Si existe un destino asociado a los veranos de Isabel Preysler, ese es Marbella. No hay mes de agosto que se considere como tal sin la llegada de la ex de Julio Iglesias a la ciudad costasoleña. Para la reina de corazones, “la ciudad del canto sin dueño” representa tradición, familia y una relación de décadas con la Costa del Sol. La socialité ha cumplido así, una vez más estos días, la venerable costumbre de cada estío de arribar al lugar de su recreo. Llegó la semana pasada y estrenó sus salidas por la ciudad con un paseo con sus amigas por el Casco Antiguo. Visitó tiendas e hizo algunas compritas, “de esas que tanto le gustan a ella en las tiendas artesanales del ‘Old Town’”, según nos cuenta a LA RAZÓN una de las dependientas de uno de los comercios que visitó.

Este año, la madre de Tamara Falcó quiere mantener la línea a rajatabla y no degustó ni churros ni el rico chocolate del local de uno de sus buenos amigos, Pedro Trapote. Así lo ha sabido este diario, que comprobó que, en esta visita, había pasado de largo sin caer en la tentación de la «galguería». Isabel lucía un look muy casual y deportivo y, como siempre, atendió a los turistas que se le acercaban con exquisita cortesía.

De comida en El Ancla

A sus 75 años, la socialité continúa siendo una de las figuras más observadas cada vez que llega el verano y sus movimientos despiertan inevitablemente el interés de quienes siguen su vida y la de su conocida familia. Este año, la madre de Tamara Falcó, como en anteriores visitas, no ha querido perderse las delicatesen del restaurante El Ancla. Este restaurante, centro neurálgico del famoseo internacional, representa una de esas experiencias gastronómicas vinculadas a la esencia de Marbella: producto del mar, cocina mediterránea y una ubicación privilegiada frente al Mediterráneo, donde Isabel Preysler repite cada año. Incluso era uno de los favoritos de su expareja, el fallecido escritor Mario Vargas Llosa. La celebrity, siempre que visita Marbella, frecuenta a sus íntimos “Los Amusategui”. Tanto José María como Amalia, el reconocido banquero, son muy amigos de Preysler y la reciben con los brazos abiertos cada vez que se pasa por la ciudad. La amistad viene de tiempo atrás, desde la época en que ella estuvo casada con Miguel Boyer, y ya se les veía juntos a los cuatro en La Fonda, restaurante mítico de Marbella, donde se congregaba la jet set y que hace muy pocos meses han resucitado de nuevo como lugar de encuentro de los nostálgicos de la época dorada.

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en MarbellaIsabel Preysler y Mario Vargas Llosa en Marbella Gtres

Isabel, durante años, ha formado parte de la fotografía habitual de los veranos marbellíes. Sus apariciones, sus encuentros y sus planes gastronómicos han alimentado durante décadas la crónica social de la Costa del Sol. Este año no será diferente: varios fotógrafos de la zona ya la han captado para que así esta tradición permanezca, y no sería extraño que esta semana la veamos en la portada de alguna revista. A pesar del paso de los años, Isabel Preysler continúa siendo una de las mujeres más fotografiadas y comentadas de España.

Un verano marcado por familia y amigos

El verano de 2026 llega, además, en un momento especialmente familiar para Isabel Preysler. Una de las grandes novedades de este año ha sido la llegada de la primera niña a la familia de su hija Ana Boyer y Fernando Verdasco. La pequeña Mía nació en 2026 y convirtió a la familia en numerosa, con cuatro hijos para el matrimonio. Para Isabel, esta nueva generación familiar supone también una nueva oportunidad para disfrutar de sus hijos y nietos. La familia ocupa desde hace años un lugar central en su vida y las reuniones estivales son uno de los momentos más esperados del año.

Entre Marbella, las islas, la gastronomía y los momentos junto a sus hijos y nietos, la socialité afronta un nuevo verano manteniendo intacta esa combinación de elegancia, discreción y vida familiar que durante décadas ha convertido sus vacaciones en uno de los clásicos de la crónica social española.