A David Robert Mitchell le habría encantado llevar a su padre a ver El final de Oak Street. El cineasta detrás del éxito de culto de terror It Follows y de la surrealista odisea angelina Under the Silver Lake escribió esta nueva historia de supervivencia suburbana pensando en él.
Su padre, Robert Allen Mitchell, estaba loco por los dinosaurios. “Mi padre estaba obsesionado”, me cuenta Mitchell. “Creció adorando los monstruos de Universal y a Ray Harryhausen. Él y mi tío, su hermano pequeño, hacían sus propias animaciones en stop motion. Mi tío construía las armaduras de sus propios modelos de dinosaurios y luego los animaban. A mí me parecía increíble, y parte de [esta película] nació de mi deseo de hacer mi propia versión de aquello”.
Su padre murió en 2024, cuando el cineasta aún se encontraba en las primeras fases de producción. Ni siquiera llegó a contarle por completo el alcance de la historia: un barrio entero, parecido a aquel en el que vivió su familia en Michigan, es transportado por una anomalía cósmica a una época poblada por letales depredadores prehistóricos. “No le conté demasiado porque, sinceramente, solo quería que la viera”, dice Mitchell. “Llegó a ver algunos diseños conceptuales antes de que se hiciera. Para mí fue muy doloroso”.
Aunque el director ya no puede llevar a su propio padre a ver El final de Oak Street, quizá tú deberías pensar en llevar al tuyo o en verla con tus hijos mayores. Puede sonar extraño decir esto de una película en la que bestias primitivas se dan un festín con ancianas, mascotas perdidas y vecinos insoportables, pero en el corazón de esta historia angustiosa hay un relato familiar sorprendentemente esperanzador. Ewan McGregor interpreta a Greg Platt, un padre que ha perdido su trabajo y que no tiene ningún problema en repartir pizzas para ayudar a mantener a flote la economía familiar. Anne Hathaway es Denise Platt, una madre inteligente y resistente que durante demasiado tiempo ha sacrificado sus propios sueños por los de los demás.

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Los hijos son Audrey, de mentalidad científica (Maisy Stella, de My Old Ass), y Brian, de gran corazón (Christian Convery), que suelen alejarse cuando no deberían, casi siempre en busca de su perro escapado, Starbuck. Los Platt son una buena familia, pero la tensión empieza a notarse. El final de Oak Street está ambientada en 1982, pero las dificultades económicas de nuestra propia economía en crisis y la presión que ejercen sobre las familias trabajadoras resultan dolorosamente familiares.
Antes incluso de que llegue la crisis temporal, los Platt ya se están distanciando, guardándose secretos y dándose la espalda. Cuando unos dinosaurios desbocados y sedientos de sangre convierten su barrio en un bufé libre, los hijos y sus padres descubren que, literalmente, no pueden sobrevivir los unos sin los otros. Las emergencias que amenazan tu vida no son precisamente lo ideal, pero tienen una extraña capacidad para poner las cosas en perspectiva.
Eso fue lo que llevó a J.J. Abrams a unir fuerzas con Mitchell como productor. “De lo que habla realmente la historia es de que, cuando eres una familia, cada uno tiene su propia percepción de sí mismo, su propósito, sus deseos y sus frustraciones”, explica Abrams. “Me encantó cómo la historia de ese mundo completamente disparatado, con todos esos dinosaurios, los obliga de repente a enfrentarse a sus problemas de una forma en la que quizá nunca lo habrían hecho de otro modo”.
Hay muchas películas para que los padres vean con niños pequeños. El final de Oak Street es una de esas películas que puedes ver junto a hijos mayores o con tus propios padres ya mayores. Yo llevé a mi familia al estreno, y es la primera película que nuestros dos hijos adolescentes ven con su madre y su padre desde hace muchísimo tiempo.
El final de Oak Street es una experiencia para estrechar lazos familiares, sin la amenaza real de acabar despedazado por enormes reptiles hambrientos.

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La idea de la película nació muy cerca de la casa en la que Mitchell creció. Una noche, mientras paseaba por su antiguo barrio de Michigan, el director imaginó un dinosaurio merodeando entre las viviendas de dos alturas. “Pasaba junto a una casa completamente corriente, con revestimiento de aluminio, un garaje viejo, una valla de malla metálica y unos cubos de basura. Vi aquello e imaginé un dinosaurio allí”, me contó. “Después volví a casa y empecé a escribir notas en un papel”.
El guion terminado acabó llegando a Abrams y a su productora Bad Robot, que enseguida se interesó por llevarlo a la pantalla. “Nunca nos habíamos conocido”, dice Mitchell, sentado junto a Abrams durante nuestra entrevista.
“Tenía muchísimas ganas de conocerlo”, añade Abrams. “Me encantó porque era una película que yo quería ver. Tenía personajes que me parecían muy entretenidos y una familia con problemas humanos con los que es fácil identificarse. Y entonces ocurre la cosa más disparatada imaginable. Ese es mi cóctel favorito”.
Como el padre de Mitchell en la vida real, el personaje de McGregor trabaja en Chrysler. Prácticamente todo el mundo en la zona de Detroit en aquella época trabajaba para uno de los tres grandes fabricantes de automóviles estadounidenses. Después de que despidan al personaje, hace todo lo posible para que su mujer no se preocupe y para que a la familia no le falte de nada. “Está pasando por dificultades”, dice Mitchell. “Hay algo muy entrañable en él”.
Sin embargo, los paralelismos con la vida real terminan prácticamente ahí. Desde luego, la familia de Mitchell nunca quedó atrapada en un misterioso agujero de gusano cósmico. “La historia de la familia no es autobiográfica, pero al ambientarla en los años 80, a nivel personal hubo momentos en los que pensaba en mis propios padres y en mi familia cuando yo era niño”, explica. “Así que algunas de esas cosas están inspiradas en mi propio padre”.
Como productor, Abrams vio la oportunidad de moverse cerca del territorio de uno de los mayores blockbusters de la historia. “Soy fan de las películas de Jurassic Park y, cuando leí esto, me encantó que me recordara que puedes hacer una película de dinosaurios fuera de ese universo”, afirma.
Abrams también es amigo y colaborador desde hace años de Steven Spielberg, cuyas otras películas, como E.T., el extraterrestre y Encuentros en la tercera fase, también sirvieron de inspiración. El productor asegura que Spielberg nunca les echó la bronca por intentar jugar en su terreno. “Steven estaba encantado”, dice Abrams. “Probablemente solo quería asegurarse de que no nos acercáramos a ninguna de [sus] fechas de estreno. Pero no, siempre nos ha apoyado totalmente”.
¿Qué tienen estas criaturas ancestrales para seguir resultando tan fascinantes? Volviéndose hacia Mitchell, Abrams dice: “Tu padre estaba en buena compañía. Creo que a la gente le encantan los dinosaurios. Hay algo en esa idea de que antes estaban aquí, y ahora ya no, y nosotros sí”.
Dicho de otro modo, no podemos existir junto a seres mucho más poderosos que nosotros y que nos amenazan a cada paso… que es, más o menos, como muchos adolescentes acaban sintiéndose respecto a sus padres. Así que quizá haya una metanarrativa funcionando en El final de Oak Street.
“Me gusta pensar que, cada vez que escribo algo, esos temas, mensajes, conceptos e ideas terminan apareciendo”, dice Mitchell. “Suelo evitar plantearme: ‘Esto va a tratar sobre esto’. Pero me encanta que otras personas encuentren esas cosas en la obra”.
Sin duda, su padre estaría muy orgulloso.