“La boca de Ana está hecha para el entrecejo de Boye”. Así de sencillo y así de complejo. Hace poco, una de las directoras de la serie Yo siempre a veces, estrenada el pasado mes de abril en Movistar Plus, le dijo a David Menéndez (37 años Barcelona), alias Boye, que esa había sido una de las razones para escogerlos como pareja protagonista. “Pensé, primero, que era una pedazo de barra y, segundo, que desde dirección nos ven como formas. En un casting mi entrecejo es perfecto y en otro hace que no me den nunca el papel. Es muy duro, pero, como actor, eres un cuerpo y te tienes que entregar a eso o mueres”, recuerda.
Menéndez lo dice sin acritud, con total conocimiento de un oficio al que ha dedicado casi toda su vida. “Yo soy intérprete, me gusta ser un perro al que mandan. Toda la vida mi madre me decía: ‘Ve allí y haz esto’, y yo lo hacía sin pensar, con una inocencia que me gustaba mucho”, añade. Antes de esta serie —donde interpreta a Rubén, un padre joven recién separado y medio desentendido, tan odiable como entrañable—, pasó más de una década dedicado al teatro mientras levantaba una carrera musical y luchaba por abrirse paso en el audiovisual, sin importar lo pequeños que fuesen los papeles. Basta echar un vistazo a su perfil de IMDb, la base de datos cinematográfica más conocida de internet, para comprobar que la suya es una de esas carreras de fondo forjada a fuego lento con papeles como “Cabo 3 Alfonso” en la película As Bestas o “empleado área sándwich” en la serie Foodie Love.
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“Me enorgullece estar aquí ahora. Como actor, pasas muchos años luchando e interpretando personajes más pequeños hasta que te aparece una papel como este, que te permite ponerle cara a un debate social y mostrar todas tus virtudes y defectos”, reconoce. En su manera de discurrir hay algo absorbente. No solo por lo que dice, sino por cómo lo dice. Menéndez habla con un acento particular, a medio camino entre la musicalidad del catalán y la franqueza del navarro. Una dualidad que descubrió desde bien pequeño de la mano de una anciano barrigón manchado de carbón —“Por Navidad, en mi casa, nunca venía el Caga Tió, como en el resto de Cataluña, sino el Olentzero”, recuerda— y que, de mayor, le convirtió en un artista alérgico a cualquier etiqueta limitante
De la rama navarra de su familia, la materna, heredó un pueblo, Zúñiga, donde siempre ha tenido su cuadrilla, pero, sobre todo, un guardián omnisciente para toda su carrera. “Mi tío Fernando murió de sida con 36 años, los mismos que tengo yo ahora. Todo el mundo me dice que me parezco mucho a él y yo creo que, aunque solo lo conocí tres años, tengo algo suyo. En como pienso, lo que leo… él era artista, un hombre muy avanzado para la época. No fue alguien que triunfase mucho, pero triunfó entre la gente, entre las mujeres. Mi madre le adoraba y yo tengo sus cuadros en mi casa”, cuenta.
David Menéndez, ‘Boye’, lleva camisa y pantalón Emporio Armani y sus propias joyas.Pablo Zamora
En cambio, de la rama catalana de su familia, la paterna, heredó una ciudad: Barcelona. Allí se crio y, mucho antes de conquistar sus teatros, con solo 16 años, ya se hizo con sus calles lanzándose a rapear con sus amigos. “Queríamos pasárnoslo bien no solo liándola, sino construyendo palabras e imágenes. La gente se emocionaba con mis letras y dije: ‘Aquí hay algo”, señala. Con los años, esa inquietud le llevó a escribir sus propios textos teatrales, primero, y sus propias letras, después.
Bajo el pseudónimo de BOYE, un derivado del clásico “¡Oye!” con el que saludaba a sus colegas, comenzó un proyecto musical que en 2024 tomó, por fin, la forma de su primer álbum, A dónde vais?. En sus temas, rapea, disecciona y desmonta, con un desbordante sentido del humor, las imposturas del mundo que le rodea. Que no son pocas. Sobre todo, en lo que respecta a su ciudad natal: “Soy artista en Barcelona con todo lo que eso conlleva. Años y años de precariedad, que no te paguen los bolos, no poder pagar tú las facturas, los alquileres carísimos, los precios que ya no son para la gente de la ciudad…”.
“Estar toda la vida trabajando para vivir en una casa de mierda es una tristeza muy grande con la que te levantas cada día. La precariedad te aplasta como si fueras una hormiga, pero luego yo me miro al espejo y quiero disfrutar de la vida. La sonrisa no me la va a quitar nadie, pero la lucha tampoco”, defiende. Esa cara menos amable de la ciudad, que asfixia a los vecinos y atraviesa transversalmente todos los ámbitos de sus vidas, es precisamente la que retrata Yo siempre a veces. Pero ese no es el único motivo por el que la serie, que ganó el premio a mejor guion en el pasado festival de series de Cannes, se ha convertido en uno de los proyectos más especiales de su carrera.
Primero porque supone su primer gran protagonista de televisión y el papel es toda una rara avis: un personaje que, como todos los de la historia, escapa de los lugares comunes asociados a la paternidad y sitúa permanentemente al espectador en una incómoda zona gris. “La serie es distinta, un poco más honda. La gente es mucho más inteligente de lo que parece, tiene hambre de historias con capas y pilla todos los matices que los actores le damos a los personajes. Esto es muy importante, si no acabaríamos solo haciendo series para tragar rápido y ver entre móvil y móvil ”, explica orgulloso.
Imagen de grupo de los talentos elegidos por ICON para la portada de junio de 2026. En la segunda fila, en cuarto lugar, David Menéndez ‘Boye’.Pablo Zamora
Segundo, por la experiencia de ponerse a las órdenes de un equipo liderado mayoritariamente por mujeres, desde el guion de Marta Bassols y Marta Loza a la dirección de Claudia Costafreda y Ginesta Guindal. “Se nota mucho la diferencia cuando son siete penes diciéndote algo o cuando son siete mujeres. Cuando las cosas van mal el hombre saca el ego y es más llamativo. Yo en las discusiones de algunos rodajes he pensado: ‘Se van a acabar pegando’ y eso no puede ser. Aquí pasaron otras cosas, pero hubo mucho más cuidado, escucha y entendimiento”, explica.
Pero, sobre todo, el proyecto ha sido transformador porque, más allá de su entrecejo y su relación con Barcelona, su personaje parecía escrito especialmente para él: el día en el que le llegó el papel de ese padre imperfecto se acaba de enterar de que iba a tener a su primer hijo. La serie se convirtió así en el ensayo perfecto para anticipar todos los retos y las sorpresas de la paternidad. “No lo había pensado tanto, pero nada más fui padre pensé en mi propio padre, cómo me cuidaba, como me hablaba… Me puedo llegar a emocionar con este ciclo. Ahora pienso: ‘Gracias, papi, y perdón si te he juzgado alguna vez’. Mi padre me ha cuidado muchísimo, pero no dejaba de ser un padre de otra generación”.
“Ahora es todo muy distinto. Hay una cosa muy cute en los padres que se encargan y rebajan ese ego masculino. El otro día me encontré a un padre intentando ponerse la mochila, le pregunté si quería ayuda y me dijo que sí. Fue como: ¡Somos papis! Ojalá fuese todo el rato así. Es difícil, pero creo que hay un resquicio de padres que entienden que tienen que estar siempre allí como las madres”. Al nacer su hijo puso en pausa su carrera: canceló su gira musical y bajó el ritmo en sus compromisos como actor. Y al retomarla parece que nada ha vuelto a ser igual. Hace poco lo descubrió, como no, en otro casting: “Me dijeron: ‘Oye te estás haciendo mayor’, y yo pensé en decirles: ‘Por supuesto que me estoy haciendo mayor, imbécil. La vida pasa. Suerte que me estoy haciendo mayor y no pequeño’. En un año y medio se lo diré.”