Elena Olmos (Cáceres, 1995) empezó a pintar replicando obras de Tiziano o Rubens que veía en los museos hasta que con 20 años algo cambió. “Para recuperar a un amor, le pinté un cuadro: El beso, de Toulouse-Lautrec. Cuando fui a llevárselo, nunca apareció. Me quedé horas a solas con el cuadro. Al volver a casa, lo colgué en la habitación con una inscripción detrás: ‘Para Elena’. Ahí supe que, pasara lo que pasara en mi vida, siempre tendría la expresión artística para consolarme y verme crecer”, cuenta esta cacereña que años después ha visto uno de sus cuadros en las paredes del museo del Louvre de París.
“Gracias a las redes sociales, la galería Art Queens me seleccionó para exponer junto a otras 25 mujeres. Yo aluciné, porque nunca pensé que me podía pasar algo así y menos sin haberlo buscado. Después me di cuenta de que llevaba muchos años buscándolo a través de mis obras y cuando intentaba compartirlas con el mundo. Puede dar vergüenza al principio o tal vez pienses que no tienes nada que contar, pero ese es el mayor error hoy en día. Perdemos experiencias importantes por no compartir nuestro arte y nuestros deseos y miedos. Si la intención es sana y creativa, nada puede salir mal”, explica sobre aquella oportunidad tan especial.
“Al principio sentí vértigo, sobre todo porque me pilló en un momento donde la vida me dio el proyecto más grande que nunca había hecho: 12 lienzos para un mismo cliente, y además tenía mi trabajo en la tele. Tenía que hacer una obra in extremis y estaba muy nerviosa, sin saber muy bien por qué recibía este regalo. Después no lo dudé un instante y me lancé a vivir la experiencia sin pensar más allá”, añade.

La artista cacereña ha expuesto su cuadro Pulse-Couleur Brute (arriba) en el museo del Louvre de París, una experiencia única para la que creó la obra desde cero y en tiempo récord.