Ante esta emergencia, el ministro de Turismo de Italia, Gianmarco Mazzi, ha invitado a reflexionar sobre esta situación «recurrente» y considera necesario «estar mejor preparados para el futuro», según dijo en una entrevista en medios locales.

Mazzi expresó su solidaridad con los operadores que han trabajado arduamente en Catania y con los turistas afectados, a quienes animó a «defender sus derechos» y se acojan a las normativas europeas que los protegen ante este tipo de situaciones provocadas por desastres naturales.

Las erupciones del Etna son recurrentes. En la última década ha registrado diversos episodios de especial intensidad, con afecciones al aeropuerto de Catania y frecuentes emisiones de lava y ceniza.

Entre los hitos de los últimos años destaca la erupción de finales de febrero de 2017, con explosiones incandescentes, cenizas y una colada de lava, a la que siguió en marzo una explosión freática en un cráter de la ladera sudeste que causó diez heridos leves.

En diciembre de 2018, el volcán inició otra fase eruptiva con explosiones, emisión de gases y temblores, que provocó cierres y restricciones en el aeropuerto catanés y derivó en un terremoto de magnitud 4,8 vinculado a la actividad del Etna, con heridos leves y daños que llevaron a Sicilia a declarar el estado de calamidad y pedir la emergencia.

En 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025 se sucedieron numerosas erupciones que en algunos momentos provocaron columnas de cenizas de entre cinco y nueve kilómetros que también afectaron la actividad del aeropuerto de Catania.