La Dra. Nuria Pérez Robayna, dermatóloga del Hospital Universitario Hospiten Rambla, señala que es clave realizar autoexploraciones en la piel de forma periódica para poder descubrir posibles nuevas lesiones o lunares que presenten signos de alarma. Entre los principales indicadores a los que se debe atender se encuentran los conocidos como signos `ABCDE’: asimetría, bordes …
La Dra. Nuria Pérez Robayna, dermatóloga del Hospital
Universitario Hospiten Rambla, señala que es clave realizar autoexploraciones
en la piel de forma periódica para poder descubrir posibles nuevas lesiones o
lunares que presenten signos de alarma.
Entre los principales indicadores a los que se debe atender
se encuentran los conocidos como signos `ABCDE’: asimetría, bordes irregulares,
cambios o variedad de color, diámetro superior a cinco o seis milímetros y
evolución de la lesión. Además, la dermatóloga destaca otros signos como la
inflamación, el sangrado frecuente, el aumento de volumen o un crecimiento
rápido.
La especialista recuerda también la importancia del
denominado `signo del patito feo’, que hace referencia a aquellos lunares o
lesiones que destacan por ser diferentes al resto de las existentes en la piel
y que, por ese motivo, deben ser valorados por un especialista.
La prevención, clave frente al melanoma y otros cánceres de
piel
El melanoma es el tipo de cáncer de piel con peor
pronóstico, por lo que su detección temprana resulta fundamental. No obstante,
existen otras lesiones cutáneas que también requieren atención, como las
queratosis actínicas o el carcinoma basocelular, que pueden manifestarse, por
ejemplo, como heridas que no terminan de cicatrizar o lesiones similares a una
descamación que reaparece de forma persistente.
«Ante cualquier cambio o lesión que nos resulte anómala o
extraña, debemos consultar con un especialista», señala la Dra. Pérez Robayna.
La experta afirma que en los últimos años se ha observado «un aumento de los
diagnósticos de cáncer cutáneo y melanoma, que podría estar relacionado tanto
con una mayor exposición solar acumulada a lo largo de la vida como con el
envejecimiento de la población», pero que cada vez se diagnostican más casos en
fases iniciales gracias a una mayor concienciación en la población y a la
consulta temprana.
Protección solar durante todo el año
La dermatóloga insiste en que la fotoprotección debe formar
parte de la rutina diaria, sobre todo en territorios como Canarias, donde la
radiación solar está presente durante todo el año.
Por eso mismo, recomienda utilizar a diario protección solar
adecuada, preferiblemente con un factor alto, y complementarla «con medidas
físicas como gorras, gafas de sol, camisetas o sombrillas, especialmente
durante actividades al aire libre», una serie de medidas que recalca que es
«fundamental transmitir su importancia desde edades tempranas», asegura.
La especialista afirma que los menores de seis meses no
deben exponerse al sol y que las quemaduras solares durante la niñez y la
adolescencia están relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar cáncer
cutáneo en la edad adulta. Asimismo, las personas con tez clara presentan una
mayor predisposición a sufrir quemaduras solares y, con ello, un mayor riesgo
de desarrollar tanto melanoma como otros tipos de cáncer de piel.
La doctora también apunta que, aunque el sol contribuye a la
producción de vitamina D, la exposición habitual durante las actividades
cotidianas suele ser suficiente para la mayoría de las personas. «En caso de
déficit de vitamina D, es preferible recurrir a suplementos indicados por
profesionales sanitarios antes que recomendar una exposición solar excesiva, ya
que esto puede aumentar los riesgos asociados a la radiación ultravioleta»,
afirma.
La radiación ultravioleta sigue siendo el principal factor
de riesgo
La Dra. Pérez Robayna recuerda que la radiación
ultravioleta, en concreto la B, es el principal factor relacionado con el
desarrollo del cáncer de piel, ya que puede provocar alteraciones en el ADN de
las células cutáneas.
Por ello, recomienda aplicar crema fotoprotectora antes de
salir de casa, renovarla aproximadamente cada dos horas y repetir su aplicación
tras sudar, bañarse en la playa o piscina.
La especialista añade sobre el uso habitual de pantallas que
«la exposición prolongada a la luz azul puede favorecer la aparición de
alteraciones de pigmentación, como el melasma», aunque insiste en que el
principal riesgo para la aparición del cáncer de piel continúa siendo la
radiación ultravioleta.