Tumores, enfermedades cerebrovasculares y enfermedades neurodegernerativas. Estas son, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), tres de las principales causas de muerte natural en España. Todas ellas son afecciones que la reciente evidencia científica identifica como más proclives a aparecer o agravarse con el envejecimiento, un proceso natural del cuerpo que, por el momento, todavía no es posible frenar mediante métodos médicos, tecnológicos o farmacológicos. Pero ¿y si es precisamente el estudio de la longevidad la clave para frenar al mismo tiempo la prevalencia de estas enfermedades? Esta es la tesis de Iván Silió, bioquímico mallorquín que, tras consultar varios cientos de investigaciones, está desarrollando un medicamento único que pretende no solo alargar la vida, sino también mejorar su calidad.

«El objetivo es atajar estas enfermedades y, como efecto colateral de estar más sanos, lograr una mayor longevidad; es decir, vivir más años y mejor», resume Silió al hablar de lo que han sido años de investigación, que comenzó en solitario con el apoyo financiero de familiares y amigos. Sin embargo, su proyecto ha llegado a un punto en el que, para pasar a la fase clínica, necesita, según sus estimaciones, alrededor de un millón de euros. «Ahora mismo estoy en busca de patrocinadores, becas e inversores ángel que me ayuden a verificar que este medicamento funciona y es seguro para los humanos».

En cuanto al funcionamiento de este fármaco, la clave es la AMPK, una proteína que actúa como «control maestro» del metabolismo del cuerpo humano y cuya función principal es regular el equilibrio energético. Se activa de forma natural cuando se realiza ejercicio físico o cuando las reservas de energía son bajas. Así, el fármaco diseñado por Silió se basa en la activación de esta proteína. «La AMPK controla un proceso llamado autofagia, que literalmente significa ‘comerse a sí mismo’. Es como limpiar la casa por dentro: la célula identifica proteínas mal plegadas o tóxicas que se acumulan en el cerebro y causan neurodegeneración, como en el Alzheimer o el Parkinson, y las elimina. Al activar la AMPK, inducimos esta limpieza celular».

En ese sentido, su reciente colaboración con el Hospital del Mar, en Barcelona, marcó un punto de inflexión al permitir realizar pruebas preliminares en cáncer de mama, centrándose en un subtipo muy agresivo que no responde a las terapias convencionales. Las pruebas mostraron que el medicamento previene el crecimiento tumoral y la metástasis, logrando reducir el tamaño de las masas tumorales.

Todo en uno

Con estos datos, Silió se acerca a uno de los principales objetivos de su investigación: buscar un medicamento único que actúe a la vez contra todas estas enfermedades derivadas del envejecimiento. «Tenemos más de 20.000 genes, pero, para mí, hay dianas muy claras. La proteína AMPK es el control maestro del metabolismo. Elegir esta vía permite evitar la polifarmacia; en lugar de tomar 20 medicamentos diferentes que sobrecarguen el hígado y los riñones, actuar sobre la AMPK puede tener efectos en múltiples patologías al mismo tiempo».

A ello se suma, además, todo el ahorro económico derivado de este cambio de paradigma, no solo para el paciente: «Tenemos una población envejecida y entre el 60 % y el 70 % del gasto sanitario se destina a personas mayores que necesitan múltiples fármacos y chequeos. Si logramos reducir esa incidencia mediante la prevención del envejecimiento, el beneficio para las arcas del Estado sería enorme».

De todas formas, Silió recuerda que este medicamento está todavía en una fase preclínica y que no se trata de una «panacea» que todo lo cura, pero sí puede suponer un cambio importante en la manera en la que se conciben la longevidad y el envejecimiento humano. «Mi objetivo no es la inmortalidad, es curar las enfermedades de aparición tardía que matan a la mayoría de la gente. Existe un consenso de que el límite humano está cerca de los 120 años, pero muy poca gente llega ahí con salud. Yo quiero que la mayoría de las personas puedan acercarse a ese límite con una buena calidad de vida».