Ese día, Luis Rosales recibió el Premio Cervantes. La instantánea muestra al poeta e intelectual junto a su mujer, Maruca, y su hijo, Luis, con don Juan Carlos y doña Sofía y las infantas Elena y Cristina. “Estábamos muy emocionados, naturalmente. En un momento dado los reyes nos pasaron a la parte privada del palacio de la Zarzuela para hablar a solas. Allí vi muy claramente el cariño y el respeto que tenían a mis padres. Me gustó mucho y lo aprecié más”, dice.

El galardón más importante de las letras hispánicas restituyó definitivamente la figura de Rosales, aunque no estuvo exento de polémica. “Todo se olvida pronto. Cuando le dieron ese premio, quitándoselo a [José] Bergamín, este dijo aquello tan gracioso: ‘Se lo tiene merecido’, pero lo cierto es que lo merecía tanto o más que Bergamín, y más que muchos a los que luego se lo han dado”, apunta Andrés Trapiello.

El autor de Las armas y las letras, un libro de culto sobre literatura y la guerra civil, “sobre los intelectuales que ganaron la guerra pero perdieron la Historia”, me dice que Luis Rosales perteneció al bando de los desengañados. “Fue una figura trágica, el reverso de la tragedia de Lorca”.

—¿Cree que las circunstancias que rodearon a la detención y posterior asesinato de Lorca han sido aclaradas del todo?

—Más o menos. No creo que se lleguen a saber muchas más cosas importantes, porque ya hace mucho murieron los testigos directos de aquello. Ahora, las interpretaciones y el mito seguirán siempre.

Imgenes familiares

Imágenes familiaresSilvia de la Rosa

Hay quien cree que Luis Rosales vivió atormentado, convencido de que podría haber hecho algo más para salvar a su amigo. “El único que tenía sensación de peligro era él”, decía sobre los días previos a la muerte de Federico, cuando los dos pasaban la noche hablando de literatura. “Oía la radio, me daba las noticias”. Hace justo un año la profesora de la Universidad de Barcelona Noemí Montetes-Mairal encontró un manuscrito en el Archivo Histórico Nacional. Una obra titulada ¿Por qué?, “protagonizada por un hombre de familia burguesa con conexiones en las altas esferas que delata a otro que se encontraba refugiado en su casa”, resume el periodista Rodrigo Naredo. Según Montetes-Mairal, la obra es solo “la evidencia de la carcoma incansable de la culpa, que le roía entonces y le roería siempre, pese a su innegable inocencia, porque él estaba vivo, mientras que Lorca había muerto. Es la culpa del superviviente, del que cree que debería haber hecho más. Y se castiga incansablemente por ello”. “Ya lo he dicho yo y también se lo dijeron a mi padre y a Alfonso Moreno sus amigos de la revista Escorial, del grupo de Burgos, que la obra no era buena. Mi amiga Noemi piensa lo contrario; lo respeto, aunque no lo comparta totalmente”, zanja Rosales Fouz.