En 1982 decidí empezar a fotografiar las costas italianas, aquellas en las que fui feliz con mis padres, en su mayoría pequeñas ciudades de vacaciones, construidas sin pretensiones, con edificios del más puro estilo arquitectónico de los años sesenta, descampados, un centro comercial y una discoteca al aire libre. No tenían nada en particular que mereciera destacarse en las guías turísticas. Después extendí la mirada a destinos míticos, ciudades con nombres tan evocadores como Capri, Nápoles, Portofino, San Remo y Estrómboli, sobre las que se habían compuesto canciones o que habían sido escenario de películas neorrealistas. Me di cuenta de que el entorno particular de la costa, la actividad de la playa en verano, constituía un auténtico concentrado de la cultura italiana, un ritual social a través del cual se expresaba con fuerza todo un arte de vivir.
La playa Lido degli Estensi, en Ferrara, en 1984.Claude Nori
Liberada, por fin, de las obligaciones del día a día, me parecía que la piel se mostraba en todos sus colores. Los niños construyendo castillos, cavando túneles imaginarios, enterrándose en la arena. Los adolescentes ocultando apenas sus emociones sobre las toallas, en pareja o en grupo. Los padres más prudentes que se protegen bajo las sombrillas… La playa es un campo de juego perfecto para captar el movimiento. Me fue fácil fundirme con ella, como parte de la escena y, al mismo tiempo, como observador divertido.
Una mujer salta al agua en la playa de Biarritz en 2016.Claude Nori
Al final, me instalé en Biarritz, a orillas del mar. Me fascinaban la metafísica de sus edificios art déco y las luces cambiantes. La fuerza de las olas que, en contraste con el Mediterráneo, nos obliga a recibirlas de frente, a sumergirnos en ellas. Como fotógrafo, la playa se ha convertido para mí en una especie de purgatorio entre el infierno y el paraíso, un transmisor de creatividad atento al tiempo y las estaciones. Redefino sus contornos cambiantes, los recuerdos que la atraviesan. Me dejo llevar por un torrente de imágenes y por las canciones de un verano que abstrae como a esos niños que escuchan el mar en una concha para volver a vivir las vacaciones estivales.
Exposiciones:
Por fin, la playa en la Galerie des Franciscains de Saint Nazaire (Francia), abierta hasta el 27 septiembre.
La Dolce vista en la Galerie Polka, París. Del 10 de septiembre al 30 de octubre y en la Galeria Valid FOTO de Barcelona a partir de noviembre.
La fotografías pertenecen al libro La Dolce vista (Editions Contrejour)
Biarritz en 2002.Claude Nori
Un perro, en la playa de Rimini en 1983.Claude Nori
Una estampa playera de Rimini tomada en 1983. Claude Nori
Iimagen de Rimini, pero ya en 1995.Claude Nori
Dos jóvenes llamadas Elsa e Isabelle, en Anglet en 2000. Claude Nori
Silvia, en Rimini en 1995.Claude Nori
Isabelle peina su pelo mojado en Catania en 1998. Claude Nori