Cada etapa de la vida tiene su aquel, pero hay cosas que nunca cambian. Para Marta Etura, San Sebastián siempre ha sido su hogar. Tanto, … que ha querido que su hija creciera con las mismas txarangas, cabezudos y fuegos que solía disfrutar de pequeña. Aunque cargue a sus espaldas un Premio Goya y una trayectoria cinematográfica, televisiva y teatral de gran envergadura, con papeles en producciones como ‘Mientras duermes’ y ‘Celda 211’, se desprende de su trabajo durante unos días para gozar de unas merecidas vacaciones con su hija.

–¿Ha cambiado su manera de vivir la Semana Grande después de ser madre?

–Cuando tienes hijos, vuelves a revivir todo desde su mirada infantil. Lo mismo pasa en las Navidades y en todas las fiestas. Ahora vivo la Semana Grande a través de su mirada: todo es nuevo para ella, así que lo vives de una manera muy bonita, conectada a esa ilusión por todo.

–¿La Semana Grande de su hija se parece a la suya cuando era pequeña?

–Creo que sí. Cuando era pequeñita, el plan con mis padres consistía en lo clásico: ir a por un helado. Pero creo que es en la adolescencia cuando más disfrutas de las fiestas, las vives de una manera más apasionada. Ella todavía no tiene esa edad, pero a las dos nos encanta hacer de todo.

–¿Atesora algún recuerdo de esa época?

–Algo que me fascinaba, que por desgracia ya no se hace, es que ponían una pantalla de cine en Ondarreta después de los fuegos, y había cine al aire libre. Era un plan que me parecía maravilloso. Tengo un recuerdo espectacular de esa experiencia. Porque a mí me apasionaba el cine, pero poder verlo en la bahía, viendo las estrellas, me parecía un tesoro. Con familia, con amigos, y ver los fuegos comiéndonos el helado.

–¿Desde dónde solía verlos?

–También de adolescente, tenía un plan con mis amigas. Cogíamos una hamburguesa de Va Bene, nos subíamos al Monte Urgull, y desde ahí comíamos la hamburguesa viendo los fuegos. Me encantaba porque el sonido de los fuegos rebotaba en el monte y hacía una especie de eco, y sonaba más fuerte. Era mágico.

–¿Le pesa mucho perderse las fiestas por trabajo?

–Como ya soy mayor, tengo muy claro que la vida es un constante movimiento, y que hay años que puedes disfrutarlas y hay otros que disfrutas de otras cosas. A mí me apasiona mi trabajo, con lo cual si me pierdo las fiestas por trabajar estoy disfrutando y si estoy libre voy a Semana Grande. Soy una persona que me gusta mucho disfrutar del presente, y creo que eso es muy importante para estar bien. Lo mismo ocurrió cuando nació mi hija. En sus primeros años de vida, por decisión propia, no hemos ido. No porque no haya sido posible, sino porque me apetecía mucho estar con ella, cuidarla y disfrutarla a tope, porque se pasa tan rápido. Yo tenía muchísimas ganas de ser madre, y cuando ella era pequeñita, no hacíamos muchos planes de festejo. Ahora que tiene nueve años retomamos las fiestas y la nocturnidad.

–¿Qué plan de Semana Grande disfrutan ambas por igual?

–Nos gustan mucho las txarangas. Siempre busco el día que hayan para seguirlas. También correr delante de los cabezudos, el toro de fuego, y luego remito a mi infancia con el plan de helado o hamburguesa y fuegos. A ella le encantan todos los planes, es como yo. Allí donde la llevo nos lo pasamos genial. Me encanta jugar y comparto con ella todo tipo de diversión, la verdad.

–¿Incluso los conciertos?

–Eso sí que es algo que he dejado de hacer. En mi adolescencia iba todos los días a los conciertos en Sagüés.

–¿Hay alguno que recuerde con especial ilusión?

–Cuando vino Coque Malla. También vinieron Los Ronaldos, no recuerdo hace cuánto, pero me hizo una ilusión enorme porque es una banda fantástica, que me apasionaba, y lo recuerdo como un concierto increíble. Por desgracia, ya no existen Los Ronaldos, pero está Coque Malla, del que soy súper fan.

–Ya que el plan de conciertos ha pasado un poco a la historia, ¿qué le genera más expectación de esta Semana Grande?

–Vivir todo con mi hija. Reavivar esa inocencia de hacerlo todo por primera vez. Al final, a mí me parece que la vida son pequeños momentos, y todos los que he contado son los que hacen que mi recuerdo de la infancia, en concreto de Semana Grande, sea tan bonito, ¿no? Comer la hamburguesa en Urgull, uno de mis lugares preferidos en San Sebastián, ver los fuegos artificiales, ir a las ferias en el Paseo Nuevo, subir al barco pirata en la jaula, pues, todos los pequeños momentos contribuyen al todo. Considero que la felicidad de la vida está en poder disfrutar de los pequeños momentos.