
13/08/2026
Actualizado a las 11:05h.
Fotografiar un eclipse solar total no consiste simplemente en apuntar una cámara al cielo. Detrás de una imagen de apenas unos segundos hay meses de planificación, kilómetros de carretera, cambios de ubicación y una última batalla contra las nubes o cualquier elemento meteorológico que no sé puede controlar ni prever muchas veces.
Eso lo saben bien los fotógrafos canarios Nacho González Oramas y Ernesto Santana, que viajaron desde las islas hasta la península para capturar la totalidad del eclipse del 12 de agosto.
De Canarias a Palencia en busca del encuadre perfecto
Nacho González Oramas, fotógrafo profesional con más de 30 años de trayectoria, se desplazó hasta un pequeño pueblo de la provincia de Palencia. La localización inicial tuvo que cambiarse cuando descubrieron que una grúa arruinaba el encuadre previsto.
Con un teleobjetivo de 600 milímetros y filtros para proteger el equipo durante las fases parciales, esperó el momento clave. Durante la totalidad retiró el filtro y disparó.
Entonces ocurrió la transformación: el cielo se oscureció, aparecieron las estrellas y, durante apenas unos minutos, llegó el momento de hacer la fotografía.

Imagen de archivo de Nacho González Oramas en una exposición en Las Arenas.
(C7)
El resultado fue la imagen que este jueves ocupa la portada de la edición de papel de CANARIAS7.
«Cualquier eclipse es una decisión de riesgo y técnica», explica González Oramas. La meteorología y la elección del lugar podían decidirlo todo.

Imagen de la portada de CANARIAS7 este jueves.
(C7)
Un castillo, una alcaldesa y una última sorpresa
Para Ernesto Santana, la aventura comenzó prácticamente después de celebrar otro importante logro. El pasado viernes, junto a su compañero Nabil, se proclamó ganador del concurso del cartel del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria 2026.
«Ha sido terminar de celebrar la victoria y, sin aún creérmelo del todo, empezar esta aventura para conseguir un nuevo logro», cuenta entre risas.
Junto a su compañero Nauset González, Santana tenía otro objetivo: no quería una imagen del eclipse aislada sobre el cielo, sino integrarla en un paisaje.
Eligieron el castillo de Frías, en Burgos, una localización que llevaban meses estudiando con herramientas de planificación astronómica, mapas y previsiones meteorológicas.
Incluso hablaron con la alcaldesa y los vecinos para conseguir algo que podía cambiar completamente la fotografía: que el castillo y el pueblo permanecieran iluminados durante el eclipse.
Finalmente lo consiguieron.

(@ernestosantanafoto)
«Fue la guinda del pastel», cuenta Santana. La iluminación permitió conservar el relieve y las texturas del castillo mientras la totalidad del eclipse convertía el cielo en noche.
Pero hasta el último momento nada estaba garantizado. Las nubes amenazaron el encuadre durante la tarde y desaparecieron justo cuando comenzó el momento decisivo.
Dos fotógrafos, dos localizaciones y dos formas de mirar el mismo fenómeno. Pero una misma obsesión: estar en el lugar exacto cuando el cielo decidiera regalarles apenas unos minutos irrepetibles.