón Detalles interiores de la casa.Raúl Belinchón