El PP no piensa dejar que la silla vacía de Fernando Grande-Marlaska obstaculice su ofensiva contra el Gobierno por la crisis de Ceuta. Los populares han vuelto a utilizar su mayoría absoluta en el Senado para convocar al ministro del Interior el próximo jueves, 20 de agosto, apenas ocho días después de que el titular del departamento se ausentara de la primera comparecencia extraordinaria organizada por la Cámara Alta.
El resultado, sin embargo, amenaza con ser el mismo. El Gobierno ya ha adelantado que Marlaska tampoco acudirá a esta segunda convocatoria, al considerar que el ministro ha fijado su propio calendario para rendir cuentas sobre lo sucedido en Ceuta y que lo hará próximamente en el Congreso de los Diputados.
La nueva citación convierte en un pulso institucional lo que comenzó siendo una batalla por el calendario parlamentario. El PP habilitó agosto en el Senado, donde dispone de mayoría absoluta, para obligar a comparecer a los tres ministros situados en primera línea de la crisis: Marlaska, por la gestión de la frontera y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; José Manuel Albares, por la relación con Rabat; y Margarita Robles, por la intervención de las Fuerzas Armadas y las actuaciones correspondientes a Defensa.
Pero Moncloa se ha resistido desde el principio. El Ejecutivo sostiene que los ministros ya han solicitado comparecer en el Congreso y rechaza que el PP utilice su mayoría en la Cámara Alta para imponer unas fechas diferentes. La discrepancia ya no está, por tanto, en si los ministros deben explicar lo sucedido, sino en quién decide cuándo y dónde lo hacen.
El primer choque se produjo esta semana. La Comisión de Interior del Senado se reunió el miércoles para escuchar a Marlaska, pero el ministro no apareció. A la sesión únicamente asistieron representantes de PP, Vox y Junts, mientras el resto de grupos tampoco participó en una comparecencia que terminó teniendo como protagonista precisamente a quien faltaba.
La silla vacía de Marlaska se convirtió inmediatamente en el argumento de la oposición. PP y Vox acusaron al ministro de eludir el control parlamentario y anunciaron durante la propia sesión que promoverían una nueva convocatoria para tratar de obligarle a comparecer antes de que lo hiciera en el Congreso.
Dicho y hecho. El orden del día del Senado para la próxima semana incluye una nueva reunión extraordinaria de la Comisión de Interior para el jueves 20. Marlaska volverá a estar citado y, salvo cambio de criterio del Gobierno, volverá a faltar.
Los populares pretenden mantener así abierta durante agosto una fotografía especialmente incómoda para Moncloa: una comisión parlamentaria constituida para fiscalizar la actuación del Gobierno y un asiento reservado para un ministro que decide no ocuparlo.
La ofensiva no se limita a Interior. El PP ha tratado de llevar al Senado también a Albares y Robles. La titular de Defensa llegó a mostrar su disposición a comparecer el 18 de agosto, pero finalmente comunicó por carta al presidente del Senado, Pedro Rollán, que necesitaba más tiempo para preparar una explicación «precisa y exhaustiva» y emplazó su presencia en la Cámara Alta al periodo ordinario de sesiones, en septiembre. Antes sí acudirá al Congreso.
La estrategia del PP consiste precisamente en explotar esa contradicción. Los ministros han acudido a Ceuta para dar una imagen de control sobre el terreno, pero el Gobierno rechaza que comparezcan ahora en el Senado en las fechas fijadas por la oposición. Marlaska ha visitado incluso dos veces la ciudad autónoma desde que estalló la crisis.
Génova quiere convertir el calendario en una cuestión de rendición de cuentas. Moncloa, por su parte, pretende evitar que la mayoría absoluta del PP en el Senado le arrebate el control sobre los tiempos de una crisis que todavía continúa abierta.
Por eso el próximo jueves puede repetirse exactamente la misma escena. La Comisión de Interior volverá a reunirse. El PP volverá a preguntar por Ceuta. Y Marlaska volverá a estar convocado.
La diferencia es que, esta vez, todos saben de antemano que su silla puede volver a quedarse vacía.