En un guiño al origen de su relación, ambos dieron el “sí, quiero” vestidos a medida por Demna, director artístico de Gucci. Georgina renunció al tradicional vestido largo y apostó por un depurado traje de chaqueta y falda en faille de seda blanco, mientras que Cristiano eligió un relajado traje de algodón beige claro. Toda la familia, incluidos sus hijos, lució diseños conjuntados de la firma.
“Fue increíblemente especial vestir a Georgina y Cristiano para este momento, sabiendo que su historia de amor comenzó en una tienda Gucci de Madrid”, relata Demna en el reportaje. “Tiene algo muy romántico: un hermoso cierre de círculo, casi como un cuento de hadas moderno”.
Frente a lo que cabría esperar de una pareja con más de 750 millones de seguidores en redes sociales, la ceremonia tuvo lugar en el salón de su casa. No hubo luna de miel, solo una breve visita al Santuario de Nuestra Señora de Fátima, a una hora de distancia de su casa, para que según cuentan el sacerdote les diera una bendición en una capilla que se cerró para ellos.
“De pequeña soñaba con el castillo más grande, el carruaje más grande, el vestido más largo y una corona llena de diamantes. Y ahora digo: no. Quiero algo íntimo, con mi pareja y nuestros hijos, en casa”, dice Georgina. Una sencillez que, no obstante, no la privó de las deslumbrantes joyas de Chopard con las que se casó, entre ellas un collar con un diamante de 50 quilates. Puro Georgina.