Lo hemos visto en mil películas, pero no recordamos que una de las primera veces que un eclipse funcionó como ‘deus ex machina’ salvador del … héroe fue en una historieta de Tintín, ‘El templo del sol’, publicada por Hergé en 1946. Tintín, el capitán Haddock, el profesor Tornasol y Milú van a ser incinerados en una pira por los indios de los Andes. La encenderá el Sol a través de una lupa gigante. Sin embargo, el bravo reportero sabe que se va a producir un eclipse y elige ese día y esa hora para la ejecución. «¡Gracias, oh, astro soberano! Has escuchado mi súplica y tus rayos empiezan a apagarse…», exclama teatral Tintín. El Sol se oculta y los aterrados nativos ruegan al condenado que vuelva a lucir. Salvados.
Sin duda, Hergé había leído ‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’, la novela satírica que Mark Twain escribió en 1889 y en la que su protagonista, trasladado de la América del siglo XIX a la Edad Media europea, también se salva de la quema gracias a su conocimiento del momento exacto en el que se va a ocultar el sol. De sus varias adaptaciones al cine nos quedamos con el musical de la Paramount de 1949, con Bing Crosby como el industrial de Connecticut que gracias a su erudición se gana el favor del rey Arturo y la animadversión del mago Merlín.
Sí. Conocer las leyes de la astrofísica ante una turba inculta tiene sus ventajas. Garra de Jaguar, el protagonista de ‘Apocalypto’, de Mel Gibson, también se libra de morir sacrificado en la América precolombina gracias a un eclipse solar. Los sacerdotes interpretan el milagro como una señal del dios del Sol, aunque Gibson insinúa que los captores también sabían que se iba a producir, no en vano los mayas elaboraban su calendario en base a los ciclos del astro y predecían los eclipses solares –a los que llamaban ‘sol roto’– mediante tablas matemáticas.

En ‘Apocalypto’ un eclipse salvador se interpreta como señal de los dioses.
El cinematógrafo logra la ilusión del movimiento gracias a la luz y las sombras, la esencia pura de los eclipses, que en las películas sirven como augurio, anuncio o amenaza. Por eso Stanley Kubrick incluye en la magna ‘2001: Una odisea del espacio’ la alineación del Sol, la Luna y la Tierra junto al monolito, mientras suena ‘Así habló Zaratustra’, de Richard Strauss. Es el preludio de ‘El amanecer del hombre’, el asombro y la indefensión del ser humano ante unas leyes del universo que todavía no comprende.
Homoerótico Méliès
‘El eclipse: el cortejo entre el Sol y la Luna’ es el título del cortometraje realizado por Georges Méliès en 1907 y que tiene el honor de ser la primera película que muestra el fenómeno astronómico. El propio pionero del cine interpreta a un viejo astrónomo de larga barba blanca, que explica a sus aburridos alumnos la dinámica de un eclipse. Solo que los cuerpos celestes toman la forma de rostros humanos que realizan gestos libidinosos y obscenos de caracter homoerótico. En el cénit de la superposición de astros, la Luna experimenta un orgasmo y el Sol se desacopla con el alivio de quien ha eyaculado. A ver quién supera al mago Méliès, que cinco años antes ya había viajado a la Luna.
Otro largometraje que ha pasado a la historia de los eclipses por capturar uno real es ‘Barrabás’, superproducción bíblica que toma su nombre del ladrón que fue indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo. Su director, Richard Fleischer, se empeñó en rodar el eclipse solar que tuvo lugar el 15 de febrero de 1961 desde las colinas de Roccastrada, en la Toscana italiana. El fondo perfecto para la escena de la crucifixión, que debía filmarse a la primera toma durante poco más de dos minutos. Sin efectos especiales ni trucos de cámara. Más de medio siglo después, Dennis Villeneuve también aprovechó un eclipse solar parcial desde el desierto de Jordania en ‘Dune: parte dos’, aunque añadió digitalmente una segunda luna.

Richard Fleischer rodó en ‘Barrabás’ un eclipse de sol real el 15 de febrero de 1961 en la Toscana italiana durante la escena de la crucifixión.
Cuando Grace Kelly aparece por primera vez en ‘La ventana indiscreta’, Hitchcock la rueda, según confesión propia, «como si fuera un eclipse», inclinándose y proyectando su sombra sobre James Stewart. Ocultación y deslumbramiento. No es gratuito que Michelangelo Antonioni bautizara ‘El eclipse’ una de sus cintas más celebradas, la crónica de la ruptura entre una mujer (Monica Vitti) y un hombre (Francisco Rabal) al que ha dejado de amar. Conocerá entonces a un agente de bolsa (Alain Delon), por el que se siente atraída a pesar de su carácter cínico y egoísta. A su última cita no acude ninguno de los dos, porque saben que ese amor no tiene sentido. Antonioni cierra el filme con un inmenso círculo blanco, el primer plano de una farola, que hace pensar en un eclipse solar, aquí símbolo de la incomunicación.
La lista de títulos de cine fantástico que echan mano de los eclipses es interminable. Hasta Álex de la Iglesia se sirve de un eclipse de luna sanguinolenta en una de sus comedias más redondas, ‘Perfectos desconocidos’, introduciendo un elemento desestabilizador afín a su mundo en el primer ‘remake’ de su filmografía. Dos de las novelas de Stephen King llevadas al cine, ‘El juego de Gerald’ y ‘Dolores Claiborne’ (en España ‘Eclipse total’), también eran el trasfondo de las desdichas de los protagonistas. Si en ‘Hellboy’ era la llave para abrir las fuerzas del Averno, en ‘Pitch Black’ la supervivencia en un planeta hostil depende de un eclipse que sucede cada 22 años y que libera a las criaturas nocturnas. En la tercera entrega de la saga ‘Crepúsculo: Eclipse’, nuestro Javier Aguirresarobe fotografiaba el triángulo amoroso entre Bella, el vampiro y el chico-lobo en un folletín para adolescentes con un mensaje conservador a favor de la castidad.

Álex de la Iglesia introdujo en ‘Perfectos desconocidos’ un elemento fantástico, un eclipse de luna sanguinolenta, en una de sus comedias más redondas.
¿Qué película aprovecha el lirismo del día que se convierte por unos segundos en noche? Sin duda, la maravillosa ‘Lady Halcón’, de Richard Donner, protagonizada por Michelle Pfeiffer y Rutger Hauer, ambos en el culmen de su belleza a mediados de los 80. Una maldición pesa sobre los dos amantes: ella es halcón durante el día y él, lobo de noche. Solo el tiempo en suspenso de un eclipse solar hará coincidir la forma humana de ambos. Por una vez, la sombra es benefactora, a diferencia de filmes terroríficos como ‘Darkness’ y ‘Venus’, ambos de Jaume Balagueró, o ‘Verónica’, de Paco Plaza, ambientada en Vallecas durante el eclipse de 1991 e inspirada en el único atestado de la Policía española que recoge fenómenos sin explicación.

‘Hellboy’. El eclipse de luna como señal para abrir un portal al Averno.
En cualquier caso, conviene recordar el capítulo de la vigésima temporada de ‘Los Simpson’ que se ha hecho viral estos días, en el que Marge pierde temporalmente la vista tras contemplar un eclipse en Springfield por culpa de un artilugio casero pergeñado por Homer. Ya lo advertía en el mismo capítulo el presentador de las noticias: «Un eclipse solar es como una mujer amamantando en un restaurante. Es gratis, es hermoso, pero bajo ninguna circunstancia hay que mirar».