Se levantan junto al mar. Piedra a piedra. Aprovechando el centro de gravedad de cada una de ellas, grandes y pequeñas, cada una con su propia geometría. Esculturas que desafían la lógica del espectador y del espacio. Sin material adhesivo alguno. Sin más sujeción que el equilibrio. En Torrevieja pueden verse en cualquier época del año desde el paseo marítimo que une la Punta Margalla, más conocida como la Punta de Carral entre los viejos lugareños, y la pequeña Cala del Palangre.

Tendencia de arte y disciplina

Forman parte de una tendencia situada entre el arte y la disciplina deportiva donde la destreza, la concentración y el resultado estético dan como resultado volúmenes de cierta belleza plástica. Quienes gustan de extranjerismos lo llaman «rock balancing” o “stone balancing”. Son esculturas de piedras en equilibrio, práctica que se desarrolla al aire libre y encuentra en esta zona litoral de Torrevieja, aprovechada históricamente primero como cantera y como escombrera después, un escenario idóneo para su ejercicio.

Una de las esculturas junto al mar en Torrevieja

Una de las esculturas junto al mar en Torrevieja / D. Pamies

Piedra seca

No se trata, sin embargo, de ningún invento nuevo. Lo atestigua la técnica de los grandes maestros de la piedra seca, herederos de técnicas milenarias desde el Calcolítico (3.500 a. C.). Desde el punto de vista artístico se relaciona con el movimiento del arte de la tierra o de la naturaleza («land art») surgido en los 60 del pasado siglo que trabaja con elementos del paisaje y materiales naturales. Son, eso sí, obras de vida muy corta de las que, solo en algunos casos, quedará su imagen en la galería del móvil de los paseantes.

Lo habitual es que conserven muy poco tiempo su verticalidad imposible. A veces por su carácter de obra artística natural, ya que el lugar que ocupan estos pequeños túmulos de piedras está muy expuesto a los levantes de la zona, más en este paseo de la Punta Margalla, y al oleaje habitual que rompe contra un tramo de acantilado bajo que ya fue deconstruído y modificado por los primeros habitantes de la población salinera en allá por el 1790. Otras veces, por la voluntad de aquellos que no dejan títere con cabeza.

Una de las esculturas en piedra junto a la cala del Palangre de Torrevieja

Una de las esculturas en piedra junto a la cala del Palangre de Torrevieja / D. Pamies

Un hueco

Aunque estén sentenciadas, las estructuras líticas han encontrado su sitio en este pequeño trozo de la masificada costa torrevejense, incómodo para el baño. Su artista (o artistas) no tendrá el caché de un Michael Grab ni la fama de Bill Dan, pero antes de la salida del sol, sea invierno o verano, aprovecha las horas más tranquilas para realizar de forma anónima sus esculturas. Se levantan y se vuelven a levantar cada día. Siempre diferentes. Es el espectador quien las termina con su percepción de las formas. El proceso creativo se caracteriza por la introspección y la conexión con lo natural. Colocar cada piedra requiere paciencia, concentración y experiencia con los volúmenes. Quien no conozca este paseo entre la playa de Los Locos y las Columnas de la playa del Cura debe fijarse para encontrarlas abajo, junto al mar.

Como creación, rompen con la horizontalidad visual de la línea costera. Como intervención en un espacio natural, son fácilmente reversibles y, salvo que proliferen por un potencial efecto llamada, el impacto ambiental sobre el canchal de Punta Margalla es limitado. Al menos hasta ahora.

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