Nicole Kidman y Tom Cruise se divorciaron hace 25 años. Su historia de amor, sin embargo, forma parte de la mitología de Hollywood: las alfombras rojas en las que aparecieron, las fotos junto, las películas que compartieron y, también, aquella imagen convertida en meme de una Nicole Kidman sonriente y con los brazos abiertos, supuestamente tomada cuando salía del despacho de su abogado tras firmar el divorcio. Sin embargo, 25 años después, Kidman recuerda menos el divorcio que el tiempo que estuvo casada con Tom Cruise. En una entrevista concedida a la edición británica de Vogue, la actriz reflexiona sobre cómo esa relación la acostumbró desde muy joven a vivir bajo los focos.
Nicole Kidman tenía 22 años cuando se casó con Tom Cruise en diciembre de 1990, a quien había conocido unos meses antes durante el rodaje de Días de trueno. De un día para otro, se convirtió en la mujer de una de las mayores estrellas de cine del mundo. “Por el hombre con el que me casé siendo tan joven, me vi inmersa en ese universo desde los 22 años”, cuenta. Así, incluso antes de la llegada de las redes sociales, la actriz experimentó desde muy joven una sobreexposición mediática de la que nunca llegaría a desprenderse por completo.
A pesar de todo, Kidman considera que las cosas no podrían haber sido de manera. En aquella época, las advertencias sobre las consecuencias que ese matrimonio podría tener en su carrera le importaban muy poco. “Me parecía completamente natural. Nos enamoramos locamente, así de sencillo”, explica. Hubo quien le advirtió: “Cuidado, esto va a perjudicar mucho tu carrera”. Pero ella no tenía dudas sobre la respuesta: “¿Y qué? ¿Acaso no debía casarme con el hombre al que amo? Por supuesto que estoy dispuesta a sacrificar mi carrera. Me da igual”.
El tiempo demostraría que no sacrificó nada. Durante sus 11 años de matrimonio, Kidman fue consolidándose como una actriz por derecho propio, desde Todo por un sueño hasta Eyes Wide Shut. Tras su divorcio, mientras Tom Cruise se implicaba cada vez más en la cienciología, la trayectoria de Kidman alcanzó una nueva dimensión, hasta ganar un Oscar por La horas y aventurarse en proyectos arriesgados como Babygirl.
Nicole Kidman ha vivido la vida que quería. Sin remordimientos.
Artículo publicado en Vanity Fair Francia. Accede al original aquí.