La premisa del proyecto Life in Film es clara: “Ver el mundo a través de los ojos de un extraño”. Con 3,4 millones de seguidores en Instagram, 2,4 millones en TikTok y 1,61 millones de suscriptores en Youtube, Christian Baiocco, Grant Weintrob y Griffin Katz, sus creadores, ya han entregado más de mil cámaras desechables a desconocidos que capturan instantes con total libertad. Después, las reciben de vuelta, las revelan y se las muestran al mundo a través de un vídeo ―‍con banda sonora incluida y pensada para cada historia―‍ , que suben a las redes sociales, demostrando que cualquier vida puede ser excepcional, estar llena de belleza y parecer recién sacada de una película: “Life on Film existe para revelar las historias extraordinarias ocultas dentro de vidas ordinarias”, explican los fundadores del proyecto.

Los tres son amigos de la infancia. Se conocieron en Nueva York y les unió su pasión por escribir y producir música juntos, lo que les llevó a idear y participar en proyectos creativos, y en otoño de 2023, comenzaron esta nueva etapa: “Empezamos a desarrollar la idea de una nueva serie inspirada, en parte, por un programa japonés que seguía a viajeros durante sus recorridos. Elaboramos el episodio piloto a lo largo de un mes, entregando cámaras desechables a desconocidos que salían por la noche en Nueva York. Lo publicamos en una cuenta completamente nueva y recibió 30 millones de visualizaciones, además de conseguir 100.000 seguidores en tan solo cinco días. La llamamos Life on Film”.

Efectivamente, lo que comenzó siendo un pequeño proyecto les ha terminado catapultando a la lista Forbes de 30 Under 30 de este año, que recoge a los mayores talentos jóvenes de la actualidad. Life on Film reúne a día de hoy 2.300 millones de visualizaciones entre Instagram, TikTok y YouTube, y su popularidad ha generado interés en artistas internacionales. Fred Again, Travis Scott, Ed Sheeran, Dua Lipa o los componentes del grupo Tame Impala, actrices como Scarlett Johansson o el creador de contenido Mr. Beast son solo algunos de los que han animado a participar en sus vídeos a modo de publicaciones especiales.

Un ‘collage’ de la experiencia humana

Los perfiles a los que se entregan las cámaras son variados y fruto de la intuición del momento, ya que nada está planeado y, como comentan sus creadores, lo que se ve en los vídeos es realmente la primera interacción que tienen con ellos. Personas que caminan por la calle, pasean por el mercado o acuden a un festival, parejas que esperan antes de un viaje en el aeropuerto, un agricultor que vende sus frutas y verduras en el mercado, una granjera suiza que vive rodeada de animales, estudiantes que se gradúan, monitores de surf, amigas que salen de fiesta en una gran ciudad o aficionados a punto de entrar en el estadio de un partido de fútbol.

De esta forma se crea una especie de experiencia colectiva, un collage formado a partir de fragmentos de vidas individuales que terminan formando parte de un conjunto heterogéneo y armonioso. Un nexo que hace reflexionar sobre las semejanzas de los seres humanos a pesar de lo diferentes que pueden ser entre ellos, o de lo opuestas que puedan percibirse sus circunstancias: “Nos gusta pensar que Life on Film crea un mosaico cinematográfico de la vida cotidiana: personas, lugares, culturas y perspectivas diferentes que pueden parecer no tener relación entre sí, pero que, juntas, demuestran cuánto compartimos de la experiencia humana”, afirman Christian, Grant y Griffin.

De hecho, la diversidad de perspectivas desde las que se capturan todas estas secuencias materializa, además, la idea de que cada uno tiene una forma irrepetible de mirar. Existe una pequeña parcela de la realidad que solo uno mismo puede percibir porque, como explicaba John Berger en su ensayo Modos de ver, “lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas”. Es decir, que la forma en la que cada uno mira y, por tanto, captura imágenes, es un acto moldeado por el contexto único de esa persona: “Ofrece un contrapunto profundamente humano al mostrarnos una ventana sin filtros a las vidas de personas corrientes y a mundos con los que, de otro modo, quizá nunca entraríamos en contacto”, reflexionan.

El alivio de lo real

Sin duda, el proyecto va más allá de lo estético y de la viralidad. Además de conectar con tantas personas por la empatía y la curiosidad que generan las fotografías, también existe otro factor esencial que explica su éxito: la realidad frente a la impostación. Todas estas imágenes tienen una cosa en común, independientemente del lugar desde el que se hayan hecho, cómo sea el aspecto del fotógrafo o fotógrafa o lo que elijan retratar: son disparadas para capturar instantes tal cual ocurren, no se pueden editar ni modificar y no están fotografiadas para ser consumidas. El número de disparos es limitado y el resultado no se conoce hasta el momento del revelado, por lo que tampoco se pueden hacer cientos de ellas y quedarse con unas pocas seleccionadas. Son las que son y como son.

Así, una noche inolvidable, un día de playa en familia, el viaje para el que se ha estado ahorrando durante tanto tiempo o una excursión en la montaña se convierten en relatos visuales que destronan a la mayoría de fotografías que aparecen en las redes sociales, en las que cada detalle está medido y preparado y donde, con el auge de la IA, a veces ya ni siquiera es posible distinguir si son reales: “Una fotografía digital puede manipularse e incluso generarse, mientras que las limitaciones de la analógica conservan la textura y la espontaneidad de los momentos auténticos. A medida que el contenido artificial se vuelve más habitual, las historias humanas y honestas serán cada vez más escasas y valiosas”, afirman Christian, Grant y Griffin.

Entre espejismos, momentos artificiales e imágenes modificadas, Life on film condensa formas de ver y vivir de una forma sincera. Y se celebra porque supone un alivio. Porque suele agradar reconocer la esencia de los otros. Supone un respiro por las pequeñas cosas que materializan la belleza de lo cotidiano y por la conexión que se genera con los demás cuando se actúa como si nadie estuviera mirando. Demuestra que no hace falta que la vida esté diseñada para deleitar la mirada ajena y, precisamente, lo que más termina gustando es eso: la autenticidad del momento que se muestra y la confianza en la honestidad de la imagen y las personas que la habitan.