La comarca de La Jacetania, en la provincia de Huesca, está sufriendo uno de los peores incendios de su historia debido a un fuego que … se originó este lunes en Peñas de Riglos. Las llamas han avanzado rápidamente hacia el norte de la provincia, arrasando ya más de 10.000 hectáreas. Ante el imparable avance del fuego, las autoridades se han visto obligadas de momento a evacuar a 18 localidades, y se contabilizan más de 900 personas evacuadas.

Hasta el cierre de esta edición, las localidades desalojadas por el fuego son Santa María de la Peña, Triste, La Peña Estación, Yeste, Botaya, Atarés, Alastuey, Larués, Bailo, Villalangua, Salinas de Jaca, Ena, Centenero, Arbués, Santa Cruz de la Serós, Binacua y Osia. Asimismo, tres núcleos permanecen en preaviso de evacuación: Santa Cilia, Puente la Reina de Jaca y Bernués.

La gravedad de la situación ha llevado al despliegue de un operativo multitudinario en el que participan más de 30 medios aéreos y brigadas llegadas de Navarra, Cataluña, Castilla y León y la Comunidad Valenciana, junto a efectivos autonómicos, locales y de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Uno de los momentos más críticos del incendio se ha vivido en el entorno del Real Monasterio de San Juan de la Peña, cuando una lengua de fuego cercó el perímetro protegido. Ante el riesgo inminente, efectivos de la UME especializados en la protección y traslado de bienes patrimoniales accedieron al recinto para poner a salvo los objetos de mayor valor histórico.

Entre los tesoros evacuados de urgencia hacia el Museo de Huesca destacan los restos óseos de los primeros monarcas de la Corona aragonesa, así como valiosas piezas del Panteón de Nobles, entre las que se encuentran restos de reyes de Pamplona y la casaca mortuoria y la reproducción facial del X Conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolesa.

Para proteger el conjunto arquitectónico, los agentes de la UME y del servicio de incendios de Aragón (Infoar) ejecutaron una arriesgada maniobra de «fuego técnico» en la pradera del Monasterio Nuevo. Esta quema controlada pretendía eliminar el combustible vegetal antes de la llegada del frente y, según las primeras evaluaciones de los técnicos, la estrategia funcionó para contener la amenaza sobre el complejo.

Para entender el valor de lo que amenaza el fuego, hay que recordar que el Real Monasterio de San Juan de la Peña es una joya única mimetizada bajo las rocas de la sierra. Sus orígenes se remontan al siglo VIII como refugio de eremitas en una cueva natural, pero su gran esplendor llegó en el siglo XI de la mano del rey Sancho el Mayor de Navarra.

El cenobio se convirtió en el Panteón Real donde descansan reyes de Pamplona y los primeros reyes aragoneses, además de custodiar el Santo Grial durante más de tres siglos y ser el lugar donde se introdujo el rito litúrgico romano en la península. Su claustro románico, protegido bajo la pared de roca, es uno de los tesoros artísticos más importantes de España.

No es la primera vez que la llama acecha este lugar: un voraz incendio en 1675 obligó a los monjes a construir un Monasterio Nuevo en la pradera superior del Llano de San Indalecio. Tras ser abandonado en el siglo XIX por la Desamortización de Mendizábal, el complejo fue restaurado en el siglo XX.

Las autoridades insisten en la importancia de la coordinación ciudadana y el trabajo conjunto de los agricultores locales para defender los perímetros urbanos mientras continúan los trabajos de extinción.