Karlos Arguiñano y su familia, especialmente su hermana Eva, vivieron unos momentos muy especiales en la localidad vasca de Beasáin, un municipio clave del interior de Guipúzcoa, ubicado en el corazón de la comarca del Goierri. Con algo más de 13.000 habitantes, destaca por ser un potentísimo motor industrial para la economía vasca sin renunciar a su identidad rural, gastronómica e histórica.
Si por algo es conocida Beasain a nivel mundial es por albergar la sede principal de CAF (Construcción y Auxiliar de Ferrocarriles). Esta emblemática empresa, nacida de la tradición siderúrgica local, construye desde hace décadas trenes, metros y tranvías que circulan por ciudades de todo el mundo —desde Washington y Londres hasta Sídney o Ámsterdam—. La presencia de CAF ha marcado la historia socioeconómica y el desarrollo urbano del municipio desde mediados del siglo XIX. Su mayor tesoro histórico y arquitectónico es el Conjunto Monumental de Igartza, ubicado a orillas del río Oria.
La infancia de Eva Arguiñano
Eva Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres
Cuentan con el Palacio de Igartza, una impresionante construcción cuadrangular con un gran patio central de madera, considerado la estructura de roble civil más grande del País Vasco. El puente de piedra sobre el Oria completa la estampa de cruce estratégico que ostentó la villa en la Edad Media. En el ámbito gastronómico, Beasain es famosa en todo el País Vasco por su morcilla de verdura —la Beasaingo odolostia—. A diferencia de otras variantes, la receta tradicional de la zona incorpora puerro, cebolla, manteca de cerdo y especias que le dan una textura suave y un sabor dulzón inconfundible. Cada mes de noviembre celebran el Beasaingo Odoloki Eguna (Día de la Morcilla).
Rodeada por montes como el Murumendi y con vistas al icónico perfil del pico Txindoki (la «Matahorn vasca»), la localidad ofrece múltiples rutas de senderismo y acceso directo a parques naturales cercanos como el de Aralar o Aizkorri-Aratz. Es además la cuna de personajes ilustres como el popular chef Karlos Arguiñano. La infancia de Eva Arguiñano en Beasain transcurrió en un ambiente humilde, familiar y profundamente ligado a la cocina tradicional guipuzcoana de la época. Nacida en 1960 en esta villa industrial del Goierri, creció en el seno de una familia numerosa de cuatro hermanos, siendo ella la tercera y la única mujer.
Beasain, un pintoresco pueblo del País Vasco
Su relación con la gastronomía no nació por una vocación temprana, sino por necesidad e imitación dentro del hogar. En su casa, la figura central de la cocina era su madre, Pepi, una mujer invidente que cocinaba de forma magistral guiándose por el olor, el oído y el tacto. Para Eva y sus hermanos, ver a su madre desenvolverse en los fogones de esa manera fue una lección diaria de autonomía, esfuerzo y respeto por el producto casero. Al ser la chica en una casa de varios hermanos varones, a Eva le tocó asumir desde muy pequeña muchas de las tareas del hogar y colaborar en la preparación de las comidas familiares, lo que le dio una soltura natural en la cocina desde niña. Aunque Beasain era su entorno de vida cotidiana y colegio, su vida dio un giro decisivo cuando era adolescente debido a la iniciativa de su hermano mayor, Karlos Arguiñano.
Karlos, que le lleva doce años, decidió abrir en 1978 su propio restaurante en la vecina localidad costera de Zarautz. Con tan solo 16 o 17 años, Eva comenzó a desplazarse desde Beasain para echar una mano a su hermano durante los fines de semana y periodos vacacionales. Empezó desde abajo, ayudando en la limpieza y como camarera, hasta que un día faltó el encargado de la repostería y tuvo que ponerse al frente de los postres. Aquel aprendizaje práctico entre la calma rural e industrial de Beasain y la exigencia del restaurante de Zarautz terminó por moldear la que sería su gran pasión y profesión: la alta repostería casera.
La localidad de Beasain. | Goierri Turismo
Eva Arguiñano ha recordado siempre su localidad natal, Beasain, desde el afecto a sus raíces rurales, el valor de la familia y el respeto por la cocina de toda la vida. Al hablar del recetario tradicional y de las costumbres familiares, suele destacar platos tan arraigados a su pueblo como las alubias con berza y morcilla de Beasain, un plato que considera una referencia indiscutible de su patrimonio gastronómico y familiar. Ha recordado su infancia en Beasain como una etapa sencilla, humilde y de aprendizaje a través del ejemplo. Suele subrayar la «nobleza» y el carácter noble y trabajador de su pueblo, destacando la educación que recibió de sus padres —«de poca palabra y mucho ejemplo»— en una casa llena de vida y disciplina cotidiana.
Una familia marcada por la cocina
A pesar de haber desarrollado la mayor parte de su vida adulta y trayectoria profesional en Zarautz, Eva mantiene un estrecho vínculo afectivo con Beasain. Ha acudido en diversas ocasiones a actos e iniciativas en el municipio, como homenajes y reconocimientos locales —entre ellos la Cofradía de la Morcilla de Beasain—, manifestando su orgullo por el patrimonio, la naturaleza de la comarca del Goierri y el carácter de su gente. Y es que Beasain y Zarauz no tienen nada que ver. Beasain y Zarautz representan dos caras opuestas y complementarias del territorio guipuzcoano, a pesar de estar separadas por tan solo 50 kilómetros. Mientras una hunde sus raíces en la fuerza del interior montañoso, la otra se abre de lleno al dinamismo del mar Cantábrico.
Beasain es el corazón industrial de la comarca del Goierri. Su paisaje está dominado por valles y montañas como el Murumendi, con la silueta del Txindoki como telón de fondo. Su economía y su desarrollo urbano han girado históricamente en torno a la industria pesada y el ferrocarril, siendo la sede global de la emblemática empresa CAF. Es un municipio de carácter trabajador, cotidiano y de arraigo local.
Por su parte, Zarauz es el gran referente del turismo costero y la gastronomía marina en la comarca de Urola Kosta. Famosa por albergar la playa más extensa de Gipuzkoa —de dos kilómetros y medio—, su ambiente está marcado por el marisco, las terrazas frente al malecón, las escuelas de surf y un notable volumen de visitantes durante los meses estivales. En el ámbito gastronómico, Beasain destaca por la cocina de cuchara y de interior, donde su famosa morcilla de verdura (odolokia) y las alubias son las reinas absolutas. Zarautz, en cambio, abandera la cocina marinera, los pescados a la parrilla y la alta restauración de playa, sirviendo además como sede central del imperio hostelero de la familia Arguiñano.
Beasáin, el pueblo que vio crecer a Arguiñano.
En cuanto a su patrimonio, Beasain conserva la huella del pasado hidráulico y medieval vasco a través del Conjunto Monumental de Igartza, con su palacio de roble, su ferrería y su molino. Zarauz ofrece una arquitectura orientada al mar y al veraneo señorial, con sus coloridas casetas de playa, palacetes costeros e iglesias junto al acantilado. «En mi casa nunca se ha tirado nada. Mi madre nos enseñó a aprovecharlo todo y a cocinar con lo que había, con mucho cariño y sin prisas», ha contado Eva.