Redacción
Un nuevo tratamiento con radiofármacos podría ofrecer una alternativa para el abordaje del cáncer de próstata metastásico. Un ensayo clínico de fase 3 ha mostrado que incorporar esta terapia al tratamiento habitual reduce un 28% el riesgo de progresión de la enfermedad o muerte cuando se administra poco después del diagnóstico de la enfermedad metastásica, informa Europa Press.

Los resultados proceden del ensayo PSMAddition, publicado en The Lancet y liderado por investigadores de Weill Cornell Medicine, NewYork-Presbyterian, Memorial Sloan Kettering Cancer Center y otras instituciones. El estudio evaluó lutecio-177 vipivotida tetraxetán (177Lu-PSMA-617) en pacientes con cáncer de próstata metastásico cuyos tumores expresaban el antígeno de membrana específico de la próstata (PSMA).

El ensayo reunió a más de 1.100 pacientes con cáncer de próstata PSMA-positivo procedentes de 20 países y que habían recibido un tratamiento mínimo o no habían sido tratados previamente. De forma aleatoria, la mitad recibió este radiofármaco junto con terapia de privación de andrógenos (TPA) y un inhibidor de la vía del receptor de andrógenos (ARPI), mientras que el resto continuó con el tratamiento estándar basado únicamente en TPA y ARPI.

El ensayo se dividió en dos grupos donde los pacientes del grupo de control tenían la posibilidad de cambiar a la triple terapia si su enfermedad progresaba

Los pacientes del grupo de control tenían la posibilidad de cambiar a la triple terapia si su enfermedad progresaba. La incorporación de este radiofármaco redujo en un 28% el riesgo de progresión, determinada mediante exploraciones, o de muerte cuando se administró poco después del diagnóstico del cáncer metastásico.

«Aproximadamente nueve de cada diez pacientes con cáncer de próstata metastásico presentan tumores positivos para PSMA«, ha señalado Scott Tagawa, autor principal del estudio, profesor de Hematología-Oncología en Weill Cornell Medicine y director del Programa de Oncología Genitourinaria en el Centro Médico NewYork-Presbyterian/Weill Cornell.

Además de retrasar la progresión del cáncer, lutecio-177 vipivotida tetraxetán prolongó el periodo hasta la aparición de resistencia al tratamiento y la necesidad de modificar la terapia. Asimismo, permitió retrasar la aparición de síntomas relacionados con las metástasis óseas.

Por otro lado, los pacientes que sí recibieron radiofármacos registraron una mayor frecuencia de acontecimientos adversos, un resultado esperado al combinar los tres tratamientos. La sequedad de boca fue el efecto secundario más habitual y afectó al 46% de los pacientes. A su vez, la fatiga también se presentó de forma habitual en ambos grupos.

Además de retrasar la progresión del cáncer, lutecio-177 vipivotida tetraxetán prolongó el periodo hasta la aparición de resistencia al tratamiento y la necesidad de modificar la terapia

Actualmente, los investigadores continúan con el seguimiento de los participantes para analizar los resultados a largo plazo, incluida la supervivencia global, así como los posibles problemas de seguridad derivados del uso prolongado de esta estrategia terapéutica.

Este radiofármaco se redirige contra la proteína PSMA, que se encuentra presente en la superficie de las células del cáncer de próstata, e incorpora un compuesto radioactivo que lleva la radiación directamente hasta las células tumorales, lo que permite limitar en gran medida la exposición de los tejidos sanos.

A su vez, lutecio-177 vipivotida tetraxetán ya había demostrado beneficios en pacientes con cáncer de próstata metastásico resistente al tratamiento y recibió en 2022 la aprobación para esta indicación. Posteriormente, los resultados del ensayo y los análisis realizados llevaron a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) a autorizar a finales de julio su uso en fases más tempranas en pacientes con cáncer de próstata metastásico positivo para PSMA.

La complejidad de la terapia condiciona su acceso

Los investigadores señalan que esta terapia puede no ser la mejor opción para todos los pacientes. Su administración requiere especialistas en medicina nuclear o radiooncología, además de pruebas de imagen específicas para identificar a los pacientes que pueden recibir el tratamiento.

Aunque este tipo de atención suele estar disponible en centros médicos académicos, los pacientes que viven en zonas con pocos especialistas pueden tener que desplazarse largas distancias. Además, deben tenerse en cuenta determinadas precauciones de seguridad asociadas a las radioterapias para evitar la exposición de otras personas del entorno del paciente.