Los trabajos conservaron la estructura y buena parte de la organización interior, también se recuperaron pavimentos y carpinterías y las molduras permanecieron cuando su estado lo permitió. El resultado mantiene la altura de los salones y la escala de una residencia construida para recibir, aunque ahora las antiguas estancias públicas albergan la biblioteca o el bar. Las habitaciones ocupan la planta superior de la casona y continúan en la ampliación contemporánea.
Una colección formada en casas particulares
La transformación del edificio avanzaba mientras los propietarios decidían qué relación tendría el arte con los espacios. No encargaron una colección destinada a decorar el hotel, ¿para qué? Las obras ya formaban parte de sus vidas y muchas colgaban en sus propias casas. Cuando llegó el momento de llevarlas a Barranco, las retiraron de sus paredes y comenzaron a probar ubicaciones en la casona restaurada.
“Literalmente descolgamos piezas de nuestras propias paredes y las trasladamos al espacio del hotel”, cuenta Susana. “No había un plan preestablecido: cada espacio y cada obra se trataron de forma diferente, casi afectiva. La idea es que el huésped pueda convivir con el arte y acercarse a las piezas fuera de la distancia claramente definida que tendría en una galería”.

La nueva escalera cilíndrica articula la relación entre la casona restaurada y la ampliación levantada en el terreno colindante. Su trazado curvo se desarrolla alrededor de un vacío central que permite mirar hacia el patio y entender la superposición de niveles. Las barandillas metálicas, de líneas horizontales, distinguen esta intervención de las carpinterías históricas que aparecen al fondo. La escalera forma parte del trabajo realizado para adaptar el edificio a la circulación y los servicios requeridos por un hotel, una de las dificultades principales del proyecto. Bajo ella, el patio funciona como espacio de encuentro y establece una conexión visual continua entre las distintas plantas.
Morfi Jiménez Mercado / © Cortesía Hotel B
Actualmente, Hotel B reúne más de 400 obras. El acento principal corresponde al arte contemporáneo peruano, acompañado por piezas coloniales y precolombinas. La selección refleja el carácter de las colecciones privadas de sus propietarios, por lo que la heterogeneidad forma parte del origen del proyecto. La ornamentación francesa de Sahut convive así con obras creadas en épocas muy alejadas de 1914.
Un juego de prueba y error
Lucía recuerda que la decoración exigió muchas pruebas. “Las obras pueden conversar entre sí, incluso cuando son muy dispares, y cada espacio debe tener su propia personalidad. El asunto es encontrar el punto de tensión que permite sostener el diálogo entre diferentes épocas y forjar un relato común. Y eso es un juego de intuición, de prueba y error”. Las piezas cambiaban de lugar mientras galeristas y propietarios estudiaban cada sala junto al equipo de interiorismo.