De niña, una vecina de Itziar Manero (Bilbao, 1994) que trabajaba en el Arriaga la colaba para que escudriñara en los camerinos y entre bambalinas. … El próximo octubre, cuando la actriz represente el concierto escenificado ‘Arriagaren Aterkia’, sentirá que cierra un círculo. Aquella cría crecida entre el Casco Viejo y San Francisco actuará al fin en su teatro soñado con una obra que cuenta la historia de Bilbao, la ciudad en la que vive a pesar de las ofertas que le llegan de Madrid.
Tras películas como ‘Las chicas están bien’ y ‘El talento’ y series como ‘El internado’ y ‘Manual para señoritas’, Manero estrena el 28 de agosto en Netflix ‘Toda la verdad de mis mentiras’, una miniserie de cinco episodios basada en la novela de Elisabeth Benavent. Un viaje en autocaravana para celebrar una despedida de soltera servirá de catarsis a un grupo de amigos. Es la cuarta adaptación en la plataforma de una novela de la autora de ‘Valeria’, que ha vendido más de cinco millones de ejemplares.
–¿Qué tienen las novelas de Elisabeth Benavent para atrapar a millones de jóvenes lectores?
–Elisabeth tiene la capacidad de conectar, es auténtica, cercana y escribe con honestidad. Una mujer contemporánea, a pie de calle, que comparte momento vital y contexto con otras mujeres. Habla a sus lectoras como hablaría a sus amigas.
–’Toda la verdad de mis mentiras’ habla de amistad, amor, sororidad… ¿Sus lectoras ven en las novelas un reflejo de sus vidas?
–Sí. Desde que se hizo pública la fecha de estreno de la serie hemos recibido cientos de mensajes de lectoras que cuentan cómo se sienten identificadas con sus historias. Yo leí el libro cuando me llamaron para hacer el casting. Trataba de no leer demasiado pensando que era muy difícil que me dieran el papel, ja, ja. No quería hacerme demasiadas ilusiones. La lectura es una de mis grandes pasiones, además, he sido librera.
–Pasan muchas cosas en la serie, que es un viaje en autocaravana, una road movie.
–Tiene muchos elementos relacionados con el verano y con lo que nos apetece hacer en estos meses. Mezcla la comedia romántica, la de enredos y la road movie, que es un género que me encanta. Como esos viajes que haces con los amigos, en los que también hay conflictos, pero que con el tiempo recuerdas con cariño. La serie conecta con la juventud y la amistad.
–¿Ha hecho algún viaje de esos con las amigas?
–Sí, aunque no terminaron en conflicto, menos mal. Me gusta mucho el mundo camping, los festivales, la furgoneta…
–’Toda la verdad…’ también funciona como comedia sofisticada, casi woodyalleniana, con un Madrid muy instagrameable. Usted vivió allí pero volvió a Bilbao.
–Yo me fui a Madrid a estudiar teatro y empecé a trabajar allí. Pasaron unos años y sentí que mi ciclo en la ciudad había terminado. Fue una de esas cosas que sientes en la vida de una manera casi irracional, porque me seguía saliendo trabajo. Pero tenía ganas de volver. Obtuve una residencia para un proyecto teatral propio de creación y una beca en Euskadi. Luego me he dado cuenta de que puedo tener base aquí y seguir trabajando en Madrid, donde tengo amigos que adoro y hay una cartelera teatral que no quiero perderme.
–El grueso de su carrera lo ha desarrollado en el teatro.
–Me siento con el corazón partido. Mis cimientos están en el teatro. Estudié en una escuela de artes escénicas y comencé trabajando en teatro. Estuve en un par de colectivos y después hice mi primera en obra como creadora en solitario. Pero el cine siempre me ha gustado. Me costó apostar por él pero ha sido muy bonito. El teatro era algo constante y los rodajes ocurrían de vez en cuando. Los dos últimos años estoy más en los platós que en los escenarios. Ojalá poder seguir haciendo ambas cosas, porque no quiero elegir.

Itziar Manero y Brays Efe en la serie.
–La obra teatral que escribió, ‘Memoria’, se basa en una experiencia personal.
–Sí. En 2019 me di cuenta de que quería entrevistar a mi amona, recibir su experiencia, su memoria personal. La de una mujer, niña de la posguerra, que creció en un pueblecito de la Llanada alavesa en una familia muy pobre. Cómo fue su vida. Mientras la entrevistaba me di cuenta de que estaba perdiendo la memoria, eran los primeros síntomas del alzhéimer. Ella eligió qué cosas aparecían en la obra, una reflexión sobre la memoria y la relación intergeneracional entre abuelas y nietas, sobre los cuidados. Una carta de amor a mi abuela.
Patti Smith y Agnès Varda
–Se graduó en Derecho en la EHE y completó un máster de Derechos Humanos en Cataluña. ¿Cómo le dio por la actuación?
–Mi familia no tiene relación con el mundo del espectáculo, pero siempre ha consumido mucha cultura. Me han llevado al teatro desde pequeña, se ha leído mucho… Pero no tenía ningún referente cercano de un artista profesional. Me recuerdo en Bachillerato, sintiendo una pulsión por lo artístico y lo teatral, pero lo iba retrasando porque no tenía a nadie cercano que se dedicara a ello.
–¿Y eso de que fue librera?
–En una librería de Lavapiés cercana a la Filmoteca llamada Sin Tarima, muy pequeña y familiar. También estuve en otra especializada en artes junto al Teatro Español. Me cogieron porque un día compré el libro de Patti Smith ‘Éramos unos niños’ y pregunté si necesitaban a alguien. Fue una etapa muy feliz, haciendo teatro y siendo librera.

Itziar Manero en ‘Toda la verdad de mis mentiras’.
–Recomiéndeme un libro.
–Pues el de Patti Smith, que es una artista de referencia para mí. Su compromiso, su forma de vivir el arte, me inspiran. ‘Éramos unos niños’ me llegó siendo joven y queriéndome dedicar al arte.
–Otra de sus artistas de referencia es Agnès Varda.
–Es mi directora de cine favorita. Se le llama la abuela de la Nouvelle Vague porque llegó en un momento en que el cine era masculino. Desde su primera película demostró su personalidad, su mirada única y valiente. Siempre con sensibilidad, inteligencia y sentido del humor. Varda es el ejemplo perfecto de combinar lo personal con lo político y, al mismo tiempo, experimentar cinematográficamente. Maravillosa.