A finales del siglo XIV y hasta entrado el siglo XVIII, la intelectualidad de las artes, la filosofía y la literatura abordó el rol de la mujer. Se había superado el debate anterior sobre si las mujeres tenían o no alma, así que la siguiente materia que se trató, a lo largo de casi cuatro siglos, fue sobre la capacidad intelectual del sexo femenino. En el marco de una sociedad misógina, un rayo de luz entró desde el arte y las letras para defender la capacidad intelectual, la educación y los derechos de las mujeres. Aquel periodo se conoce como la ‘Querelle des femmes’ (la Querella de las mujeres), un movimiento que contó con la autora Christine de Pizan como máxima representante, seguida por otras conocidas como la valenciana Sor Isabel de Villena o Teresa de Jesús.

Participaron hombres y mujeres de todas las disciplinas, abordando el tema desde la escritura, los ensayos, las tertulias o la pintura. Es en este telón de fondo donde se enmarca la nueva exposición que ultima el Museo de Bellas Artes de València, ‘Magdalena. Ni santa ni pecadora’, con un presupuesto de licitación de 492.722 euros para abordar a este personaje bíblico que protagonizó buena parte de las obras pictóricas y escultóricas durante el barroco.

En María Magdalena confluía el debate de la Querella de las mujeres: fue una mujer real, con una complejidad extraordinaria, que buscó la independencia de los hombres a través de una vida eremítica, la única vía para escapar de los corsés establecidos por la sociedad. Se oponía, por tanto, al canon: la Virgen María, Inmaculada y perfecta. Un cánon que funcionó durante siglos pero que comienza a cuestionarse por estas mujeres que comienzan a pedir papeles sociales reservados tradicionalmente a los hombres. Ahí es donde las miradas comienzan a fijarse en Magdalena, «que comete errores, se pierde, se vuelve a encontrar, que huye de la perfección», explica Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València y comisario de la exposición.

¡Cristo y la mujer adúltera' de Van Dyck, cedida al Bellas Artes por la Colección del BBVA

¡Cristo y la mujer adúltera’ de Van Dyck, cedida al Bellas Artes por la Colección del BBVA / DAVID MECHA RODRIGUEZ

Se inaugurará el 29 de octubre y se podrá visitar hasta el 14 de febrero de 2027. Está compuesta por 68 obras y una historiografía que huye de los tecnicismos prácticos para centrarse en la teoría, el discurso y la narrativa de un personaje que sigue fascinando dos milenios después. «Se busca analizar la construcción del personaje de María Magdalena desde el Renacimiento, pero poniendo el foco en el Barroco del siglo XVII en España y todas las conexiones mediterráneas con Italia», señala el director.

Las obras que integran esta exposición salen de los propios fondos del museo, pero principalmente del resto de España y Europa. Así, 21 obras están dentro de la colección del Bellas Artes mientras que de Madrid llegarán 15 y de Valladolid, 11. Se suman los préstamos de Sevilla, Roma, Bolonia, Asturias, Barcelona, Bilbao, Granada o París, en un listado que refleja la ambición por completar una muestra que busca indagar en las leyendas sobre este personaje.

Las 15 obras que llegan de Madrid están vinculadas a Patrimonio Nacional y El Prado, pero Valladolid también tiene un peso destacado con once piezas, dos de ellas más que destacadas: la ‘Magdalena penitente’ de Pedro de Ávila, ejemplo del barraco castellano del siglo XVIII y su característico dinamismo en las figuras y tejidos. Se suma la escultura de Pedro de Mena, titulada con el mismo nombre, que es una de las más representativas y que se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, aunque en depósito del Museo del Prado.

La 'Magdalena Penitente' de Pedro de Mena, mostrada en el Museo Nacional de Escultura en Valladolid y perteneciente al Museo del Prado.

La ‘Magdalena Penitente’ de Pedro de Mena, mostrada en el Museo Nacional de Escultura en Valladolid y perteneciente al Museo del Prado. / L-EMV

Ahí radica otra de las claves de la muestra, que busca mezclar técnicas para comprender mejor la dimensión del personaje bíblico y porque la pintura del siglo XVII no se entiende sin la escultura y al revés.

Una mujer pintada por otra mujer

Otra de las obras más destacadas y representantivas es ‘Maria Magdalena como la melancolía’ de Artemisa Gentileschi porque como el propio González Tornel explica, «no es común ni fácil encontrarla pintada por una mujer, por lo que era importante traer un ejemplo como es este desde Sevilla». De hecho, que una mujer pintora retratara al icono religioso conecta directamente con la esencia de la Querella de las mujeres. De la misma provincia también se ha cedido un ejemplar de El Greco, de los menos conocidos, que retrató a la compañera de Jesús también como ‘Magdalena penitente’. Se encuentra en la Iglesia de San Eutropio, en el municipio de Paradas.

Una de las Maria Magdalena que pintó El Greco. Esta forma parte de la parroquia de Paradas, en Sevilla.

Una de las Maria Magdalena que pintó El Greco. Esta forma parte de la parroquia de Paradas, en Sevilla. / L-EMV

También resulta especial haber logrado que la Cartuja de Granada haya cedido del interior del sagrario, la escultura ‘Magdalena penite’ de Pedro Duque Cornejo, y el comisario destaca también una pequeña pieza cedida por el Museo del Prado de Luis Tristán, un óleo sobre lienzo de apenas 42 centímetros que retrata -de nuevo- a la ‘Magdalena penitente’.

La selección tiene además una importante dimensión internacional, con una aportación de Italia de siete obras, cinco procedentes de Roma y dos de Bolonia, de instituciones como la Pinacoteca Nacional de Bolonia, la Galería Nacional del Palacio Corsini de Roma o el Museo Capitolino, quienes han cedido obras de Barbieri. En el caso de París, la Colección Epiarte ha cedido una obra de Jan Brueghel ‘El joven’.

El reparto geográfico también permite poner en valor el papel de Valencia como principal origen de las obras, con autores como José Vergara, Antonio Palomino, Francisco Ribalta o José de Ribera, mientras que un Van Dyck ha sido cedido por la Colección BBVA.

Las obras llegarán a València entre el 19 y el 27 de octubre después de varios días de transporte desde distintos puntos de España y Europa. La magnitud de la operación explica parte de los casi 500.000 euros de presupuesto: solo la Pinacoteca Nacional de Bolonia contempla 5.500 euros en gastos asociados a uno de sus préstamos, mientras que los Museos Capitolinos de Roma calculan 21.000 euros para restauración, transporte y seguro. Una vez en València, las piezas ocuparán las salas Joan de Joanes y Ribalta, unos 600 metros cuadrados en los que el Bellas Artes tratará de reconstruir, a través de pintura y escultura, la compleja transformación de una mujer que quedó atrapada entre dos extremos: la santa y la pecadora.

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