En su indispensable libro ’50 años de cine norteamericano’ –publicado en 1991, justo antes del estreno de ‘Sin perdón’ (1992)–, Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon ya señalaban que uno de los pilares de la obra de Clint Eastwood radicaba en su interés por la idea del “individualismo asocial”. El tiempo ha dado la razón a la dupla de cinéfilos franceses, ya que la larga trayectoria de Eastwood aparece trufada de figuras marginales, situadas en los límites de la vida social y del orden moral, del misterioso predicador de ‘El jinete pálido’ (1985) al criador de caballos de ‘Cry Macho’ (2021), pasando por el Butch Haynes (Kevin Costner) de ‘Un mundo perfecto’ (1993) o el Frankie Dunn de ‘Million Dollar Baby’ (2004), por mencionar solo algunas de las criaturas proscritas e imperfectas alumbradas por el cine de Eastwood. A esta flamante y oscura lista de héroes trágicos hay que sumar ahora al Justin Kemp (Nicholas Hoult en el mejor papel de su carrera) de ‘Jurado Nº 2’, un hombre de familia que, al ser seleccionado como jurado en un caso de homicidio, descubre por sorpresa que su relación con el proceso judicial podría nublar su imparcialidad y poner en jaque su proyecto vital.

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Resulta tentador apreciar ‘Jurado Nº 2’ como un escaparate privilegiado del imaginario de Eastwood, pero si trascendemos la mirada autoral la película nos descubre un genial entramado de varios motivos centrales del conjunto del cine clásico. Ahí está, por ejemplo, la habilidad con la que el guion de Jonathan Abrams combina las figuras hitchcockianas del falso culpable y de la transferencia de la culpabilidad (la historia alcanza tal grado de espesura dramática que llega a evocar a Dostoyeski). Luego, en el momento de la deliberación, ‘Jurado Nº 2′ reescribe la situación claustrofóbica de ’12 hombres sin piedad’ (1957), pero transformando el tema de la búsqueda de la verdad por un terrible combate entre el deber cívico y la salvación personal. Y, por último, en su vertiente más oscura, la película se entrega a una mezcla de incertidumbre y fatalismo difícil de soportar, como si estuviésemos en una de las obras del periodo americano de Fritz Lang. ¿Qué nos queda, como espectadores, cuando en un film judicial ya no podemos aferrarnos ni a la idea de inocencia ni a la de culpabilidad? ¿Qué nos queda cuando una película nos descubre que tanto el sistema como el individuo están expuestos a la falibilidad más extrema?

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Eastwood, el último estandarte y a la vez el enterrador del cine clásico, ha construido, en el que podría ser su testamento fílmico, una obra cargada de desolación… pero también de un ápice de esperanza (encarnada en ese tembloroso receptáculo de humanidad que es Toni Collete). Aunque la verdadera luz de ‘Jurado Nº 2’ resplandece en el discreto y elegante trabajo de dirección de Eastwood, que a sus 94 años sigue sacando el mejor partido visual de sus historias. Como ejemplo, la aparición recurrente de una estatua de Temis, la diosa griega de la justicia, que observa sin poder ver (lleva una venda en los ojos) la congoja de los humanos. O también esa moneda con la que juguetea el protagonista y que ilustra la batalla del individuo contra las leyes o la ilusión del azar. He aquí un artista, Eastwood, que en el crepúsculo de su trayectoria nos invita a tomar conciencia del valor de la responsabilidad personal y de los límites de nuestra libertad. Palabras mayores.
Para gozar de un cine de la emoción y la reflexión
Lo mejor: la elegancia con la que se pone en escena el magnífico guion de Jonathan Abrams.
Lo peor: que pueda ser el ‘last dance’ de Clint Eastwood.

Alon Amir//Warner Bros.
Ficha técnica
Dirección: Clint Eastwood Reparto: Nicholas Hoult, Toni Collette, J.K. Simmons, Kiefer Sutherland, Chris Messina País: Estados Unidos Año: 2023 Fecha de estreno: 31-10-2024 Género: drama Guion: Jonathan Abrams Duración: 117 min.
Sinopsis: Justin Kemp, un hombre de familia, mientras forma parte de un jurado en un juicio por asesinato de alto perfil, se encuentra luchando con un serio dilema moral… uno que podría utilizar para influir en el veredicto del jurado y potencialmente condenar (o liberar) al asesino acusado.

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